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Wert: «No voy a dimitir, cuento con la confianza del presidente del Gobierno»

José Ignacio Wert. Ministro de Educación. «No tengo edad para hacer carrera política. En el Ministerio sabía que no me esperaban días de vino y rosas, aunque no me hice a la idea de que iba a ser tan duro»

Entrevista con José Ignacio Wert, ministro de Educación. Tras la aprobación de la Lomce, prepara un cambio en la gobernanza de las universidades

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Es viernes y, a diferencia de otros, el ministro de Educación, Cultura y Deportes hoy tiene prisa. Acaba de venir de Zaragoza del V Congreso Iberoamericano para la Cultura y luego tiene otra cita. Apenas 35 minutos para responder una treintena de preguntas preparadas que al final se quedan en la mitad o menos. Porque al ministro le gusta extenderse en su explicaciones... Y eso que, consciente de la premura de tiempo, hace un esfuerzo de síntesis en las respuestas. Transcurren los 35 minutos e irrumpe la secretaria en el luminoso despacho del ministro de la calle Alcalá para alertar de la hora. Se levanta del sillón de inmediato: «Me tengo que ir... Me espera el jefe», dice refiriéndose a Mariano Rajoy. Está claro que la entrevista ha acabado. No es el primer viernes que el presidente del Gobierno queda con José Ignacio Wert para compartir puro o pastillas de menta, pero antes el ministro responde amablemente a todas estas preguntas.

–Dicen que ha puesto sobre la mesa su dimisión a Rajoy. ¿Es verdad o eso es lo que difunden sus enemigos, incluidos los que tiene en el PP?

–Es falso. No sólo no he puesto sobre la mesa mi dimisión sino que no tengo la menor intención de hacerlo y, además, yo ya dije en una ocasión que mi misión en el Gobierno era intentar una transformación y hacer lo que en mi mano estuviera por la educación en España. Sigo con esta idea y eso no quiere decir sólo aprobar la Lomce, quiere decir muchas más cosas.

–Rajoy ha dicho que le gustaría mantener a su equipo durante toda la legislatura. ¿Y a Vd.? ¿Le gustaría que así fuera? ¿Le gustaría también mantener a su actual equipo en el Ministerio de Educación?

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–Sin la menor duda, no tengo previsto ningún cambio en mi equipo. El presidente del Gobierno, según la Constitución española, tiene dos facultades personalísimas: una, la de disolver las cámaras cuando lo considere oportuno, y otra, es nombrar y cesar a los ministros. La decisión que tome el presidente Mariano Rajoy en uno u otro sentido siempre me parecerá bien.

–Este jueves se aprueba ya la Lomce en el Congreso. ¿Considera que ya ha cumplido como ministro?

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–No lo creo. Quedan muchas cosas por hacer, lo cual no quiere decir que necesariamente las tenga que hacer yo todas. En la Educación siempre hay tareas pendientes y por eso creo que no es realista pensar que uno va a cumplir todas aquellas tareas importante que en el mundo de la educación, la cultura y el deporte quedan por delante. Tampoco soy de los que creen que todos los problemas se arreglan simplemente con soluciones normativas. Una norma, si no cuenta con un cambio de «chip» de la sociedad respecto a los objetivos que la ley persigue, si no tiene la complicidad de la sociedad no basta por sí sola. La Lomce cumple una parte de las necesidades de reforma que existen en el campo educativo, pero hay otra parte que pretendemos abordar que no requiere cambio normativo y que busca mejorar la calidad de nuestras universidades. Queda mucho trabajo por hacer. En el campo educativo, al igual que en otros, siempre hay que estar abierto al cambio, a las novedades, a la innovación. La Lomce tiene una vocación de servir durante un número determinado de años, pero también puede tener adaptaciones o ajustes puntuales en función de circunstancias que en un entorno tan dinámico como la educación pueden suceder en cualquier momento.

–¿Cómo es posible no venirse abajo con las continuas críticas que sufre? ¿Se sigue viendo como un «toro bravo»?

–Aquello fue una cita de Miguel Hernández, no es mi divisa. Es posible no venirse abajo si uno cree en lo que está haciendo, y yo creo en ello. Más allá de mi contribución personal, que no es ni de lejos lo más relevante, es todo lo que ha trabajado un equipo de alto nivel que está en el Ministerio y también mucha gente que no está en el Ministerio y que ha colaborado para mejorar la ley. Aprovecho para agradecerles su aportación, la ley es mejor gracias a ellos. Cuando se está en un puesto de tanta exposición como éste, la capacidad de aguante, la resiliencia, tiene que venir de serie. Cuando acepté este nombramiento sabía que no entraba en unos días de vino y rosas. A lo mejor no me hice a la idea de que iba a ser tan duro, pero tenía claro que no iba a tirar la toalla sin conseguir mis objetivos.

–Le han llamado varias veces «valiente» desde el Gobierno, hace unos días el mismo presidente. ¿Eso le halaga o le deja indiferente?

–Resultan tan poco frecuentes los comentarios elogiosos que sería una bobada decir que no los agradezco enormemente, y especialmente al presidente del Gobierno. Sé que cuento con la confianza del presidente Mariano Rajoy.

–¿Quiere seguir en política cuando deje de ser ministro de Educación?

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–No, no tengo edad de tener más ambición política, pero realmente nunca la he tenido. Acepté este cargo no para hacer una carrera política, sino para hacer una serie de cosas que me parecían y me siguen pareciendo necesarias.

En mi juventud dediqué unos años a la política profesional como diputado y concejal, pero después desarrollé mi vida profesional durante varios años en el servicio público y en el mundo de la empresa. A mí me parece que en un momento en que los políticos son objeto de ataques inmisericordes, no siempre justificados, el que exista la posibilidad de entrar y salir de la política con naturalidad me parece bueno para la sociedad. Tan malo es que haya personal político que sólo se haya dedicado a la política y no tenga una visión del mundo que vaya más allá de este campo, como que no existan conexiones y sinergias entre la sociedad civil y el mundo de las responsabilidades públicas. No creo que se tenga que denigrar al político profesional, aunque todo es mejorable. Me parece que en general se está llegando a un punto de deslegitimación de la política que es una de las peores cosas que le pueden pasar a una sociedad. Los políticos podemos ser mejores o peores, pero todavía no se ha descubierto la política sin políticos.

–Si hay alguien que sabe de encuestas, ése es usted por su trayectoria profesional. ¿Cómo interpreta el hecho de ser el ministro peor valorado del Gobierno? ¿Cree que esto es una cuestión circunstancial por la polémica que ha levantado la Lomce?

–Uno no es el mejor juez de uno mismo y, siendo consciente de esa limitación, y tras una autoevaluación, estoy seguro de que en una parte significativa tiene que ser culpa mía, me lo habré buscado.

Ésta es una posición de elevadísima exposición pública y hemos tenido, aunque yo ya sabía a lo que me enfrentaba, una conjunción de circunstancias particularmente complicadas que han coincidido en el tiempo: la necesidad de realizar ajustes en el campo educativo y una reforma, lo cual ha dado lugar a que se produzca una confusión entre estas dos cosas que en nada tienen que ver.

–¿No le preocupa que la oposición en bloque diga que va a derogar la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa cuando se produzca un cambio de Gobierno?

–No me preocupa excesivamente porque creo que no va a haber un cambio de Gobierno y me parece que es una expresión de inmovilismo como se ven pocas. Derogar ¿para qué?¿Para que no exista una norma durante el tiempo en que tarden en ponerse de acuerdo para hacer otra nueva ley?

Creo que es una expresión de inmovilismo que refleja un rasgo particularmente presente en la estrategia del PSOE, que es la de negarse a buscar un cambio en las reglas del juego. Los socialistas están convencidos de que son los titulares únicos y los únicos posibles de las normas educativas. De hecho, en un debate parlamentario, hubo un momento en que Rubalcaba, hablando de las becas, dijo: «Lo que no vamos a hacer es consentir ese planteamiento porque», dijo mirándome, «son mis becas». Si esa patrimonialización del campo educativo fuera acompañada de unos resultados que la justificaran no habría nada que objetar. De hecho, la Lomce es una modificación parcial de la LOE. Lo que no puede ser es mantener una actitud en la que la autocomplacencia lleva al inmovilismo.

«Ahora vamos a abordar un cambio en la gobernanza y en la financiación de las universidades»

–¿Por qué no se ha mantenido en la Lomce que la Religión se oferte de manera obligatoria en el Bachillerato? Dicen los obispos que se incumplen los acuerdos con la Santa Sede.

–Si atendemos al planteamiento de la asignatura de Religión, en la Lomce no se ha hecho un gran cambio respecto a lo que había, pero, en cambio, supone una consideración distinta el hecho de que haya una asignatura espejo de la misma y esto no sólo respeta los acuerdos con la Santa Sede, sino también los acuerdos con otras confesiones. Creo que buena parte de los centros educativos públicos van a mantener la oferta de la asignatura, como ocurre hasta ahora, pero he dicho a los representantes de la Conferencia Episcopal Española que si, tal y como está redactada la Lomce entienden que se vulneran los acuerdos de la Santa Sede, nos podemos sentar a ver de qué manera se puede solventar la situación.

–¿Va a cambiar el sistema de gobernanza de las universidades y va a dar solución al bloqueo de las plazas de profesor?

–La reforma universitaria tiene un documento importante en el que apoyarse, que es el informe elaborado por un comité de expertos. Estamos realizando grupos de trabajo con los rectores desbrozando el camino de una reforma universitaria y estamos haciendo un gran esfuerzo de aproximación y diálogo con todas las partes. Una vez aprobada la Lomce tendremos más energías disponibles para abordar la reforma universitaria tanto en lo que se refiere a gobernanza como a bloqueo de plazas de profesor y a la financiación.

«Con las becas Erasmus no nos explicamos. Fue un fallo mío de comunicación»

–¿Qué pasó con las becas Erasmus? ¿Se explicó regular y le entendieron mal?

–No nos explicamos. Fue un fallo mío de comunicación, no le echo la culpa a nadie. No comunicamos una cosa que es bastante sencilla. Si lo hubiéramos hecho con carácter previo se hubiera entendido bien. Con los nuevos criterios europeos, los fondos de la UE aumentan para España en lo que a movilidad de estudiantes de educación superior se refiere un 4 por ciento, frente a aumentos del 24 por ciento para Alemania, el 16 por ciento para Francia o el 6 por ciento para Reino Unido. Dicho de otra forma: Alemania, que ha tenido 7.000 movilidades de alumnos menos que España, recibirá 16 millones de euros más que nosotros. Además, el estudiante alemán va a percibir una ayuda más cuantiosa que el erasmus español. Si el español recibe 115 euros, el alemán tendrá 400 y el de Reino Unido, más de 300, por poner unos ejemplos. Hasta ahora los fondos se repartían en proporción a la población universitaria y el número de movilidades; ahora el 75 por ciento se distribuye en función de la población de cada país y de la distancia entre capitales, y el 25 por ciento, por otros criterios como el número de movilidades. No puedo decir que España haya salido perjudicada en términos rigurosos. Obtiene un poco más para los estudiantes universitarios y en FP, un 25 por ciento más.

–¿Hay alguna posibilidad todavía de que las circunstancias puedan cambiar?

–El lunes (por hoy) la secretaria de Estado, Montserrat Gomendio, se va a entrevistar en Bruselas con la comisaria europea de Educación para buscar el mejor arreglo que permita mantener niveles de movilidad máximos que sean coherentes con los criterios de la UE de ofrecer becas de calidad y una ayuda especial para los estudiantes que más lo necesitan.

–¿Qué le dijo a la comisaria europea de Educación, Androulla Vassiliou, cuando la llamó por teléfono para pedirle explicaciones sobre la versión «basura» que había dado España de las becas Erasmus? Porque creo que la conversación fue agria...

–Yo nunca tengo conversaciones agrias prácticamente con casi nadie, y menos con una dama que es comisaria de Educación. Fue una conversación correcta en la que no estábamos de acuerdo con algunas cosas. Todo fue un malentendido: el del portavoz, que pensaba que había dicho lo que no había dicho y que calificaba en términos bastante radicales, diciéndolo de forma suave. «Ru-bbish», en el contexto en el que lo dijo el portavoz, es más bien «sinsentido» pero, en todo caso, y sin ningún ánimo de atizar la polémica, no creo que sea el lenguaje diplomático más adecuado.

–¿Hay alguna cuestión por la que España pueda sacar pecho en Europa?

–Sí, el sistema español tiene bastantes fortalezas. Tenemos una de las tasas de escolarización temprana más altas de europa. A los tres años están escolarizados prácticamente el cien por cien de los niños. También cumplimos el objetivo europeo en número de universitarios y, en cierta dimensión, el sistema educativo español es muy equitativo. No se trata de debilitar las fortalezas sino de fortalecer las debilidades.