Las infecciones hospitalarias se cebaron con centenares de enfermos en las UCIS durante la primera ola

Sanidad reconoce que la falta de espacio y de fármacos, y la inexperiencia de algunos médicos y enfermeras dispararon la contaminación en las unidades de críticos “de forma fulminante”

Cuidado a un enfermo en una UCI del Hospital del Mar de Barcelona.NACHO DOCEREUTERS

Las infecciones que se desarrollan en los hospitales, conocidas como «nosocomiales», se han cebado con los pacientes Covid graves ingresados en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCIS) durante la primera ola y amenazan con hacerlo también a lo largo de esta segunda andanada de la pandemia.

Lo han hecho, sobre todo, con los enfermos más frágiles, sometidos a tratamientos inmunosupresores y que han requerido estancias más largas. Las autoridades sanitarias no disponen aún de datos sobre el impacto de dichas infecciones hospitalarias en este tipo de pacientes. Sin embargo, «existe la percepción entre el personal sanitario que los ha atendido de su incremento y de su presentación en ocasiones de forma fulminante».

Así lo asegura un documento que ha elaborado el Ministerio de Sanidad con la participación de cuatro sociedades científicas relativo a la adaptación en las UCIS de las recomendaciones de los proyectos Zero durante la pandemia por SARS-CoV-2. El informe advierte de que los centros hospitalarios han de extremar la guardia que se bajó durante la primera ante la avalancha de enfermos que llegaba a sus puertas, con el fin de «evitar la morbilidad y mortalidad asociadas a su incumplimiento».

¿Qué problemas hubo en esa primera ola? Uno de ellos fue que la falta de sitio en las UCIS convencionales llevó a los hospitales a habilitar espacios adicionales en áreas diáfanas, en los que «resultó mucho más complejo mantener las medidas de aislamiento de contacto, incrementándose la posibilidad de transmisión cruzada de bacterias mutirresistentes entre pacientes». Esa avalancha provocó, asimismo, que sanitarios no habituados a las UCIS tuvieran que desarrollar actividad asistencial dentro de ellas, sin recibir formación específica sobre medidas de asepsia para prevenir esta transmisión cruzada de bacterias, revela el informe.

Sanidad alude también al problema de desabastecimiento de fármacos en marzo y abril, lo que dificultó tareas como el mantenimiento de dispositivos y la puesta en marcha de medidas preventivas. El documento destapa que los niveles de adherencia a la práctica de la higiene de manos entre los profesionales sanitarios en ausencia de epidemias o pandemias «son mejorables, incluso en unidades de críticos». A juicio de Sanidad, el uso de equipos de protección individual (EPI) ha alterado también el cumplimiento de la higiene de manos. Por ello, aconseja realizar dicha higiene cuando se haga una técnica invasiva programada antes de la colocación del EPI. Si no es posible, pide retirar los guantes del EPI, realizar la higiene, colocarse nuevos guantes y realizar la técnica.

En técnicas no invasivas, aconseja colocar otros guantes limpios no estériles sobre los guantes de los equipos EPI durante el tiempo que dure la asistencia. En general Sanidad recomienda realizar una higiene apropiada de manos antes y después de palpar lugares de inserción de los catéteres, y de insertar, reemplazar, acceder, reparar o proteger un catéter intravascular. «El uso de guantes no exime la higiene de manos», apunta, antes de reconocer que esto ha estado limitado algunas veces por «la urgencia de las situaciones clínicas».

También aboga el departamento de Salvador Illa por adoptar barreras de máxima esterilidad como gorros, mascarilla, bata estéril, guantes estériles y paño estéril grande que cubra al paciente. Como lugar de inserción, postula la vena subclavia, ya que asegura que «la elevada presión asistencial, especialmente las primeras semanas de la pandemia, asociada a la gravedad de los pacientes (insuficiencia respiratoria aguda hipoxémica, ventilación mecánica invasiva...) facilitó la elección del acceso femoral por considerarse el más fácil y seguro de obtener». Reconoce asimismo que «el rápido incremento del número de camas y la distribución de las mismas en unidades distintas motivó en ocasiones limitaciones en la disponibilidad de ecógrafos para asistir en la colocación ecoguiada de los dispositivos vasculares».

Parecidas reglas de asepsia aconseja para la manipulación de la llamada vía aérea, consistente en la aspiración de las secreciones bronquiales. En este sentido, propone evitar siempre que sea posible la posición decúbito supino a 0º en los enfermos, y practicar a cambio otra «semiincorporada» a entre 30 y 45º excepto, enfatiza, si existe una contraindicación.

También aboga por favorecer todos los procedimientos que permitan disminuir de forma segura la intubación y/o su duración. Con el objetivo de limitar infecciones cruzadas, el protocolo de Sanidad también defiende identificar en cada UCI a una enfermera responsable del control de las precauciones dirigidas a evitarlas y realizar un búsqueda activa en todos los pacientes en el momento de ingreso en la unidad y, por lo menos, una vez a la semana durante su estancia. Con respecto a esta asepsia, aboga por una limpieza extrema de las UCIS.

Enfatiza asimismo Sanidad sobre la necesidad de extremar los cuidados de los dispositivos invasores durante el traslado de los enrfermos , de forma intra y extrahospitalaria. «En los periodos epidémicos o pandémicos los pacientes están sometidos a precauciones para evitar la transmisión de patógenos tanto a los profesionales que realizan el transporte como al entorno inmediato (contaminación ambiental) que puede actuar de reservorio para la transmisión cruzaa nosocomial. En este punto aconseja minimizar dichos riesgos y planificar los traslados. En materia de higiene, la recomendación es utilizar productos de clorhexidina para descontaminar a los pacientes, y priorizar el uso de toallitas impregnadas en productos antisépticos en las concentraciones precisas para que puedan producir su efecto en la piel. El uso del agua estaría desaconsejado «como elemento de arrastre».

El documento para vitar la contaminación cruzada de los enfermos de Covid-19 en las UCIS de los hospitales lleva el sello de los especialistas en medicina intensiva, la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene y la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, entre otras.