“Los datos que aportan los chinos de covid en embalajes de pescado son inespecíficos y poco serias ”

El virólogo Estanislao Nistal, profesor de Microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo, encuentra “muchas inconsistencias” en la información del CCDC de China

Los precios suben en todas las autonomías en diciembre
Los representantes de las pescaderías españolas consideran que no hay ningún peligro de transmisión de la covid en sus productosEFE/Juan Carlos HidalgoEFE

Estanislao Nistal, virólogo y profesor de Microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo, considera que hay muchas inconsistencias en la información ofrecida por el CCDC, entre ellas el hecho de que no expliquen qué cantidad de virus han encontrado en el envase en cuestión. “En el caso del SARS-Cov-2, la dosis mínima infectiva es de entre 1.000 y 10.000 partículas virales. Por comparar con otras enfermedades, hay determinadas cepas de tuberculosis que, con solo 10 partículas que infecten a una persona, le causan la muerte”, explica.

Pero, sin duda, una de las afirmaciones más “inespecíficas” y “poco serias” del comunicado del organismo chino respecto a este hallazgo es, a juicio del Virólogo, la declaración del subdirector del Departamento de Biología de Patógenos de la Universidad de Wuhan, Yang Zhanqiu, en la que afirma que “si la secuencia genética del virus detectado en los embalajes de bacalao coincide con la hallada en humanos, podría poner sobre la mesa la posibilidad de que se origine a través de criaturas acuáticas, y no murciélagos o pangolines”. En opinión del experto del CEU, “en el caso de que fuera así, lo normal sería pensar que es la persona la que ha contaminado el embalaje, y no al contrario. Otra cosa distinta sería que en la carne de un animal vivo (no en el embalaje) se pudiera encontrar la secuencia genética del virus. En ese caso, cabría la posibilidad de pensar que ese animal en concreto, o su especie, hayan sido un reservorio del virus, pero de ninguna manera se puede deducir de una suposición así que puedan haber sido la causa del origen de la pandemia. “Como dato anecdótico", añade, "los peces, y el bacalao, en este caso, como tipo de pez, tienen una temperatura corporal mucho más baja que la nuestra. Sabemos que el SARS-CoV- 2 se replica en el tracto respiratorio y a 37 grados, por lo que es muy poco probable que sea capaz de replicarse en esta especie de una manera efectiva, y menos aún que, de ahí, hubiera podido ‘saltar’ a humanos”, matiza Nistal.

Por su parte, la directora gerente de la Federación Nacional de Asociaciones Provinciales de Empresarios Detallistas de Pescados y Productos Congelados (Fedepesca), María Luisa Álvarez, asegura tajante a LA RAZÓN que “no hay ningún problema de salud pública en los alimentos. No trasmiten la covid. No hay datos fehacientes que, por ejemplo, haya podido constatar la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria y nuestras organizaciones”, y considera que las medidas sanitarias y de vigilancia en su sector, que agrupa a las pescaderías españolas, son exhaustivas. Álvarez se pronunciaba así ante el anuncio de China esta mañana de que, por primera vez, habían hallado una muestra viva del coronavirus SARS-CoV-2 en el embalaje de paquetes de bacalao congelado importado de un país indeterminado recibidos en el puerto oriental de Qingdao, escenario del último rebrote en el país asiático. María Luisa Álvarez cree que el problema radica en que “los chinos que manipulaban los embalajes de pescado congelado son seguramente los que transmitieron el virus. Estuve en Shanghái por motivos de trabajo y comprobé que las condiciones higiénicas en la manipulación de alimentos en aquel país eran malas. La cadena del frío dejaba mucho que desear. Así que lo que creo que ha pasado es que los trabajadores transmitieron el virus a los embalajes por falta de medidas de protección al toser o estornudar o por las manos”.

Las autoridades sanitarias chinas concluyeron la semana pasada que el origen del rebrote detectado el pasado día 11 en la ciudad de Qingdao, en el este del país, se debió precisamente a que dos estibadores del puerto contrajeron el virus al entrar en contacto con productos que contenían restos del virus. Estos dos positivos, diagnosticados el pasado 24 de septiembre recibieron tratamiento en el Hospital de Dolencias Pectorales de Qingdao, donde se localizó semanas después el reciente rebrote.

Las pesquisas oficiales concluyeron que una mala desinfección del aparato de tomografía axial computarizada (TAC) de ese hospital, después de su uso por parte de un infectado, propició la propagación del virus en el centro, y que resultó en el contagio de 13 personas. Para frenar el rebrote, Qingdao puso en marcha una campaña de análisis a toda su población concluida el pasado viernes, y en cinco días realizó casi 11 millones de pruebas de ácido nucleico a sus habitantes, sin hallar más positivos que los 13 anunciados previamente.

La preocupación general ante este tipo de noticias radica en que meses después de que se detectasen los primeros brotes de Covid-19, las vías de contagio del virus no son del todo conocidas. La permanencia del nuevo coronavirus en alimentos y superficies es objeto de investigaciones en todo el mundo. La alerta lanzada hoy por China, tras detectar envases de bacalao congelados contaminados, ha hecho saltar las alarmas en todo el mundo provocado inquietud entre la población.

Aunque la Organización Mundial de la Salud sostiene que no hay ninguna prueba de que se contagie a través de los alimentos, hace tiempo que las autoridades sanitarias de China o Nueva Zelanda consideran que los productor congelados pueden ser un posible foco de contagio de la Covid-19 y vigilan de cerca estos productos. Pero, ¿puede realmente sobrevivir el virus en alimentos congelados?

El Centro de Prevención y Control de Enfermedades del país asiático, asegura que no se han detectado hasta el momento contagios de coronavirus a través de la ingesta de alimentos, por lo que consideraron “muy bajo” el riesgo de infección para el público general, pero sí que “los virus supervivientes en la superficie de los productos podrían infectar a quien entre en contacto con ellos sin usar protección”, lo que coloca en situación especialmente arriesgada a los trabajadores del sector.