Acompañar con orgullo: “No tengo una pastoral para gays y otra para heteros”

La religiosa María Luisa Berzosa lleva décadas apoyando la integración de los homosexuales católicos en la Iglesia, en la línea expresada esta semana por el Papa

Berzosa ha consolado a aquellos para quienes su identidad sexual era un calvario
Berzosa ha consolado a aquellos para quienes su identidad sexual era un calvarioJesús G. FeriaLa Razón

Uno lanza la pregunta sin más. Sin darle importancia. «¿Y usted cómo acompaña a los homosexuales?». María Luisa reacciona. «Yo acompaño personas. No tengo una pastoral para gays y otra para heteros, igual que tampoco tengo un proceder distinto para monjas, solteros, casados o divorciados. Es como si tuviera que a cambiar mis principios cuando escucho o aconsejo a una lesbiana o cuando lo hago a un sacerdote». Con esta respuesta, esta religiosa desarma al que tiene enfrente en su reflexión sobre la labor de lo que hasta hace un tiempo se conocía como «dirección espiritual». «Cada uno dirige su vida. Yo prefiero hablar de acompañante y acompañamiento, aunque hay a quien le encanta dirigir a otros y, ojo, otros prefieren ser dirigidos», deja caer esta consagrada, que lleva unas cuantas tandas como animadora de ejercicios espirituales a sus espaldas, ámbito reservado hasta hace poco a los varones.

«Yo camino al lado de la persona, hago preguntas para que se pregunte, madure y haga sus opciones para ver por dónde Dios nos va llevando. El acompañamiento ayuda a objetivar: nadie es buen juez en su causa», defiende desde Roma, donde está destinada desde septiembre.

Con esta misma naturalidad responde a cómo recibió las palabras del Papa que han dado la vuelta al mundo sobre su respaldo a las uniones civiles del colectivo LGTBI+H. «No me ha sorprendido nada viniendo de Francisco. Puede que haya descolocado escucharlo por primera vez de boca de un Papa, pero yo sabía cómo esa fue la tesis que defendió siempre en Buenos Aires», comenta, para compartir al segundo su opinión: «Son personas, ¿por qué no les va a amparar la ley?».

El conocimiento de esta religiosa sobre Jorge Mario Bergoglio viene de lejos. Estuvo destinada en Argentina entre 1989 y 2003, donde coincidió con él. María Luisa Berzosa es lo más parecido a conversar con el pontífice en versión femenina. Es verdad que no tiene acento porteño, pero sí ese buen humor con dosis de ironía y capacidad para escuchar y acoger. Y la impronta ignaciana del discernimiento permanente. Si el Papa es jesuita, ella es jesuitina. En términos oficiales, Hija de Jesús, una congregación de impronta educativa nacida de manos de Cándida María de Jesús, que fundó Salamanca, hace casi siglo y medio.

Aunque niegue haberse «especializado» en el acompañamiento a homosexuales, lo cierto es que su trayectoria habla de una mujer que se ha topado con una realidad que ella califica de «marginación» dentro de la Iglesia que ha intentado abrazar: «La mayoría solo buscan no ser condenados, juzgados y excluidos, formar parte de su comunidad y no quedarse en la puerta sin poder ser catequistas y sin que se les mire raro por participar en la mesa de la eucaristía».

Todo comenzó en los 60 cuando era una joven funcionaria de la Dirección General de Cine y Teatro, antes de entrar en el noviciado. Su trabajo fue punto de partida para moverse entre bambalinas. Directores, actores, escenógrafos. Lo mismo del María Guerrero que del Español. «Ahí todavía no era acompañante, pero sí establecía relaciones de amistad. Conoces a las personas y eso es lo que no te hace juzgar a través de abstracciones, categorías o etiquetas», comenta. Más tarde, ya como acompañante espiritual, ha consolado, secado lágrimas y animado lo mismo a hombres que a mujeres, sacerdotes que laicos, a quienes su identidad sexual suponía un calvario: «En estos últimos años en España he notado una evolución por franja de edades: la gente más mayor tiene más heridas, porque ha sufrido más desprecios, mientras que los que tienen entre 20 y 30 años lo viven con más tranquilidad, porque se sienten más integrados. Incluso se han creado plataformas de padres para ayudarles en su camino».

El Papa está al tanto de su misión, que también se extiende en el campo de la educación a través de la fundación «Fe y Alegría». El propio Francisco la llama «la flor de todos los jardines» por su versatilidad y mano izquierda también en lo que al papel de la mujer en la Iglesia se refiere, una confianza que le ha llevado a nombrarla consultora de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, el órgano de participación y consultoría de referencia del Vaticano.

Hace un año, Chrishmom, Comunidad Cristina LGTBI+H de Madrid, la otorgó el premio Arco Iris por contribuir a «la normalización y visibilización del colectivo». ¿Una monja «con orgullo»? «Déjate de titulares facilones», bromea, para reivindicar la necesidad de cambios internos: «El catecismo todavía tiene expresiones fortísimas sobre los homosexuales que hay que dejar atrás en favor de una Iglesia inclusiva. Lo bueno sería que no hubiera marginación en nombre de Dios. ¿En nombre de qué Dios estamos hablando si discriminamos?».

María Luisa llego hace unos años a Chrishmom de la mano de Luis Mariano González, teólogo y miembro de esta entidad. «Cuando me dijeron que me pusiera en contacto con ella tuve mis recelos por la idea que tenía de las monjas. En cuanto hablamos me desarmó», comenta, y asegura que la religiosa ha sido «fuente de inspiración para crear un espacio de acompañamiento en la Asociación».

«En algunos casos sufrimos una doble exclusión por ser LGTBI dentro de las iglesias cristianas y por ser cristianos dentro del colectivo LGTBI», explica sobre la realidad del colectivo hoy, aunque él se siente uno más en su parroquia de Pinto. «Comprendes que haya gente que haya dado paso atrás y apostatado, otros hemos estado y seguiremos estando para dar razón de nuestra fe». Por eso valora las palabras del Papa que han trascendido esta semana: «Hay quien puede pensar que se queda corto, yo las tomo con una mirada de largo alcance, porque generan tendencia. En España la ley nos ampara, pero en otros lugares los homosexuales aún son condenados por líderes religiosos y ajusticiados por las autoridades civiles», subraya.