Victoria Abril: «Mi obligación es llevar al huerto al espectador»

Victoria Abril, en una de las secuencias de la serie «Sin identidad»
Victoria Abril, en una de las secuencias de la serie «Sin identidad»

Dice Victoria Abril entre carcajadas que, a estas alturas de su vida, ha descubierto que los actores de cine «no hacemos nada, somos un vagos». Conviene no coger esta declaración al traspiés. Después de comprobar el ritmo frenético con el que se ruedan las series, los tempos del cine «me aburren, en la tele no se andan con tonterías, tienes que estar muy viva y con muchos reflejos». De primeras, parece que la experiencia de la actriz en «Sin identidad» –la serie que Antena 3 tiene previsto estrenar en las próximas semanas– ha sido más que satisfactoria ya desde las primeras lecturas del guión. «En cuanto me los pasaron me dije: ¡Uy, qué bien huele!, ¿adónde hay que firmar?», comenta. Con la rúbrica ya formalizada, sacó la maleta –Abril sabe mucho de trashumancias– y puso rumbo a Madrid desde París, donde se instaló hace tres décadas.

«Tengo la sensación de que mis trabajos en los últimos 40 años eran una preparación para hacer el papel de Fernanda –afirma tajantemente– Le he metido el acento de la Chelo de ''Si te dicen que caí'', el alcoholismo de Gloria de ''Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto''...». Y es que Fernanda ha tenido una «vida muy perra»: nace en la cárcel; después la ingresan en un orfelinato; cuando sale de allí ejerce la prostitución, luego se queda embarazada y, finalmente, le dicen que su hija recién nacida ha muerto. Demasiada tralla emocional para un personaje que encarna «desde los 25 años hasta los 50, cuando ya está cirrótica perdida, con alcohol en vez de sangre. Es un desahucio total, ¡qué digo!, desde que nació ya estaba deshauciada porque consideraban que era un desecho social». Eso sí, es una mujer «muy echada p'alante, claro que no le queda otra». Por lo que dice, y viniendo de quien viene, todo indica que estamos ante otro «personajón» de Victoria Abril, algo que ella matiza: «Vamos a ver, tampoco hay que mitificar tanto el trabajo de los actores que os conozco y os ponéis siempre como una moto. Los personajes, si están bien escritos, suelen tener luces y también muchas sombras. Nuestro trabajo consiste en rellenar esas sombras, humanizarlas». Nada que objetar, aunque ella misma se contradice cuando habla de Fernanda. Una de las primeras frases que sale de su boca es, «me he dejado la piel, yo no sé hacer trabajos de aliño». En ese sentido sí que no hay presunción de culpabilidad. Las pruebas en su defensa están en las más de cuarenta películas que ha rodado. «Si te proteges de los personajes la gente lo acaba notando, que no es tonta. No hay truquitos que valgan. Si tengo que interpretar a una alcohólica lo soy las 24 horas del día. Y no te estoy hablando del método Stanislavski –explica– te hablo de autenticidad y de naturalidad. Yo me tengo que creer los personajes que me proponen y, después, mi obligación es llevar al huerto al espectador».

Personaje extremo

En «Sin identidad» su personaje es extremo. Tanto, como las situaciones que vive. «En los guiones hay de todo menos morralla», sentencia. A su personaje no sólo le han robado una hija, lo que ya es doloroso, es que parió unas mellizas y «le quitaron una, por lo cual las hermanas no se conocen lo que lleva a que se multipliquen por dos los conflictos». Producida por Diagonal TV («Isabel», «Amar es para siempre»), la serie se ha rodado totalmente en exteriores, «con lo que nos hemos evitado estar todo el día en el plató, lo que es un alivio... La calle te da vida, le da oxígeno a los personajes», comenta sin echarle cuenta a las jornadas de rodaje extenuantes, a interpretar por la mañana a su personaje cuando tiene 25 años y por la tarde ya en la cincuentena, o a rodar tres capítulos seguidos sin repetir muchas veces una escena para afinar la interpretación. «Es eso ya estoy entrenada. Cuando rodé «Max, mi amor» con Nagisa Oshima sólo valía la primera toma y me parece bien porque jugaba con el factor sorpresa y daba un plus de espontaneidad a la actuación, no había que tunearla». Con lo que sí está sorprendida, y también complacida, es con la labor de seducir a los tres directores de la serie, «yo, que nunca había hecho un trío, ¿quién me lo iba a decir a estas alturas de mi vida?», dice juguetona. Algo que valora especialmente de «Sin identidad» es que «me brinda la trabajar de trabajar en España. ¡Es un mito eso de que soy una actriz muy cara! Con este proyecto he podido conocer a actores jóvenes que están muy bien y que me conozcan ellos a mí, que me palpen, que me toquen, ¡que parecía que estaba en una hornacina, como una reliquia!

Victoria Abril no entra en el juego de si es mejor trabajar en el cine o en la televisión «porque es irreal. Hay que ir adonde estén los buenos guiones que cuenten de qué va esto de vivir, que es de lo que se trata este negocio». Eso sí, admite que el 21 por ciento del IVA que se aplica al cine en nuestro país, «no es la mejor manera de convencer a los espectadores para que vayan a las salas. Pero más allá de eso es que las cosas están cambiando. Lo noto por mis hijos, está la tele, las tabletas, todo lo que se mueve en las redes sociales. Tengo la sensación de que esto de contar historias está más vivo que nunca. Nosotros estamos en ello y que las gente las vea cómo y cuándo quiera».