Sanidad no tiene un plan para un repunte masivo del coronavirus

Los expertos dan por hecho que los actuales rebrotes anticipan un nuevo repunte masivo de infectados y que el sistema no está preparado para hacerle frente

Dos profesionales sanitarios durante una pausa en el Hospital de Mar de Barcelona
Dos profesionales sanitarios durante una pausa en el Hospital de Mar de BarcelonaAlejandro GarcíaEFE

Sostiene la inmunóloga María Montoya, jefa del grupo de Inmunología Viral del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas, que la eclosión de rebrotes de coronavirus de las últimas semanas le recuerda a un incendio mal sofocado «en el que se mantienen rescoldos en varios puntos y hay que ir apagándolos uno a uno, porque, si no se controlan correctamente, el incendio puede reavivarse y descontrolarse». Actualmente hay más de 70 focos activos, de distinta intensidad, en 15 de las 17 comunidades autónomas. Uno de esos «rescoldos» mal apagados es el de Lérida, que no sólo ha dejado al descubierto la escasez de recursos técnicos y humanos desplegados por la Generalitat para hacerle frente, sino que ha obligado a confinar a más de 200.000 personas en la comarca del Segrià. Todos los expertos consultados por LA RAZÓN dan por hecho que en otoño, con la llegada de los primeros fríos, habrá una segunda oleada de contagios, y muchos de ellos dudan de que el sistema sanitario, aunque ha aprendido algunas lecciones de la primera gran sacudida de la pandemia, esté suficientemente preparado para afrontar un nuevo repunte masivo de infectados. Por dudar, dudan incluso de que el Ministerio de Sanidad tenga ya elaborados “planes de previsión y contingencia” para frenar esa segunda ola, como ha asegurado esta misma semana el ministro Salvador Illa, que apenas ha ofrecido algún detalle de los mismos.

¿Son suficientes las medidas de confinamiento para evitar un nuevo gran incendio? Fernando Rodríguez Artalejo, profesor titular de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Autónoma de Madrid, asegura que «el confinamiento, ya sea de los residentes de un edificio, barrio o municipio es necesario cuando el número de casos y la velocidad de crecimiento de los mismos, así como de los posibles contactos, es suficientemente grande como para que no se pueda controlar con los procedimientos estándar: diagnóstico precoz, aislamiento de casos y trazado y cuarentena de todos sus contactos. No hay una cifra fija para estimar esta decisión, pero hay que tener en cuenta los recursos de salud pública y atención primaria disponibles (por ejemplo, si ya están saturados atendiendo pequeños brotes será más probable que se ordene el confinamiento ante la aparición de un nuevo brote), así como las condiciones de vida de la población que faciliten el contagio, como ocurre en el caso del hacinamiento, y si hay evidencia o no de que la gente puede mantener las medidas de distancia física y el uso de mascarillas de forma rigurosa en ausencia de confinamiento». Y añade: «Es posible que haya una segunda ola, porque el coronavirus sigue circulando en la comunidad, y en muchas epidemias por virus respiratorios lo normal es que haya más de una oleada. La gripe de 1918 es un buen ejemplo, pues tuvo al menos dos oleadas importantes».

Amelia Nieto, viróloga e investigadora científica del Centro Nacional de Biotecnología, señala que se abren «dos escenarios» ante una probable segunda oleada. «Uno es un posible rebrote si la desescalada no se hace siguiendo una serie de criterios, como mantener la distancia social, evitar aglomeraciones, llevar mascarilla en todos los sitios cerrados, y si puede ser también en abiertos, lavado de manos... El otro escenario, que es lo que ocurrirá muy posiblemente, es que el Covid-19 se convierta en un virus estacional que nos infecte todas las temporadas, como es el caso del virus de la gripe. Pero tanto si hay una segunda ola como si el virus se convierte en estacional, hay varios factores más favorables que en la primera oleada. Por un lado, los virus, según circulan, van perdiendo virulencia en general. Además, dado que hay un número elevado de gente infectada sin síntomas, eso crea lo que se denomina inmunidad de grupo, es decir, que un porcentaje de la población presenta cierta inmunidad. Y por otro lado, después de este ensayo general que hemos tenido, los sistemas de salud han aprendido y puesto a punto una serie de mecanismos para enfrentarse mejor a una posible segunda oleada de Covid-19. Si esto último ocurre, lo esperable es que el resultado no sea tan dramático, aunque si el virus se convierte en estacional, sin duda pasará algún tiempo hasta que una vacuna eficaz proteja eficazmente de la infección a toda la población».

«Desgraciadamente, esta pandemia ha puesto de manifiesto que nuestro sistema sanitario no era tan robusto como se presumía», afirma José María Martín Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia y asesor senior de la Organización Mundial de la Salud (OMS). «Pero tiene grandes profesionales, y a mi juicio se ha aprendido lo suficiente como para estar mucho mejor preparados para enfrentarnos a una segunda oleada de coronavirus». Sin embargo, añade: «Yo sigo particularmente preocupado por la adecuada articulación de la estructura socio-sanitaria y el apoyo de cuidados sanitarios a residencias de mayores y personas vulnerables. Además, tenemos una estructura de epidemiología y salud pública que sigue siendo muy débil». Sobre la posibilidad de que una segunda oleada se produzca este mismo verano, adelantándose a las previsiones que señalan como época más probable el próximo otoño, Martín Moreno puntualiza que «aunque no se ha demostrado que el virus sea muy termolábil, creo que, más allá de microbrotes en zonas localizadas, es muy improbable que haya una segunda oleada en verano. Y pienso eso en razón de cómo se comportan otros coronavirus, que afectan más en épocas frías. Distinto será en otoño e invierno, cuando las temperaturas sean más bajas, lo que condicionará que las personas estén más tiempo en interiores, donde la probabilidad de contagio es más alta».

Joan Carles March, especialista en Salud Pública, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública y codirector de la Escuela de Pacientes, argumenta que «es evidente que una segunda ola no nos pillará como la primera. Estamos más preparados, sabemos más del virus, tenemos más EPIS y test PCR... Pero, dicho esto, también es necesario decir que no sabemos qué virulencia tendrá el virus ni cómo va a afectar la mezcla de la gripe con la Covid-19. Todo ello obliga a afinar mucho más y a trabajar para hacer una detección rápida, precoz y con más medios de los brotes, una búsqueda activa de contactos, trabajar mejor los aislamientos y las cuarentenas, hacer confinamientos selectivos... Por tanto, hay que estar preparados como si la segunda ola epidémica fuera segura». Pero advierte de que «el talón de Aquiles sigue siendo la salud pública. Es imprescindible reforzarla. Es imprescindible crear una agencia nacional de salud pública en red. Eso permitiría un abordaje más rápido e integral de los brotes, una mayor coordinación, una mejor acción común. Y también es imprescindible reforzar la atención primaria, reforzar las UCI, reforzar las residencias de mayores, reforzar a los profesionales con más personal sanitario, más medios y mejores protocolos de actuación». Y añade: «Tenemos más brotes de los que esperábamos, y tenemos a grupos que hacen botellones, no llevan mascarilla, se dan abrazos... Y eso es imprescindible abordarlo». March quiere creer que el Gobierno y las comunidades autónomas están elaborando planes de contingencia para afrontar una segunda ola, aunque por el momento se desconocen los detalles de esos supuestos planes, que, en su opinión, «deben ser más sencillos, estar mejor hechos, con más detalle, con más precisión y con mejor organización que en la primera ola».

Por su parte, Antonio Burgueño, médico internista y ex director de Hospitales de la Comunidad de Madrid, resalta que la primera oleada «ha dejado un nivel de seroprevalencia pequeño, aunque el procedimiento seguido puede aminorar el porcentaje real, sobre todo en Madrid. Por lo tanto, estamos ante una población poco resistente a una nueva invasión. ¿Qué va a pasar con la entrada del otoño y la llegada del frío en un virus respiratorio? Lo lógico es que vuelva el peligro de expansión. Es muy posible que el escenario local donde ahora están surgiendo los rebrotes nos demuestre que la estructura del conjunto no ha cambiado. Y que nos encontremos con atención primaria o urgencias desbordadas en una comarca [como ocurre en el brote de Lérida], con una enorme insolidaridad a la hora de mandar enfermos automáticamente a las comunidades autónomas vecinas o a provincias limítrofes». Burgueño no oculta sus dudas acerca de si el Ministerio de Sanidad ha elaborado ya un plan para hacer frente a una segunda oleada: «Si lo tiene, deberá exhibirlo. Y también desconozco los de las comunidades autónomas». Y añade: «Las disfunciones del sistema siguen vigentes. Por citar un ejemplo: las residencias deben estar asistidas para que tengan el apoyo constante y directo de personal médico y de enfermería. ¿Están ya aseguradas esas atenciones? Me temo que no». Una conclusión inquietante.

Su punto de vista es plenamente compartido por Ignacio Fernández-Cid, presidente de la Federación Empresarial de la Dependencia (FED), la patronal de las residencias de ancianos, quien advierte que “si alguna autoridad sanitaria está pensando que nosotros, por nosotros mismos, podemos hacer frente a una segunda oleada, se volverá a equivocar y volveremos a tener unos efectos catastróficos”. Añade Fernández-Cid que “las residencias no somos espacios sanitarios u hospitalarios, y por tanto no estamos preparados para afrontar procesos agudos de las enfermedades, aunque sí la cronicidad de las mismas. Carecemos de recursos materiales, técnicos y humanos suficientes para ello, no tenemos respiradores, aparatos de rayos X, electrocardiogramas... Y por tanto necesitaremos del apoyo de los centros de atención primaria para el primer momento, y a continuación del sistema hospitalario. Seguimos lamentando que no se haya hecho por parte de las comunidades autónomas un mapa serológico de cómo están todas las residencias de España. Es muy importante saber qué personas han desarrollado la enfermedad y cuántas tienen anticuerpos, y todo ello tanto de los residentes como del personal”. No obstante, el presidente de la FED admite que las residencias están ahora “mucho más preparadas” que durante la primera oleada de la pandemia. Y cita como ejemplos que “nuestro personal médico y de enfermería tiene más conocimiento del virus, sus efectos, diagnóstico y tratamiento; todos tenemos ya materiales de protección individual o EPIs, que hemos comprado las empresas, porque a pesar de ser una emergencia sanitaria, las consejerías de Sanidad no nos los han proporcionado en la mayoría de las comunidades autónomas, y ya tenemos experiencia en la sectorizacion de los centros y en el confinamiento de las personas”.