«Tendría que imponerse la formación continua»

El debate sobre la función docente

«¿Tienes novio? Sí, pero no me puedo casar», dice una niña de cinco años a otra durante el recreo. «¿Y por qué?», le pregunta la amiga. «Porque soy marroquí y mi novio es español». La otra la mira asombrada y la responde: «Pues mi padre es asturiano y mi madre es madrileña y se han casado». Mari Ángeles Sáiz se sonríe al contar esta anécdota. Es profesora de Primaria, lleva 32 años en las aulas y «aún sigo aprendiendo hasta de los más pequeños». Nada más terminar la carrera de Magisterio se presentó a las oposiciones para maestra y las aprobó. Mientras estaba trabajando estudió Filología inglesa y se licenció. Ha recorrido varios colegios de Villaba, Alcorcón y Madrid capital y ahora es jefa de estudios del colegio Perú, en el barrio madrileño de Carabanchel. Ha tenido un amplio espectro de estudiantes a su cargo: desde alumnos de familias con buena posición económica hasta otros que tenían problemas de drogas en casa, alcoholismo... «Me encanta lo que hago. Y, cada día más. Creo que los profesores hacemos un gran servicio a la sociedad. Por eso entiendo que si ahora estamos en el centro del debate por el Libro Blanco de la Función Docente es porque tenemos un papel muy destacado. Pero para desempeñarlo se necesita vocación, si no, es deprimente».

Mari Ángeles recuerda con satisfacción momentos en los que la han parado por la calle alumnos que profesionalmente han llegado lejos en la vida, aunque no se le quita de la cabeza el día en el que recibió la solicitud de una alumna para continuar sus estudios a distancia porque estaba cumpliendo condena en una cárcel. «A veces la mayor satisfacción la encuentras en pequeños detalles como el hecho de que al final del curso pasado las alumnas más ‘‘guerreras’’ fueran precisamente las que vinieran a despedirse de mí».

Es consciente de que los profesores están en el punto de mira, pero «hay que ver de dónde parte un profesor y un alumno y hasta dónde ha llegado para calibrar su labor y cuánto ha progresado porque no se pueden medir del mismo modo los resultados de un niño gitano que no ve alicientes en su familia para estudiar que otro que tiene un entorno socioeconómico más favorable. Cada niño es diferente y todos tienen necesidades. Los niños son los mismos, sólo que se trabaja de manera diferente con ellos. Estoy a favor de que se nos evalúe para arreglar cosas que no funcionan, pero hay que tener en cuenta las circunstancias en las que desarrolla su labor el profesorado. No puedes sacar adelante a los niños sin medios o con clases masificadas y cuando no se cubren las necesidades de los alumnos en las etapas más tempranas de su formación, como es Infantil o Primaria, a los 16 años ya no hay quien rescate a un alumno».

Mari Ángeles habla con sus compañeros sobre la profesión y coinciden en que «ahora nos sentimos presionados, tenemos una sensación de culpabilidad. Se fomenta la competitividad en lugar de la competencia del maestro, parece que sólo importan los resultados y no la formación integral de la persona». Está de acuerdo con que el acceso a la profesión docente sea similar al MIR de los médicos. «Debería haber más relación mientras se estudia entre universidad y centros educativos y deben dedicarse a la enseñanza los alumnos más brillantes si sirven para ser profesores, porque uno puede ser un físico estupendo pero luego puede que no sirva para este trabajo». También cree que ahora un profesor trabaja mejor que hace unos años porque se optimiza todo lo que se hace y se colabora con otros centros a la par que muchos docentes tratan de formarse. Sobre esta última cuestión tiene las ideas muy claras: «La formación continua tendría que imponerse al profesorado como un requisito obligatorio».