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La lucha contra un tipo de tumor cerebral pediátrico

La investigadora Meritxell Teixidó trata de llevar fármacos a este órgano. Obra Social La Caixa ha becado el proyecto de esta investigadora, que empezará a hacer pruebas con ratones.

La investigadora Meritxell Teixidó trata de llevar fármacos a este órgano. Obra Social La Caixa ha becado el proyecto de esta investigadora, que empezará a hacer pruebas con ratones.

Una de cada cuatro personas necesitará a lo largo de su vida al menos un tratamiento para alguna enfermedad que afecta al cerebro, como un tumor, Alzhéimer o un trastorno bipolar, por ejemplo.

Afortunadamente, a día de hoy se están desarrollando numerosos proyectos de investigación destinados a hallar fármacos para tratar estas patologías que afectan al cerebro, pero el problema es que frecuentemente estos medicamentos tienen grandes dificultades para llegar hasta su objetivo, ya que el cerebro está protegido por la barrera hematoencefálica, que le separa del sistema circulatorio. Sin embargo, el cerebro, como cualquier otro órgano, necesita nutrientes, de manera que la barrera cuenta con puertas para que estos nutrientes puedan entrar, unas puertas que hace ya unos años se descubrió que unas pequeñas proteínas o péptidos también son capaces de atravesar, por lo que éstos podrían ser usados para llevar los fármacos hasta el cerebro.

En este contexto, hace cuatro años, la investigadora del Institut de Investigación Biomédica (IRB por sus siglas en catalán) de Barcelona, Meritxell Teixidó, puso en marcha un proyecto destinado a aplicar esa tecnología a un tipo de tumor cerebral pediátrico –glioma pontino intrínseco difuso (DIPG)– que se diagnostica hacia los cinco años, no tiene cura y no actúa sobre la mencionada barrera. Dicho proyecto ha recibido una beca del programa CaixaImpulse de Obra Social La Caixa.

«Sabemos qué fármacos son necesarios para tratar a estos pacientes, pero no pueden llegar en la cantidad suficiente al cerebro, así que se podría suministrar mucha más cantidad de medicamentos para garantizar que llega una cantidad adecuada, pero eso provoca muchos efectos secundarios», relata Teixidó, quien explica que «la idea ahora es hacer pruebas con animales para comprobar que nuestros péptidos pueden llevar fármacos y llegar hasta el cerebro de los ratones». «Una vez demostrado que esta tecnología in vivo e in vitro funciona hay que hacer la prueba de concepto terapéutica y si esta técnica resulta para el DIPG, la idea es aplicarla en un futuro a otras enfermedades», comenta la investigadora. «Prevemos estar preparados en tres o cuatro años para un ensayo clínico de fase 1», avanza.