Opinión

Turistas de volcán

No comprendo que haya gente que se vaya a pasar los fines de semana o puentes a la isla de La Palma para hacerse una foto con el volcán. No es por ayudar, no es por aventura, no es por una promesa, es pura futilidad o postureo. Es para contar en redes que ellos son lo más. Será para que no olvidemos que una buena cantidad de género humano es idiota. He estado escuchando comentarios de algunos aludidos y de ahí mi opinión. Dicen cosas como que no pueden perderse ver de cerca un fenómeno natural tan grandioso. Se llevan bolsitas de ceniza. Graban el rugido del volcán. Intentan colarse en las zona prohibidas. Aparcan sus coches de alquiler delante de la puerta de los habitantes palmeros. Esos que llevan días y días viviendo una tragedia en primera persona, que tienen el alma colapsada de ceniza y ruido, que no saben cuándo terminará esta pesadilla. Esos que necesitan ayudas del gobierno que no acaban de llegar, que han unido la incertidumbre de una pandemia con la de un dragón de fuego. Esos que tendrán que recomenzar a cualquier edad y en unas circunstancias penosas. Y mientras esos seres heridos sobreviven a una naturaleza furiosa. Los turistas con ganas de juerga, pisotean con sus botas egoístas la isla. Sí, llenarán los hoteles unas noches, comerán y beberán bien, gastarán unos cuartos. Todo ridículo ante los isleños y su realidad.

He leído la de muertos que hay al año por hacerse fotos en lugares de peligro. He visto selfies de obtusos al borde de precipicios varios. Ahora van donde el volcán de la isla preciosa sin llevar empatía. Pienso que esas lanzaderas en las que les acercan al monstruo deberían tener un peaje enorme: coger un trozo de lava con la mano, por ejemplo. O, al menos, pagar un dineral para apoyar a la reconstrucción de la isla.

No, no les comprendo.