Las pulseras que ayudan a niños con necesidades especiales

Un profesor del País Vasco ha creado una novedosa herramienta para favorecer tanto la comunicación como la autonomía en casos de autismo o problemas de aprendizaje

Jaime Brea, profesor del colegio Niño Jesús de Vitoria, posa con las pulseras que ha patentado
Jaime Brea, profesor del colegio Niño Jesús de Vitoria, posa con las pulseras que ha patentado FOTO: La Razón La Razón

Hay veces que ayudar a los demás solo depende de una idea simple, pero efectiva. Ese fue el caso de Jaime Brea, maestro del colegio Niño Jesús Ikastetxea de Vitoria, que lleva más de una década trabajando en educación especial.

Jaime se dio cuenta de que algunos niños (ya sea por tener necesidades especiales como autismo o trastornos del aprendizaje, pero también con altas capacidades) necesitaban un recurso de comunicación extra que echase una mano en aquellos momentos en los que la relación con otros compañeros y con los profesores se transforma en lloros, gritos e incluso agresiones. Y también para fomentar su autonomía.

Uno de los grandes problemas de ciertos alumnos es la incapacidad de comprender ciertas ideas y tareas que se realizan a diario, tanto en la escuela como en casa. «Dándole vueltas a ver cómo podíamos mejorar el sistema de comunicación surgió la idea de las pulseras comunicativas», señala Jaime.

Las pulseras comunicativas están fabricadas en material plástico y presentan una serie de agujeros en toda su longitud, en los que se encajan diferentes pines con pictogramas de objetos, acciones, asignaturas... que se pueden personalizar según las necesidades de la persona que las lleva. Los pictogramas utilizados se pueden ver en la web de Arasaac (Centro Aragonés para la Comunicación Aumentativa y Alternativa).

El objetivo es favorecer las tareas cotidianas en cualquier ámbito  a personas con dificultades comunicativas
El objetivo es favorecer las tareas cotidianas en cualquier ámbito a personas con dificultades comunicativas FOTO: La Razón La Razón

Con ellas se persigue dos objetivos fundamentales. El primero consiste en poder decir lo que cada uno necesita expresar en ese momento y llevar a cabo una interacción social con otras personas (como saludar). El segundo es poder agendar (tanto una tarea específica como un periodo de tiempo -por ejemplo, las asignaturas de la mañana, saber si hay que ir al gimnasio o al aula de música...-).

El valor de las pulseras reside en que gracias a ellas «se anticipa a los alumnos lo que va a pasar, con lo que el nivel de estrés baja, su comportamiento es mejor e incluso están más preparados para aprender o jugar». Surge así un sistema de comunicación «aumentativo y alternativo, se busca una solución, un nuevo recurso para esas dificultades relacionadas con la comunicación», que es «específico e individualizado» para facilitar la inclusión del alumno en el ámbito escolar.

Jaime reconoce que no todos los alumnos son capaces de llevar la pulsera en la muñeca, pero en este caso hay otra oportunidad para lograr la finalidad que se persigue: que las lleve la persona adulta que esté con ellos. Además, al ser fácilmente transportables funcionan tanto dentro como fuera del aula, y se pueden usar en casa, el parque...

Una herramienta sencilla y práctica

Las pulseras comunicativas son una solución sencilla, económica, práctica y de fácil utilización. Además, se trata de un dispositivo atractivo para los alumnos (que incluso pueden dibujar sus propios pictogramas, lo que hace que las cuiden más) y son completamente seguras, ya que su material es blando y agradable al tacto. Se pueden usar en cualquier lugar, ya sea para indicar rutinas diarias (como vestirse o lavarse los dientes), necesidades (beber agua, ir al servicio), transmitir emociones (dolor, tristeza...) o pasos para realizar una tarea (por ejemplo, una receta de cocina).

Los profesores del colegio Niño Jesús llevan usándolas desde Navidad «y los resultados han sido muy positivos». Con un porcentaje de entre un 12-14% de alumnos con necesidades especiales, este maestro afirma que «hemos creado un hábito de interacción social» gracias a las pulseras. Por eso, Brea ha patentado la idea y quiere dar a conocer esta herramienta a otros colegios e incluso a otras personas que puedan necesitarlas, como mayores en residencias o personas con alguna enfermedad que les impide comunicarse (como Esclerosis Lateral Amiotrófica -ELA-, párkinson, distrofias musculares o afasias, entre otros).

Lo fundamental es «favorecer la intención» de relacionarse con los demás, porque sin medios para ello se corre el riesgo de que el problema se «encapsule» y que la persona se cierre en sí misma.

Para más información puede visitar el perfil en la red social Instagram @pulserascomunicativas