Un gusano que devora el plástico

Científicos descubren de forma casual que una larva de polilla es capaz de biodegradar el polietileno, material muy resistente

Las bolsas en las que se guardaban estas larvas se llenaban de agujeros
Las bolsas en las que se guardaban estas larvas se llenaban de agujeros

Científicos descubren de forma casual que una larva de polilla es capaz de biodegradar el polietileno, material muy resistente

El plástico es uno de los inventos más pertinaces del ser humano. Su resistencia a la descomposición le convierte en un elemento prácticamente indestructible. Cada una de los billones de bolsas de plástico que la humanidad desecha al año es un banco de tiempo: permanecerá ahí, en el ambiente, durante años y años y años...

Aunque existen polímeros biodegradables que facilitan la tarea de descomposición de este material, lo cierto es que la gestión de dichos residuos sigue siendo un reto medioambiental de primer orden. Ahora, una investigación nacida de la casualidad, un animal tan común como la polilla y una científica que trabaja en España puede que hayan dado con una posible solución al problema.

Federica Bertrocchino, experta del Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria, que forma parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, ha demostrado que las larvas de un insecto común, Galleria mellonella, más conocida como polilla de la cera, es capaz de biodegradar uno de los plásticos más duros y resistentes que existen, el polietileno. El hallazgo se ha producido por accidente, después de que los investigadores se dieran cuenta de que las bolsas de plástico donde guardaban estas larvas se llenaban pronto de agujeros. Tras analizar el comportamiento de los gusanos, se detectó que son capaces de inferir daño en la estructura del polímero en menos de una hora.

Si se ponen en contacto una comunidad de larvas con un material plástico, en cuestión de 12 horas el volumen del material experimenta una evidente reducción. En realidad, estos animales no comen plástico. La capacidad de degradación procede de un subproducto del metabolismo normal de los gusanos. El polietileno es un contaminante muy serio. Cada año se tiran cerca de 80 millones de toneladas de este material. Las bolsas de polietileno de baja densidad suelen tardar unos 100 años en descomponerse. Algunas de ellas llegan a los 400 años. Es el material que se utiliza para en muchos comercios para empaquetar los alimentos o transportarlos a casa. Cada habitante del planeta usa una media de 250 bolsas de estas al año.

En la industria del reciclaje, se utilizan componentes degradantes, como ácido nítrico, para descomponer estos residuos en cuestión de unos cuantos meses. El proceso es lento, caro e inseguro. Ahora, contamos con la primera propuesta de un sistema de gestión natural y más seguro.

Según los autores del trabajo, 100 larvas de polilla de la cera podrían descomponer 92 miligramos de plástico en 12 horas. No parece mucho, pero en términos de volumen relativo se trata de una velocidad asombrosa. Es más, cuando la larva se encierra en su pupa antes de convertirse en polillla, el mero contacto de su carcasa con el plástico también lo deteriora.

No se conoce aún por qué se produce este hecho. Pero, sin duda, debe de tener que ver con las similitudes entre la composición de la cera de abeja y el polietileno. La larva en cuestión es una plaga que ataca los panales de cera y supone una amenaza para los apicultores. Debe de existir alguna enzima utilizada por estos animales para sobrevivir en la cera que también ataca la estructura química del plástico.

El siguiente paso sería detectar, aislar y producir en laboratorio esa enzima. Evidentemente, el uso directo de la polilla es inconcebible para fines industriales, serían necesarios miles de millones de larvas para tal fin. Pero la producción sintética de su agente degradante no es una quimera. Quizás pronto se pueda introducir esta nueva sustancia en la cadena para retirar los residuos plásticos de nuestro entorno.