Los afectados leves por Covid sufrirán secuelas futuras

Los científicos estudian crear un protocolo internacional para conocer cómo evolucionan los enfermos de coronavirus pero los primeros datos apuntan a daños en el sistema respiratorio

La cantidad de personas afectadas por Covid-19 roza los 40 millones y, al mismo tiempo, la comunidad científica –expertos en salud pero también en estadística, genética, biología, informática, física y decenas de disciplinas– colabora de un modo sin precedentes en la historia de la humanidad para dar respuestas. Pese a ello hay una realidad que no podemos esquivar: las consecuencias a largo plazo del virus SARS-CoV-2 son desconocidas porque el tiempo transcurrido es muy poco. Pese a ello son cada vez más los científicos dedicados a estudiar las secuelas. Y la dificultad es enorme. Deben bucear entre una cantidad enorme de datos y diferenciar qué consecuencias son comunes a todas las infecciones graves, qué síntomas pueden explicarse por la ansiedad causada por una nueva enfermedad y por el aislamiento y qué síntomas son secundarios a una enfermedad complicada. Y una vez realizada esta primera criba hay que comprender si las consecuencias están provocadas por una inflamación nueva o recurrente, una infección en curso o los efectos secundarios del tratamiento.

Es decir, hay que analizar cada caso en detalle y luego comparar la información obtenida. Y con ella no solo es posible anticiparse a los efectos a lo largo del tiempo, también se puede crear un grupo para probar tratamientos preventivos. Finalmente, por si fuera poco, los protocolos de estudio de este tipo de pacientes debe estar sujeto a un criterio global, para que los científicos chinos, estadounidenses, alemanes o españoles trabajen con un mismo estándar. Al comparar datos de diferentes países podemos saber qué características de la enfermedad son universales y cuáles son locales.

¿Y qué sabemos hasta ahora? Obviamente ha pasado muy poco tiempo y es imposible predecir lo que ocurrirá en los próximos años. Pero ya hay algunos datos que nos permiten, con la evidencia actual y a falta de nueva información, crear una guía provisional. Una de esas claves es analizar las consecuencias de enfermedades similares. Por ejemplo, el sarampión, la mononucleosis infecciosa o la hepatitis B, entre otras infecciones, producen secuelas a largo plazo. Los mismo ocurre con el SARS y el Síndrome Respiratorio de Medio Oriente, que dejan secuelas visibles en los pulmones aún 15 años después. Pero aquí es cuando entra en juego la investigación global para comprender qué síntomas son globales y cuáles son locales.

La pregunta lógica es ¿qué se está haciendo para comprender las secuelas de la Covid-19? Hasta ahora sabemos que algunas de las consecuencias son dificultad para respirar, dolor de pecho, fatiga mental, dolor de cabeza y de articulaciones, vértigo y sarpullidos dérmicos.

Pero la cantidad de complicaciones relacionadas con Covid-19 es enorme. La experta en inmunología Athena Akrami encuestó a más de 600 personas que tuvieron esta enfermedad y registró un total de 62 síntomas. «Aunque es un virus – explicaba en una entrevista reciente –, puede causar diferentes tipos de enfermedades en las personas». Pero aún desconocemos cuáles de estas condiciones están provocadas por la enfermedad directamente y cuáles tienen otra explicación.

Ali Gholamrezanezhad, de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles, analizó a un grupo de pacientes infectados en enero. Ha hecho un seguimiento de 33 de ellos más de un mes después y sus datos sugieren que más de un tercio tenía muerte tisular que ha provocado cicatrices visibles en los pulmones. Pero de acuerdo con Gholamrezanezhad es probable que estos pacientes representen el peor de los casos. Este es un estudio específico, centrado en las consecuencias en los pulmones. Pero actualmente hay otros que se centran en rastrear otros efectos posibles. En el Reino Unido, el estudio Phosp-Covid tiene como objetivo seguir a 10.000 pacientes durante un año, estudiar factores clínicos como análisis de sangre y escáneres, y recopilar datos sobre biomarcadores. Un estudio similar se lleva a cabo en EE UU desde julio. Esta es la clase de ciencia necesaria ahora para determinar las reacciones a largo plazo de la pandemia. Especular con problemas del sistema inmune, depresión, diabetes o fallo pulmonar no solo no tiene sentido, sino que demora la capacidad de análisis de los científicos y su capacidad para desarrollar estrategias adecuadas para prevenir los verdaderos efectos posteriores.