El arte de las acuarelas y el humor frente al cáncer de mama

Cecília Bofarull, diseñadora gráfica, en el Hotel Alma Barcelona
Cecília Bofarull, diseñadora gráfica, en el Hotel Alma Barcelona

Hace seis años y medio que a Cecília Bofarull, diseñadora gráfica, le diagnosticaron cáncer de mama. Fueron seis meses de quimioterapia seguidos de una operación y de varias sesiones de radioterapia. No olvida la fecha: el 13 de enero de 2013. “Noté que tenía un bulto en el pecho y ese día mi hijo se puso a vomitar. Fuimos los dos al médico. Mi padre, que es pediatra, me dijo que podía ser de todo. Fuimos al Vall d'Hebrón para la biopsia, y les dije que pensaba que era un bulto de grasa. Cuando me dijeron que no, me puse a llorar. Los médicos me explicaron que la actitud es lo más importante de todo y me lo creí”. Desde entonces, Cecília saca fuerzas de donde puede. Algo en lo que le ayudan mucho sus pinceles. Ese día, el del diagnóstico, “habría dibujado una mancha negra, porque cuando te dan una noticia así es como si te dieran una bofetada. No entendía nada”.

Hace seis años y medio que a Cecília Bofarull, diseñadora gráfica, le diagnosticaron cáncer de mama. Fueron seis meses de quimioterapia seguidos de una operación y de varias sesiones de radioterapia. No olvida la fecha: el 13 de enero de 2013. “Noté que tenía un bulto en el pecho y ese día mi hijo se puso a vomitar. Fuimos los dos al médico. Mi padre, que es pediatra, me dijo que podía ser de todo. Fuimos al Vall d'Hebrón para la biopsia, y les dije que pensaba que era un bulto de grasa. Cuando me dijeron que no, me puse a llorar. Los médicos me explicaron que la actitud es lo más importante de todo y me lo creí”. Desde entonces, Cecília saca fuerzas de donde puede. Algo en lo que le ayudan mucho sus pinceles. Ese día, el del diagnóstico, “habría dibujado una mancha negra, porque cuando te dan una noticia así es como si te dieran una bofetada. No entendía nada”.

Con el fin de afrontar su enfermedad y ayudar a más personas, Bofarull ha publicado “Me quiero vivir”, un libro publicado por la editorial Acantilado en el que cuenta sus vivencias más íntimas a través de la imagen y la palabra. La autora ha decidido destinar la recaudación de la venta del libro íntegramente a la investigación del cáncer a través de la Fundación Fero. Y lo cierto es que es una pequeña joya. El lector experimentará a través de sus páginas las mismas emociones de la autora, siendo más que fácil empatizar con sus sentimientos hasta que en un momento uno mira las manchas dibujadas como si describieran sus estados de ánimo. Algo que Cecília consigue gracias a su humor, un humor que brilla en los momentos duros que está viviendo, como cuando le dan una mala noticia y pide una palangana porque tiene ganas de vomitar y le dan una de papel y ella les dice “tengo cáncer pero soy orgánica”. O cuando le explican que le han detectado más manchas y ya sin lágrimas Cecília piensa “que ya son familia numerosa, la última debe ser la au pair”. Un humor con el que demuestra su fortaleza y las inmensas ganas de vivir que tiene. “Le giro la tortilla a todo. No sé si es por mi hijo, no quiero que viva un drama”, explica.

La primera mancha que dibujó fue de casualidad. “Había superado el cáncer pero recaí. Además, me acababa de separar, había tenido un aborto natural y la enfermedad... Al menos en mi caso yo no me quería tocar. Ni el pecho ni la barriga. Me di cuenta de que podemos generar cosas tan feas y tan bellas... Fue cuando dibujé una mancha negra y la publiqué en Facebook. A la gente le gustó. Y me pidieron publicarlo. Era mi emoción, nunca pensé que se convertiría en un libro. Fue el azar, como el cáncer”

Desde entonces las noticias de los médicos no han sido precisamente optimistas. Tiene también metástasis en los huesos y en el hígado. Sin embargo, sus ganas de vivir continúan tan fuertes como antes, si no más. “El martes pasado me dijeron que me ha vuelto ha aumentar la metástasis en el hígado. ¿Qué hago? Son casi siete años así y por mi hijo y por mí no quiero estar deprimida. Me van a tener que dar quimio intravenosa ahora que había conseguido tener el pelo largo. Me sabe peor por él, por mis padres, por mi familia, que por mí. Yo soy feliz. Y sí quiero vivir más y lo intentaré, pero hay que aceptarlo, abrazar la vida como te llega”.

Su fuerza la encuentra en su hijo y con sus pinceles. Aunque, sobre todo, en ella. “Soy como la alegría de la huerta cuando voy al hospital. Al principio iba como perdida. Ahora conozco a todo el mundo, y es que aunque tenga 43 años empecé en esto con 36“. Cecília también pinta manchas negras cuando le dicen que ha recaído. “No sé si es por la educación, pero te sientes culpable. Como bien, hago deporte, sigo los tratamientos que me dicen y nada, siguen conmigo”.

“Emocionalmente estoy bien. Físicamente, tengo 12 puntos (manchas) en la espalda, también en la cadera y me encuentro cansada, pero igual que lo estaría tras ocho horas sentada trabajando. Cuando voy al hospital, para mí es como si me explicaran una película que no va conmigo. Aunque me encuentro peor por los tratamientos”.

Con su libro quiere que la gente deje de pensar en la muerte cuando oigan por primera vez la palabra cáncer: “Te ven calva, les das pena pero no quieres dar pena. Yo soy muy feliz. Habría preferido no tenerlo, claro, pero también doy las gracias porque me haya pasado a mí y no a mi hijo o a mi hermana. También me gustaría que las personas que tenemos cáncer dejásemos de ser el centro de atención. ¿Alguien le ha preguntado a mi hijo cómo ésta? Somos el centro, pero las personas de nuestro alrededor lo pasan mal”.

Le pedimos unos consejos para otras personas: “Que tengan paciencia, porque esto es como una carrera de fondo, y que vivan el día a día. Yo cada vez que voy a ver a mi oncóloga pienso que me va a decir una cosa y siempre me dice otra. Tampoco miro estadísticas. Y mis médicos ya saben que el día que no haya nada para mí, ni ningún tratamiento, no deben decírmelo, como si me meten azúcar por vena, pero que no lo me digan. Cada persona y cada cáncer es un mundo, pero creo que es mejor no buscar en internet porque te puede deprimir más, y vive día a día”, repite.