Hallan vida en el lugar más cruel de la Tierra

El director del Centro de Astrobiologia de Madrid descubre unas bacterias en el desierto de Etiopía, el lugar más caluroso y ácido del planeta

Vista general de la zona de muestreo y una de las pequeñas chimeneas (donde el agua bulle a una temperatura de 90 ºC) donde se han tomado las muestras. / Foto: CAB
Vista general de la zona de muestreo y una de las pequeñas chimeneas (donde el agua bulle a una temperatura de 90 ºC) donde se han tomado las muestras. / Foto: CAB

El director del Centro de Astrobiologia de Madrid descubre unas bacterias en el desierto de Etiopía, el lugar más caluroso y ácido del planeta

La vida siempre se abre paso. Es tan poderosa que hasta en los ambientes más hostiles acaba floreciendo. Incluso en el mismísimo infierno. En la Tierra, lo más parecido a él es la depresión de Danakil, en Etiopía. Con temperaturas que pueden llegar a alcanzar los 50 grados, es un lugar inhóspito que se ha levantado sobre un antiguo fondo marino. Aquí la corteza terrestre es tan fina, que la enorme piscina de lava ardiendo que hay debajo hace que el agua brote del subsuelo a más de 100 grados. Así se han formado chimeneas y unas piscinas termales que constituyen un paisaje espectacular, pues los minerales y metales presentes en el terreno colorean todo de amarillos y azules. Con tales características, siempre se ha creído que no es un lugar apto para la vida. Tanto es así que la “National Geographic” lo nombró como el “lugar más cruel de la Tierra”. No solo por ser el más caluroso que se conoce, sino también el más ácido.

Pero con el nuevo descubrimiento hecho público hoy en la revista “Scientif Report” quizá tengan que replantearse el calificativo. Felipe Gómez, director del Centro de Astrobiología de Madrid y autor principal del estudio, ha hallado actividad biológica en las muestras obtenidas de las paredes de las chimeneas de Danakil. Desde 2015 el equipo de Gómez lleva investigando los surgimientos hidrotermales de esta basta zona y en 2017 descubrieron unas estructuras esféricas muy pequeñas en las paredes de los geíseres. Al ser analizadas, comprobaron que estas bolas estaban recubiertas de un caparazón de minerales así que los científicos pensaron que quizá podrían tener ADN activo. “Hemos encontrado al menos dos especies de bacterias y arqueas probablemente nuevas”, explica Gómez. “Una de ellas pertenece al grupo de las nanohaloarqueas. Se trata de organismos esféricos de unos 50 nanómetros, tres veces más pequeños que otras bacterias. Se recubren de minerales y acaban recubiertos por una capa de minerales como si estuvieran fosilizadas”, describe. Las nanohaloarqueas se descubrieron en 2012 en el lago hipersalino de Australia y lo que sorprende es que hayan podido detectarse en un ambiente tan inhóspito, con unas condiciones tan extremas como las de Danakil.

Este descubrimiento es importante en la medida de las implicaciones científicas que tiene, pues abre la puerta a la búsqueda de vida en otros planetas. Felipe Gómez, que también es integrante del equipo científico de las misiones de exploración marciana de la NASA Curiosity así como del nuevo vehículo que la agencia desplegará en el planeta en 2020, explica que este lugar tiene características muy parecidas a las de Marte en el momento de su nacimiento hace millones de años y también a las de la Tierra cuando se estaba enfriando.