Elena Zarraluqui: «Las demandas de divorcio aumentan tras el verano»

«La jurisprudencia tiende a reconocer más los pactos prematrimoniales»

Elena Zarraluqui ha conseguido hacerse un nombre entre los abogados matrimonialistas. Las enseñanzas de su padre, de quien se acuerda con frecuencia en su quehacer diario y a quien incluso le cita con frases lapidarias, y su exigente «training» en un despacho británico le han convertido en uno de los referentes del Derecho de familia en España.

–¿Por qué los hombres prefieren que les defiendan mujeres en estos casos?

– Efectivamente es así. Nosotras tenemos unas cualidades –sabemos escuchar más, somos más intuitivas– que el hombre espera que las utilices a su favor.

–¿Es una ruina divociarse?

– En absoluto. Es una oportunidad para que los cónyuges se reencuentren consigo mismos. Si la vida familiar no funciona, las consecuencias negativas trascienden el plano personal. Si se tiene una actitud positiva, se sale adelante.

–Antes de contraer matrimonio, ¿se medita más sobre las consecuencias de un posible divorcio?

–Se empieza a hacer. Estamos dando pasos que nos acercan al sistema anglosajón, el Derecho preventivo. Cada vez recibo a más parejas que se van a casar y que quieren conocer con detalle las derivadas de un régimen económico u otro. Este tipo de planteamientos resulta importantísimo porque la jurisprudencia tiende a reconocer más los pactos prematrimoniales. Todos aquellos que no se refieran a los niños tendrán una eficacia del 100%, salvo que las circunstancias cambien mucho. En cuanto a los menores, me parece sorprendente que los padres en ejercicio de la patria potestad pueden pactar lo que quieran, ahí está el juez para decidir si es conveniente o no. Pueden cambiar las circunstancias. Quizá hubiera convenido una custodia compartida, pero claro luego llega la vida matrimonial, ocurren cosas y se produce la separación. ¿Lo que se había concertado en su momento tiene valor ahora? Hay veces que sí porque el día a día nos ha demostrado que los dos padres han estado comprometidos en la crianza de los descendientes. En ese caso, sí, pero si uno de ellos no se ha ocupado nada, no podrá darse y tendrá que decidir el juez.

– ¿Este tipo de acuerdos no desnaturalizan el matrimonio?

–Es que el matrimonio es un contrato. Es verdad que, como consecuencia de ese amor inicial, se hacen muchos pactos que luego no se cumplen. Me parece que debemos quitarnos de la cabeza esa idea de que hablar de dinero es una ordinariez. Es duro y frío, pero hay que abordarlo.

–¿El aumento del índice de los descalabros matrimoniales se debe a alguna razón especial?

–A la sociedad que tenemos, que es el fracaso de todos. Los valores están en declive, se tiende al «aquí te pillo, aquí te mato». Dada la realidad, tan cambiante y dinámica, parece muy complicado que dos personas jovencitas se casen y tengan una misma evolución. A esta dificultad hay que añadir además la dureza de la convivencia, los problemas que conlleva la educación de los hijos...

–¿Qué valores de esos que ha perdido la sociedad afectan más al matrimonio?

–Básicamente, la falta de generosidad. Cada vez somos menos espléndidos y más egoístas.

–¿Se sigue recurriendo a la excusa de «por los niños» para no romper lo que de hecho está roto?

–Sí, sorprendentemente sí. ¡Un error! Para mí la familia es lo más importante, y dentro de ella la pareja en sí. Antes de las vacaciones, mucha gente me pide que le informe porque las cosas no van bien. Siempre, el mismo argumento: los niños. El otro día me comentaba una persona que su psiquiatra le había dicho que no era buen momento para separarse porque sus hijos están en una edad crítica. Cierto, le repliqué, pero el espejo en el que se miran es un horror porque la pareja es un espanto, hacen vida separadas, cada vez que se hablan se gruñen... Los chicos estarán mucho mejor si ven bien a su padre y a su madre. Me parece que es preferible un buen divorcio.

– O sea que lo de que tras las vacaciones aumentan las demandas de divorcio no es un mito.

–Cien por cien realidad. También después de Navidades. Tiene su razón de ser. Durante el resto del año, las parejas se suelen ver poco. Claro, si el matrimonio va mal, pero apenas están juntos, pues se tira sin más. Pero cuando casi de la noche a la mañana, se pasa a convivir casi las 24 horas, la situación se torna horrible. Hay muy pocos que se den este periodo de prueba durante los días de descanso y que, a la vuelta, decidan continuar.

–¿Septiembre, su temporada alta?

–Efectivamente. También octubre, diciembre y enero. Además, después del verano y de Reyes, existe una especie de idea muy arraigada –a curso o año nuevo, vida nueva– que actúa como catalizador en estas circunstancias

– ¿Recomienda a los futuros matrimonios hacer siempre separación de bienes?

– Casi siempre. Las mujeres seguimos teniendo una situación complicada porque nuestras profesiones son muy importantes, pero todavía hay hombres que quieren un reparto de funciones, que la mujer esté más dedicada a sus hijo y que reduzca su vida profesional. En esos casos sí debe haber un régimen de gananciales para que tenga una compensación clara en caso de fracaso. Me gusta mucho el régimen de participación, pero apenas se usa en España. Lo tuyo es tuyo y lo mío, mío, pero lo que cada uno genera durante el matrimonio se reparte en el mismo porcentaje entre uno y otro.