Los neandertales contagiaron sus virus a los primeros sapiens... y les ayudaron a sobrevivir

Muchos europeos y asiáticos albergan hoy en día alrededor de un 2 % de ADN del hombre neandertal

Imagen facilitada por el CSIC de la recreación de dos individuos neandertales ayudándose de la boca para realizar tareas cotidianas
Imagen facilitada por el CSIC de la recreación de dos individuos neandertales ayudándose de la boca para realizar tareas cotidianas

Los humanos modernos que llegaron a Eurasia hace unos 70.000 años heredaron de los neandertales con los que convivieron hasta su desaparición no solo virus infecciosos, sino también las herramientas genéticas para combatirlos

Hoy ya no es un secreto para nadie que la evolución humana no se parece nada a los viejos dibujos animados de Érase una vez el hombre. En aquella serie mítica nos mostraba una evolución lineal, desde la bacteria en el mar al pez, de este al anfibio, luego el mamífero, el mono, el hombre... Pareciera que las especies cambiaron de unas a otras sin solución de continuidad. Era una bella simplificación televisiva, claro, pero ayudó a implantar en no pocas mentes la idea de que el hombre viene del mono.

Sabemos, que eso es falso. Que el hombre y el mono en realidad somos familiares más o menos lejanos que proceden de un mismo ancestro aún desconocido. Y que la evolución no es una línea recta de antecesores y sucesores, sino más bien un complejo árbol con ramas que se entrecruzan, se mezclan y algunas (la mayoría) se pierden sin descendencia.

El árbol evolutivo humano va descubriéndose poco a poco. Pero aún quedan muchas ramas por aflorar y demasiadas incógnitas sin resolver. Sabemos, eso sí, que hace unos 70.000 años el Homo sapiens moderno que había nacido en África viajó hasta Europa y aquí se encontró con viejos pobladores que llevaban tiempo habitando el continente, quizás llevaban cientos de miles de años aquí. Los neandertales son los pobladores autóctonos más conocidos. Pero hubo otras especies que competieron espacio y tiempo con sapiens y neandertales. Como mínimo una más: los denisovanos.

Y de esa convivencia afloró el contacto y la hibridación. Una de las teorías más provocadoras y recientes para explicar el árbol evolutivo humano nos demuestra que neandertales y sapiens se cruzaron y de ese cruce debieron salir ejemplares híbridos que donaron sus genes a los sapiens posteriores. De hecho una parte de la población mundial actual (sobre todo de la población europea) conserva genes de neandertal.

Algo similar ocurrió entre neandertales y denisovanos como ha quedado demostrado tras el hallazgo de un fósil de joven denisovana dotada de material genético de la otra especie del que informamos recientemente en estas páginas.

Conocemos una forma muy evidente de traspasar genes de una especie a otra: el contacto sexual con resultado reproductivo. De manera que es fácil pensar que hubo una feliz confluencia de encuentros sexuales interespecie en la Europa de hace casi 100.000 años.

Pero un estudio publicado en la revista Cell Press firmado por David Enard, de la Universidad de Arizona ha desvelado otro método por el cual la naturaleza favoreció el intercambio de genes entre especies de homininos: la infección vírica.

El proceso pudo ser como sigue: la cercanía entre neandertales y denisovanos produjo numerosas infecciones mutuas. Ambas especies se traspasaron virus propios. Más tarde, como resultado del intercambio sexual, ambos también se pasaron algunos genes que les ayudaron a defenderse de esos virus.

Es evidente que los neandertales llevaban a los sapiens cientos de miles de años de ventaja en la tarea de acostumbrarse al clima y los patógenos europeos. Los primeros sapiens que llegaron a este territorio podrían haber sucumbido con facilidad a esos virus y bacterias a los que no estaban acostumbrados. Según los autores de este trabajo, la hibridación pudo favorece que nacieran generaciones mejor protegidas. De alguna manera, los ancestros del actual humano, recibieron de los viejos neandertales variaciones genéticas que le permitieron sobrevivir. Generoso regalo que les salió caro: a la larga, Homo sapiens se adaptó tan bien que acabó siendo la única especie viva.

El trabajo de Enard se basa en el estudio de los virus como vector de evolución. Según sus análisis, un tercio de las adaptaciones genéticas que hemos recibido los humanos desde que nuestros ancestros se separaron del tronco común con grandes simios se deben a la respuesta a infecciones víricas. ¿Cuántas de estas infecciones fueron causadas por neandertales?

Una de las preguntas que se han hecho recientemente los científicos es por qué se han mantenido en el genoma de los europeos, restos de genes neandertales. Alguna función han de tener. La respuesta, según este nuevo trabajo parece obvia: esos genes nos ayudaron a sobrevivir a ciertas infecciones. Sin ellos, es probable que los Homo sapiens primitivos hubieran sucumbido a algún virus agresivo. Gracias esa protección, nuestros abuelos pudieron extenderse por Europa.

El trabajo de Enard y su equipo no solo tiene implicaciones en el conocimiento de la evolución. Conocer cómo se produjeron las epidemias en tiempos prehistóricos nos ayuda a entender mejor cómo podremos adaptarnos a futuras infecciones. El ARN es una parte de nuestro genoma que es muy efímera, se degrada rápidamente. Por eso es difícil estudiar el origen de virus de ARN que son ancestros de virus actuales muy amenazantes. Esta nueva de acercarse a la historia de las infecciones puede ser de utilidad también para la medicina moderna. Así que los neandertales nos ayudaron a sobrevivir en el pasado, y después de desaparecidos, siguen haciéndolo hoy.