El desprecio al artista

La actriz Belén Cuesta durante el pase gráfico de la obra "El Hombre Almohada", del dramaturgo angloirlandés Martin McDonagh
La actriz Belén Cuesta durante el pase gráfico de la obra "El Hombre Almohada", del dramaturgo angloirlandés Martin McDonaghRodrigo JiménezEFE

Anuncia William Deresiewicz la muerte del artista en la época de las nuevas y gigantes tecnologías. El autor denuncia realidades que se acrecientan con el tiempo: «La era de los billonarios y la tecnología, en la que se les pide que trabajen a cambio de nada de manera sistemática; se trata de una de las pesadillas de la vida creativa en el siglo XXI. O que lo hagan para ganar ’'visibilidad’', lo cual es sinónimo de nada». En estas pocas líneas se resume nuestra situación. Pero no es algo nuevo, es algo que se expande en esta sociedad en la que creemos que todo está en internet; en la que buscamos cualquier creación y dotamos a todas con el valor del desconocimiento, aceptando que cualquiera puede subir su destrucción con orgullo; en la que los youtubers son las estrellas del deseo; en la que forjamos cultura de enciclopedia; en la que apenas se asiste a actos artísticos en directo; en la que se sigue leyendo poco, y las obras literarias se obtienen regaladas. Sí, se está generalizando la idea de que escribir, componer, interpretar, pintar, ilustrar… es algo que no supone un gran esfuerzo, por lo que ha de ser gratis. Lo de vivir del cuento sigue estando en el inconsciente colectivo. Yo lo experimento con mucha de la gente que me rodea. Yo soy una que hace lo que le gusta, así que por qué tengo que cobrar. No imaginan los asalariados el trabajo que lleva dedicarte a lo que has elegido. Lo que hay que dar, a lo que hay que renunciar. Internet es solo un gigante en el desprecio del valor del arte y la cultura. Uno más después del poder.