La urgencia de aislar el gen del mal

Criminólogos y psiquiatras insisten en que en torno al 8% de los asesinos representan un peligro para la sociedad por su proclividad a reincidir.

David Oubel, Sergio Díaz y Daniel Montaño
David Oubel, Sergio Díaz y Daniel Montaño

Criminólogos y psiquiatras insisten en que en torno al 8% de los asesinos representan un peligro para la sociedad por su proclividad a reincidir.

«¿Quién, con sentido común, pondría a «El Arropiero» en libertad?». La pregunta la lanza al aire Ricardo Magaz, presidente de la Sociedad Científica Española de Criminología. Se refiere a Manuel Delgado Villegas, apodado «El Arropiero» y considerado como el peor asesino en serie de la historia criminal de nuestro país. Mató a 48 personas y en 1998, tras 27 años en prisión, recuperó la libertad. Con la legislación actual, «El Arropiero» hubiera sido condenado a prisión permanente revisable. En mitad del debate en torno a esta figura penal, de actualidad cada vez que asistimos a un asesinato como el de Laura Luelmo, los expertos en psiquiatría forense y criminología tienen claro su diagnóstico: la sociedad debe darse mecanismos legales y herramientas para defenderse de criminales sin posibilidad de reinsertarse.

Para el psiquiatra forense José Cabrera la prisión permanente revisable debe ser la única opción posible para aquellos asesinos con un perfil que, como en el caso de El Campillo, se repite cada cierto tiempo: reincidentes, irreflexivos e impermeables a las modificaciones psicológicas y psiquiátricas. Para estos casos, no hay alternativas. «No hay otra opción que ponerles fuera de circulación. No existe. Y si estamos todos de acuerdo en abolir la pena de muerte, la única opción que queda es recluirlo de por vida por muy mal que suene esta frase», añade.

El criminólogo Magaz coincide en ello y pone el acento en la urgencia prioritaria de evitar la reincidencia. Porque, si bien la vigencia de la prisión permanente revisable puede tener efecto disuasorio para algunos potenciales delincuentes –por ejemplo, para un «criminal más frío y calculador que sí tendría en cuenta la amenaza punitiva»– lo que nunca evitará es que exista el «gen del mal» así como que pueda haber crímenes: «Hay que ser realistas. La cuestión excepcional a valorar es si un asesino psicópata o un pederasta depredador que no ha dado ninguna señal de cesar en su carrera criminal, y con los informes de especialistas advirtiendo de su reincidencia, lo dejamos salir automáticamente de la cárcel para que continúe con sus crímenes». Desde su experiencia en el estudio del perfil del psicópata, Cabrera concede toda la importancia en este terreno a la necesidad de evitar que quien ya ha asesinado vuelva a hacerlo cuando pise de nuevo la calle. Ése es y ése debe ser, insiste, la única meta de la prisión permanente revisable: «Desde el punto de vista psiquiátrico no hay ningún efecto disuasorio hablar de prisión permanente revisable para un personaje con rasgos más o menos psicopáticos. Es absurdo pensar en ello. Ni siquiera es disuasoria la pena de muerte, con lo que hablar de prisión permanente es casi una veleidad para un personaje de este tipo. Otra cuestión es que con ella le pongamos fuera de circulación. Ésa es otra historia».

Es evidente, por tanto, que los expertos recomiendan el aislamiento para, por ejemplo, la persona que asesina apenas dos meses después de salir de la cárcel tras cumplir otra condena por haber matado. La cuestión es: ¿cuál es el porcentaje de estos criminales sobre el total? «En general, entre las personas que han atentado contra la vida de otros –no más de 300 o 400 al año– no llega al 8% el porcentaje de aquellos que van a reincidir una vez que salen de cumplir la condena. ¿Por qué? Porque la inmensa mayoría de muertes o de lesiones tienen que ver con una circunstancia concreta. Y apenas existe ese 7% u 8% de sujetos con proclividad de hacer daño a los demás o que viven en otro tipo de cultura, sujetos que han nacido en esta época pero que deberían haber nacido hace 50.000 o 100.000 años. Son sujetos anacrónicos que van a reincidir salvo que les encierres y tires la llave al mar».

Respecto a los tratamientos que reciben en prisión aquellos que han sido condenados por asesinato o por graves delitos sexuales, los expertos inciden en que ese grupo marcado por el «gen del mal» será inmune, frustrando cualquier opción de resocialización: «Los tratamientos terapéuticos, los grupos, la rehabilitación y todas aquellas medidas carcelarias que se toman para reinsertar a la persona, en un pequeño grupo no valen para nada. Lo sabemos todos, no sólo Instituciones Penitenciarias sino todos los profesionales que nos dedicamos a esto. Hay un pequeño porcentaje de sujetos impermeables a este tipo de medidas. Y lo malo es que no hay otra opción», sostiene Cabrera, que llama a que «la sociedad adopte medidas de aislamiento» o, en su defecto, «el control electrónico de por vida», esto es, sujetos a los que el juez, por medio de las leyes adecuadas, pueda condenar a estar permanentemente vigilados el resto de su vida». Los expertos cuestionan los reparos que suelen pronunciarse contra la prisión permanente porque, aseguran, esta figura no es incompatible con un sistema judicial garantista: es una medida consolidada en ordenamientos democráticos. «Solo puede ser impuesta únicamente en casos tasados de excepcional gravedad y es importante añadir que se encuentra avalada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y por tanto no se trata de una pena inhumana», concluye Magaz.