El colegio en casa: los profesores en tiempos del coronavirus

Los docentes, que han tenido que trabajar contrarreloj desde el cierre de las aulas, se enfrentan a un montón de interrogantes en el tercer trimestre, que comienza hoy en varias comunidades

La informática se ha convertido en una herramienta fundamental para los profesores en estos días
La informática se ha convertido en una herramienta fundamental para los profesores en estos díasLa Razón

No vamos a salir al balcón a aplaudir por ellos, aunque se lo merezcan. Son uno de los pilares elementales de nuestra sociedad, porque se encargan de educar a nuestros niños y jóvenes, acompañarles en su desarrollo y fomentar en ellos valores fundamentales como personas. Su labor es callada, y no siempre reconocida. El confinamiento en las casas por el coronavirus les ha supuesto una dura prueba, porque han tenido que trabajar como nunca en un tiempo récord para intentar mantener la normalidad y las rutinas en un momento en el que todo cambia de un día para otro, a veces incluso en horas.

Apenas tuvieron margen de maniobra. El 11 de marzo las clases se suspendieron en la Comunidad de Madrid. En esa fecha, los niños ya llegaron a casa con el trabajo listo para, al menos, las siguientes dos semanas, el primer plazo del estado de alarma fijado por el Gobierno. Los primeros momentos fueron de desconcierto y nerviosismo para los profesores, pero la responsabilidad de su trabajo les hizo meterse de lleno en la vorágine de buscar herramientas con las que poder seguir llevando a cabo la docencia, fórmulas a veces imposibles con las que llegar a todos sus alumnos, porque ninguno puede quedarse fuera ni sentirse excluido.

“El esfuerzo ha sido titánico”, confiesa Francisco J. M., profesor de primaria de un colegio público de Madrid. En apenas un día “tuvimos que secuenciar -pautar el desarrollo del programa de las asignaturas- para los siguientes 15 días para dárselo a las familias”. En la primera prórroga del estado de alarma (hasta el 26 de marzo) hubo que mandar una nueva, para lo que hubo que “crear blogs, calendarios, links, fichas, exámenes…”, para dejar muy claro a las familias cómo iban a trabajar. Para él, el gran problema al que han tenido que enfrentarse tanto maestros como las familias es que “se ha querido implantar de la noche a la mañana la educación virtual. En secundaria está implantada, pero en los centros públicos en primaria cojea bastante”. Los servidores de Educamadrid, a los que tenían que acudir para colgar los trabajos y comunicarse con las familias, se cayeron, “porque se pasó de 467.145 correos a 2.934.739”, con lo cual “la principal herramienta de comunicación con los padres se colapsa”. Cuando hemos querido contestar alguna duda “hay ciertas horas en las que sabes que no puedes entrar. Por las mañanas imposible. A veces hemos tenido que esperar a última hora de la tarde para poder meternos, y estar hasta la madrugada” para eludir el tráfico informático de las horas punta.

Para implementar el aula on-line, la consejería de Educación dio como medida de urgencia la posibilidad de hacer dos cursos online para enseñar a los profesores a crear su propio blog y gestionar el aula virtual. “Se apuntaron 3.500 maestros por curso”, y el administrador debe leer cada uno de los correos con las dudas que le mandan. En su caso sí le han contestado, e incluso le felicitaron por un test que preparó para sus alumnos.

La saturación de mensajes de whatsapp ha sido “total”, ya que hay que comunicarse con los profesores de todas las especialidades, para resolver dudas y coordinar el trabajo. A eso hay que sumar el tiempo que dedican a corregir las tareas que se han mandado a casa, que dependiendo del número de alumnos y las clases que den hace que aumente de forma muy importante el resultado total. “Hemos tenido que robar tiempo de donde hemos podido”, incluso quitándoselo a sus familias.

“El colegio debe ser un apoyo”

Francisco explica la necesidad de que el centro educativo “sea un apoyo para las familias, no un elemento de presión añadida”. Y estos días ha ocurrido eso, por la gran diferencia de recursos existentes entre unas familias y otras, “cada niño tiene sus propias circunstancias”, recalca, algo que se ha notado de forma muy clara a nivel informático. Hay familias que solo tienen un ordenador, y deben compartirlo, o son cuatro o cinco niños, o incluso carecen de él, con lo cual es imposible exigirles lo mismo. “En esos casos hay que pedirles que hagan lo que puedan”, sostiene. “Esto ya es devastador -afirma en relación a la pandemia-, en el peor de los casos van a perder tres meses de clases presenciales, no es una solución ser un inquisidor”.

El coronavirus también ha traído carencias en el lado humano. “Elegí esta profesión por el contacto con los niños, algo que debe ser de forma directa”. El coronavirus ha privado a los docentes de algo fundamental para ellos, “ver la sonrisa que produce a los alumnos aprender algo nuevo”, y confiesa que si la enseñanza fuera online “probablemente me habría dedicado a otra cosa”.

Cierre de colegios en la Comunidad de Madrid por coronavirus
Las dificultades fuera del aula se multiplicanJesús Hellín Europa Press

El gran reto del final de curso: los exámenes a distancia

De cara al trimestre que empieza hoy “no tenemos instrucciones de momento. Se va al día. Desde la administración se está intentando crear aulas virtuales masivas”, y se está “mejorando los sistemas para dar un mejor servicio”, asegura Francisco. Cada comunidad autónoma dará las directrices sobre cómo acabar el curso. El Consejo Escolar ha descartado el aprobado general, pero los maestros dudan de la posibilidad de poder calificar de forma no presencial.

La dificultad reside en cómo adaptar uno de los criterios de calificación de más peso, los exámenes, a esta situación. El problema de hacerlos de forma telemática “es que no son muy fiables. Los hacemos con la mejor intención, pero no en todos los hogares se procede de la misma forma”, asegura este maestro. El alumno puede contar con la ayuda del libro mientras los realiza, e incluso con alguna indicación por parte de los progenitores, lo que altera el resultado.

En este sentido coincide María José G. C., profesora de un colegio concertado: “No son fiables”. “Hay fichas que te las mandan escritas a ordenador, o dentro de la misma ficha las letras cambian. No puedes evaluar así”. En clase hay otros criterios de evaluación, no solo cuentan los controles, también la actitud, la limpieza, seguir las instrucciones… algo de lo que ahora no disponen. Esta educadora recuerda otro de los grandes retos de la enseñanza estos días: el que dentro de una misma clase hay diferentes niveles, con niños que tienen “necesidades especiales”, con “problemas de aprendizaje”, cuyos padres en casa no tienen “los recursos que tenemos los profesores”. En esos casos se está intentando hacer un seguimiento individualizado del alumno, de acuerdo a sus circunstancias. Con la experiencia de lo vivido hasta este momento, esta maestra recalca la necesidad de cara al futuro de preparar bien a los profesores “en lo digital”, porque confiesa que la ha sorprendido las carencias de alguno de sus compañeros en este terreno.

La enseñanza privada

Algunos tenían parte del camino andado. En el caso de los colegios privados, la mayoría de sus alumnos cuentan con recursos informáticos propios. “Ha ayudado mucho”, confiesa María Teresa de Torre, coordinadora de estudios de Secundaria y Bachillerato del colegio Highlands El Encinar. En su centro, los alumnos a partir de quinto de primaria trabajan con tabletas, “lo que permite organizar los contenidos y los ejercicios por materias “. Los primeros días de confinamiento no dieron clases presenciales, pero se dieron cuenta de que los chicos “estaban algo perdidos. Nosotros teníamos que verles la cara y ellos necesitaban el contacto con el profesor”. Así que recurrieron a una plataforma de Microsoft para dar clases y programar reuniones del claustro. De esta manera han podido seguir dando temario, aunque “el contenido con más dificultad de las asignaturas se puede dejar para el año que viene. Hay que dar tranquilidad a los profesores. Estoy muy orgullosa de ellos, no se han negado a nada. Y ellos tienen sus propios problemas personales: hijos pequeños a los que cuidar, parejas que trabajan en Sanidad y no pueden estar, incluso enfermos de coronavirus a los que atender…”.

Esta Semana Santa no han tenido vacaciones. Ha habido que corregir trabajos atrasados, y reestructurar el horario “para que todo esté en orden" para el día de hoy. El nuevo facilita la conciliación familiar: “empezamos a las 9:00 para obligar a los estudiantes a que se levanten. Y terminamos a las dos para que puedan comer con sus familias”.

Reconoce que han tenido dificultades: “hay compañeros con niños pequeños y es complicado gestionar a la vez casa y trabajo”. Las clases on-line “no son fáciles, no sabes si tienen dudas porque no les ves las caras, no sabes si están ahí”. También ocurre lo opuesto, alumnos que no pueden seguir bien las clases “porque tienen problemas para conectarse a la red, muchos viven en el campo, o cuyos padres no pueden estar tan pendientes como querrían porque su trabajo no se lo permite”.

Especialmente complicada es la situación de los alumnos de segundo de bachillerato, que este año se enfrentan a la EvAU (la antigua Selectividad). Con las nuevas normas que se han aplicado para la prueba “se van a relajar” (en años anteriores había dos opciones, A y B), los estudiantes tenían que elegir una en su totalidad. Pero ahora se pueden mezclar bloques de ambas pruebas. Eso significa “que se quitarán temario, y viendo cómo es este año la prueba se desmotivarán. Hay que enseñarles para descartar bien y que saquen la mejor nota posible, y encontrar una forma de evaluación que sea justa y que no deje lugar a las trampas”, señala Maite.

Sin embargo, Maite saca algo positivo de esta experiencia. Los alumnos “han demostrado su autonomía, han tenido que poner en práctica las técnicas de estudio. Saben gestionar mejor el tiempo, y los profesores también. Además, estamos buscando fórmulas nuevas con las que evaluar de otras formas”, afirma.