Adiós a los implantes

Investigan cómo lograr la regeneración de dientes perdidos a cualquier edad.

Estos peces son especialmente resistentes a los cambios ambientales y tienen la capacidad de la regeneración dental.
Estos peces son especialmente resistentes a los cambios ambientales y tienen la capacidad de la regeneración dental.

Investigan cómo lograr la regeneración de dientes perdidos a cualquier edad.

Muchos dentistas y odontólogos tienen en sus consultas una pecera, decorativa, relajante... Quizás algunos de ellos críen en ellas peces de la familia de los cíclidos y, seguramente, de la especie Malawi, un animal especialmente resistente a los cambios ambientales y de formas y colores vistosos. Lo que es muy probable que no sepan, es que esos pececillos pueden albergar el secreto para lograr uno de los retos más ambiciosos de su especialidad médica: la regeneración espontánea de dientes perdidos.

Y es que ayer mismo, la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences» publicó el estudio más avanzado hasta la época de la regeneración celular de la dentadura en animales y humanos. Cuando un cíclido de Malawi pierde un diente, inmediatamente le aflora uno nuevo. Tras trabajar con cientos de estos animales, los investigadores empiezan ahora a comprender cómo se las ingenian estos animales para mantener la dentadura intacta toda su vida.

La clave, como en tantas otras cosas, puede residir en la expresión de genes que intervienen en el desarrollo embrionario. En concreto, en las instrucciones genéticas que reciben las células del embrión para diferenciarse en diente o en papila gustativa.

La mayoría de los mamíferos recibimos instrucciones para crear solo dos sets de dientes (los de leche y los definitivos), pero algunos animales no tienen limitación. En el caso de los cíclidos, es evidente que la información genética para crear tejido dental permanece activa de por vida. ¿Ocurrirá lo mismo en otras especies?

Los citados peces son muy peculiares. Han adaptado sus dientes y papilas para sobrevivir en condiciones muy especiales. Algunos de ellos comen solo pláncton y no necesitan dentición. Pero otras modalidades viven de ingerir algas que han de ser arrancadas y trituradas desde los fondos rocosos donde crecen. Estos cíclidos sí desarrollan dentaduras y, además, tienen más papilas gustativas porque su alimentación es más variadas.

La investigación ha consistido en cruzar ambos tipos de cíclidos y observar los cambios genéticos que se producen en cada hibridación.

Tras analizar 300 individuos de segunda generación se ha podido identificar el set de genes responsable de diferenciar entre uno y otro tipo de pez (el dentado y el desdentado).

Para sorpresa de los expertos, los genes implicados en el desarrollo perenne de los dientes del cíclido de Malawi también están presentes en el genoma del ratón.

El siguiente paso del estudio fue tratar de estimular artificialmente el desarrollo de dentaduras mediante el uso de ciertos procesos químicos en embriones de pez. De ese modo, se pudo observar cómo crecen los dientes del animal sólo cinco o seis días después de la fertilización de los huevos progenitores.

Al parecer existe algún tipo de interruptor químico que se encarga de determinar si una estructura embrionaria se va a convertir en diente o en papila. En un primer momento, tanto los dientes como las papilas del pez son idénticos. Sólo cuando los primeros empiezan a adquirir una forma diferente se estimula el crecimiento del esmalte. Es decir, una simple célula epitelial puede ser papila o diente. Pero algún tipo de señal interna decide cuál será su destino.

Dado que los genes implicados están también presentes en el genoma de los ratones, el siguiente paso será tratar de estimular en estos animales la conversión de papilas en dientes. Ese es el camino para lograr trasladar la técnica a los seres humanos: la utilización de sustancias químicas que desarrollen un diente completo desde el tejido de la boca, a cualquier edad.