«Tengo un hijo con parálisis y no quiero un colegio que le aparque como un mueble»

El mago More denuncia que el Gobierno aprovecha el estado de alarma para tramitar la Ley de Educación, que prevé “vaciar” los centros de educación especial

Vídeo del mago More hablando sobre el cierre de los centros de educación especial.
Vídeo del mago More hablando sobre el cierre de los centros de educación especial.TwitterLa Razón

«Mi nombre es José Luis Izquierdo y tengo un hijo con parálisis cerebral. Me gustaría que lo que voy a contar fuera un bulo, pero lamentablemente no lo es. Estoy aquí para enviar un mensaje a Pedro Sánchez: nos hemos enterado que el Gobierno está aprovechando el estado de alarma para seguir tramitando la Ley de Educación y con ello seguir cerrando los centros de educación especial». Así arranca el discurso del mago More en un vídeo que está teniendo una amplia difusión en las redes sociales y que no es más que un ejemplo de la enorme preocupación y la alarma que está generando en el ámbito de la educación especial la reforma educativa que ha empezado a tramitar el Gobierno en pleno confinamiento. El objetivo último es «vaciar estos centros y ahogarlos económicamente», dice. Y no sólo eso, «quieren mover los niños con discapacidad y meterlos en coles ordinarios y nos juran y perjuran que los van a atender fenomenal», dice con indignación.

Pero el mago More, al igual que otros muchos padres organizados en la Plataforma Educación Inclusiva sí, Especial También creen que esta medida, «además de ser una aberración, es no tener ni idea». Los padres de estos niños quieren llevar a sus hijos a colegios de educación especial «por que es donde les cuidan de verdad, en lugar de aparcarlos como muebles».

Las alarmas sobre la educación especial, que escolariza a más de 35.000 alumnos en toda España en 473 centros, han saltado en el momento en el que la Ley de Educación (LOMLOE) ha iniciado su tramitación en el Congreso estas últimas semanas sin apenas tiempo para presentar enmiendas a la totalidad. Profesores y padres afectados ven peligrar que sus hijos puedan continuar en sus colegios de siempre en la disposición adicional cuarta del proyecto de ley y piden que se elimine directamente.

La plataforma de educación inclusiva cree la redacción del texto es ambigua, pretende transformar los centros de educación especial en centros de recursos para alumnos gravemente afectados, es decir, creen que quieren convertirlos solamente en centros asistenciales para niños con grandes discapacidades que precisen, por ejemplo, respiradores o sondas gástricas para la alimentación. Mientras, un niño down, por ejemplo, pasaría a un colegio ordinario. Y lo que les parece más grave, la decisión de si un menor va a un centro u otro queda en última instancia en manos de la Administración, no de los padres, según recoge el artículo 74 del proyecto de ley. El proceso de cambio está previsto en el plazo de diez años.

La respuesta de los partidos

El Grupo Parlamentario Popular en el Congreso de los Diputados ya ha anunciado que va a proponer la supresión de la disposición adicional cuarta de la norma que está siendo motivo de discordia y va a enmendar el artículo 74. «Esto atenta gravemente contra el derecho que tienen los padres a elegir el centro y el modelo educativo en el que escolarizar a sus hijos. Estamos acostumbrados a que la izquierda dedique su máximo esfuerzo a recortar libertades, pero que esto lo haga cercenando los derechos de los más débiles, los niños, que necesitan atención lo más especializada posible, resulta inadmisible», ha explicado la portavoz popular de Educación, Sandra Moneo.

Educación: “No vamos a cerrarlos"

El Ministerio de Educación y FP ha salido al paso de la feroz campaña de los padres de educación especial reiterando su compromiso con el alumnado de necesidades especiales, tanto de los centros ordinarios como de los especializados. Ha dejado clara su postura en un comunicado en el que detalla que tiene un plan a desarrollar en el plazo de diez años amparado en la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas.

Especifica que el objetivo del cambio que quiere hacer es que «los centros ordinarios cuenten con los recursos necesarios para poder atender en las mejores condiciones al alumnado con discapacidad». Mientras, «las Administraciones educativas continuarán prestando el apoyo necesario a los centros de educación especial para que éstos, además de escolarizar a los alumnos y alumnas que requieran una atención muy especializada, desempeñen la función de centros de referencia y apoyo para los centros ordinarios». De ahí concluye que «es absolutamente falso que el Gobierno vaya a cerrar los centros de educación especial».

La ministra, Isabel Celaá, dejó claras ya las intenciones de su departamento en una comparecencia en el Congreso de los Diputados en diciembre de 2018 en la que aclaró que su primera línea de avance era «incorporar los centros de educación especial en centros especializados y que, de alguna manera, vayan orientándonos en el proceso con el fin de incorporar aquellos alumnos y alumnas que tenemos en esos centros educativos especiales a aulas y a centros ordinarios».

Las virtudes de cada modalidad

Carolina Fernández es madre de dos hijos con discapacidad. Uno va a un colegio ordinario y el otro a uno de educación especial. «Pensamos que nuestros hijos son diversos y que nosotros tenemos el deber de situarlos en el contexto en que sus necesidades sean mejor atendidas». Cree que cada modalidad tiene sus ventajas pero «lo importante es estar en el entorno donde puedas crecer y convertirte en un ciudadano de bien creyendo en tí mismo».

¿Por qué no es mejor un centro ordinario?

¿Por qué un niño con discapacidad está mejor en un centro de educación especial que en un colegio ordinario, como dicen los padres? «La inclusión puede ser posible con buenos medios materiales en los primeros años de Infantil, donde el juego y las metodologías lúdicas ocupan la mayor parte del día pero, a medida que el niño crece, el desfase entre el ritmo de aprendizaje de un alumno con discapacidad y otro que no la tiene llega un momento que es tan grande que es imposible subsanarlo, los compañeros van a otro ritmo y ellos se quedan atrás», explica Isabel Alonso Salvatella, directora pedagógica del centro de educación especial María Corredentora de Madrid. «El desfase motor, social y de desarrollo intelectual es mayor en los centros ordinarios y los niños no suelen evolucionar igual porque, por mucho que haya profesores de apoyo, un docente de Primaria no tiene formación para atender a uno de estos niños», añade. Así, la solución acaba siendo que «se llevan a los niños una hora fuera del aula, lo que resulta más segregador, mientras que en los centros de educación especial las metodologías están adaptadas a estos niños y los materiales están diseñados por cada profesor para cada alumno».