El alumno de la ballesta sufre un trastorno mental

Varias personas depositan flores y velas a las puertas del Instituto de Educación Secundaria Joan Fuster en recuerdo del docente asesinado hoy por un alumno de 13 años.
Varias personas depositan flores y velas a las puertas del Instituto de Educación Secundaria Joan Fuster en recuerdo del docente asesinado hoy por un alumno de 13 años.

M. P., de 13 años, tenía claro que hoy no iba a ser un día más de colegio. Las clases del instituto Joan Fuster de Barcelona empezaban a las ocho de la mañana. El estudiante tenía otros planes. La semana pasada ya le comentó a sus compañeros que iba a acabar con la vida de todos los profesores.

Es el primer homicidio en España de un profesor a manos de un alumno, al menos en las últimas décadas, pese a los numerosos antecedentes por agresiones. Max P., un niño de trece años, estudiante de segundo de ESO, mató ayer por la mañana a un profesor del Instituto Joan Fuster de Barcelona e hirió de levedad a otras cuatro personas. Un suceso que conmovió al centro, al barrio y a la comunidad educativa. El menor fue detenido y se sometió a un examen psiquiátrico.

De momento es difícil esclarecer el móvil del crimen. Quizá un brote psicótico, según algunos expertos. Muchos de los alumnos aseguraron que al menor le gustaban las armas, todo lo relacionado con el ámbito militar, que miraba siempre este tipo de webs en internet, aunque comentaron que es normal, sociable pero muy callado.

Todo comenzó sobre las 9:15 horas, cuando Max llegó al instituto, casi una hora más tarde del inicio de las clases. Según alguna versión, iba vestido de camuflaje. Otras lo niegan. Entró en el centro con una ballesta, de fabricación casera, un machete y un cóctel molotov en la mochila, y nadie observó nada extraño.

Profesora herida

Se dirigió a su clase, llamó a la puerta y le abrió la profesora que en ese momento estaba impartiendo la clase, de Lengua castellana. Disparó con su ballesta y la alcanzó, provocándole heridas, aunque no de gravedad. Por la tarde fue dada de alta.

Casualmente, una hija de la profesora estaba en la misma clase y acudió a ayudar a su madre. El agresor le clavó el machete en la pierna, aunque la vida de ambas no corrió peligro en ningún momento.

Posteriormente, el chico amenazó con hacer estallar su cóctel molotov, también de fabricación casera, con una botella de cerveza, lo que provocó que muchos alumnos huyeran gritando. Las alarmas se habían disparado y el centro se estaba transformando en un completo caos. Muchos alumnos salieron gritando de sus aulas al oír chillidos y no saber lo que sucedía.

Aún no contento, el chico salió de la clase y subió un piso, también convertido en un lío, porque habían escuchado el alboroto de la planta inferior. En ese momento, se dirigió hacia un profesor de Ciencias Sociales, de 35 años, y que llevaba apenas dos semanas en el centro. Fue la víctima mortal.

El agresor le clavó el machete en el tórax, lo que finalmente le causó la muerte. Tras este ataque, el menor empezó a disparar la ballesta, lo que causó heridas a otra profesora y a un alumno, además de ir exhibiendo su machete por los pasillos. Finalmente, otro profesor, el de Gimnasia, consiguió reducirlo, antes de la llegada de la Policía. A él le contó que «oía voces que le impulsaban a matar». Así finalizó el baño de sangre, que pudo haber terminado mucho peor.

Inimputable

El joven fue interceptado por los Mossos d’Esquadra, y tardó un buen rato en salir del centro en una furgoneta. No se puede hablar de detención, porque tiene menos de catorce años, por lo que según la ley vigente no puede ser arrestado. De hecho, su edad le impide ser imputado.

La consejera de Enseñanza, Irene Rigau, apuntó a un brote psicótico, totalmente inesperado, teniendo en cuenta que no había tenido ningún tipo de problema de comportamiento en el centro. Toda la comunidad educativa mostró su pésame por los hechos, así como la clase política. Se suspendieron la mayoría de los actos de la precampaña municipal.

Rigau aseguró que en el expediente del agresor «no constaba» ningún problema mental. Reiteró que «las primeras indicaciones permiten decir que se podría tratar de un brote psicótico, por lo que la conducta sobrepasa una dimensión normal».

Añadió que «hace un mes toda la clase estuvo en la nieve, y se comportó perfectamente, participaba en la vida ordinaria del centro educativo». Todos los representantes de la comunidad educativa pararán su actividad hoy a las 11:00 horas para «reflexionar». La consejera señaló que el instituto en cuestión tiene buen ambiente.

Después de ser detenido, el menor fue trasladado al Hospital Sant Joan de Déu, donde fue sometido a un examen psiquiátrico, donde al parecer no se descartó el citado brote psicótico, pese a su falta de antecedentes. Ayer seguía ingresado en una unidad de psiquiatría. Al ser inimputable, el chico no pasará a manos de la Fiscalía de Menores, sino de la Dirección General de Atención a la Infancia y a la Adolescencia de la Generalitat (Dgaia).

El suceso provocó una enorme conmoción en el centro, lo que se tradujo en una gran congregación frente al instituto, formada por profesores, alumnos, vecinos, familiares y periodistas.

El entorno familiar del menor podría ser aficionado a lo militar, especialmente el agresor, que dijo a algunos compañeros que quería entrar en el Ejército y que tenía una lista negra con 25 nombres de profesores y alumnos a los que quería atacar. Nadie le creyó cuando lo dijo. No obstante, fuentes cercanas a la investigación descartaron la existencia de esta lista de nombres. Bastantes estudiantes dijeron que sí que existía. Otra incógnita es saber cómo es la ballesta con la que Max agredió a las víctimas. Al parecer, se trata de un artefacto de fabricación casera, quizá hecho con bolígrafos, extremo no confirmado. Tampoco quedó claro si el padre del chico es un «skin» con un gran arsenal de armas, o simplemente un excursionista, tal y como apuntaron algunos de los alumnos del centro.