Coronavirus: la amenaza que viene de Oriente

El catarro es una infección viral, normalmente leve, que afecta prácticamente a toda la población. Su causante habitual: el coronavirus. Un patógeno con el que lidian nuestras defensas y que, si no muta, vencen sin problemas. Sin embargo, por su rápida evolución cambia con frecuencia y puede pillar desprevenido a nuestro sistema inmunológico. Así se ha desarrollado el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) que, desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo detectó durante la primavera de 2012, ha infectado a más de 50 personas, de las que 30 han fallecido. Las últimas tres víctimas fallecieron el pasado jueves en el país donde se han localizado la mayoría de los casos: Arabia Saudí. Los tres sufrían insuficiencia renal crónica y llevaban un mes hospitalizados. Y es que, a pesar de la virulencia de esta nueva cepa, aún se desconoce su origen y cómo se transmite. De ahí que la OMS «vigile estrechamente» su evolución. No ha llegado a España, pero sí a Europa.

«El coronavirus circula por el mundo con cierta frecuencia y sus variaciones pueden ser muy virulentas, como la que se produjo en 2003, con el SARS (Síndrome Agudo Respiratorio Severo)», explica Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad. Esta infección se convirtió en la primera pandemia del siglo XXI ya que se extendió por 36 países e infectó a unas 8.000 personas, de las que 800 fallecieron. Hace diez años, la infección la albergaban murciélagos, por eso, aunque aún «no se ha encontrado el reservorio animal en el que se mantiene el nuevo virus antes de saltar a humanos, proviene de la misma familia», añade Simón. Esta similitud es la que ha puesto en alerta a los técnicos de la OMS y, en especial a su directora general, Margaret Chan, que, durante un discurso aseguró que el MERS puede convertirse en «amenaza mundial. Es algo que nos puede matar». Chan no busca crear una alarma generalizada y no ha mencionado la palabra pandemia pero quiere aunar esfuerzos porque «sabemos muy poco acerca de este virus en comparación con la magnitud de su potencial».

Los primeros casos de infección se localizaron en una provincia oriental de Arabia Saudí, Al-Asha, hace un año, y desde entonces, los casos se han extendido por Oriente Medio. Tanto Jordania, como Qatar o los Emiratos Arabes han identificado algún infectado. Sin embargo, Europa también ha registrado víctimas mortales: dos en Gran Bretaña y una en Francia. En Italia, a última hora de ayer también confirmaron que un ciudadano que había viajado a Jordania, tiene el virus. Y es que, si hay que culpar a alguien o a algo, es a la globalización por la que se produce lo que los expertos denominan «infección importada» y es lo que ha ocurrido en Europa. Los tres muertos habían viajado con anterioridad a uno de los países donde surgieron los primeros casos y desarrollaron la enfermedad tras regresar a su país de origen. «En Inglaterra ha afectado a dos familias, mientras que el hombre francés que ha fallecido se lo contagió a su compañero de habitación cuando ingresó por primera vez. Y es llamativo porque desde su regreso estuvo en contacto con 127 personas y sólo infectó a una, de lo que deducimos que su transmisión es muy limitada», añade el portavoz de Sanidad. La dificultad que muestra el virus a la hora de pasar de humano a humano refleja que la nueva mutación aún no se ha adaptado al organismo humano.

Y al margen de las incógnitas, ¿qué se sabe de esta nueva cepa? Provoca neumonía severa –afecta a las vías respiratorias bajas– y su periodo de incubación es de 12 días, como máximo. Lo más difícil, como explica Simón, «es dar con el diagnóstico ya que requiere tomar muestras secrecionales bajas». La falta de defensas también es clave para que el virus se haga fuerte en el organismo humano. Es más, «la mayoría de los enfermos sufrían insuficiencia renal o inmunodepresión», apunta Rosario Menéndez, jefa del Servicio de Neumología del Hospital La Fe de Valencia y miembro de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ). «Al igual que éste, el SARS también provocaba una rápida mortalidad. Primero se producía un fallo respiratorio al que le seguía el fallo multiorgánico».

Lo que se puede decir sin dudar es que «el virus no está en España», insisten desde el Centro de Alertas del Ministerio de Sanidad. «No debemos tener miedo, aunque es importante que nos mantengan informados con cada nuevo caso, para estar preparados», declara Menéndez. Así, para estar preparados ante cualquier imprevisto, todas las comunidades autónomas cuentan con un protocolo de actuación por si se presenta algún caso. De todas formas, Menéndez sugiere a los viajeros que se trasladen a Oriente Medio que «no estén en contacto con animales y extremen las condiciones higiénicas». Y, «si detectan, a su vuelta, que tienen algún problema en las vías respiratorias, acudan al hospital para descartar la infección».