Las doulas se defienden: «Ni somos sacerdotisas ni hacemos locuras»

El testimonio. Macarena Díaz-Mayordomo (doula) y Esther Martínez (embarazada)

Macarena (dcha.) ejerce de doula con Esther, embarazada de 23 semanas
Macarena (dcha.) ejerce de doula con Esther, embarazada de 23 semanas

Macarena lleva ejerciendo de doula siete años. Y ha acompañado – no «atendido» ni «asesorado», recalca– a entre 100 y 200 madres.

Macarena fue a visitar ayer a Esther, embarazada de 23 semanas. A día de hoy lo tiene claro: no quiere la epidural. Pasó por ello con su hijo mayor, Alejandro, que ya tiene 3 años, y el recuerdo no es bueno. «Me rompieron la bolsa amniótica sin consultarme; la matrona me dijo: ‘‘Vas a tener ganas de morirte’’... Estás en un lugar que no conoces, en una sala de espera, con unas contracciones tremendas...», dice Esther. De ahí que ahora quiera evitar las «medidas innecesarias» y tener un parto fisiológico. «Las madres que lo han hecho coinciden en que hay un momento en que no puedes más, pero después te sientes como una leona. Quiero poder ir con mi hijo a la cama por mi propio pie». Y en ese proceso estará Macarena. Lleva ejerciendo de doula siete años. Y ha acompañado – no «atendido» ni «asesorado», recalca– a entre 100 y 200 madres. Ha estado presente en 20 partos y el de Esther será el 21. Al igual que ella, su experiencia en el hospital no fue muy gratificante. «Me sentí como una cobaya», dice. Fue lo que le hizo formarse como doula. «Ofrecemos información personalizada e individualizada y un acompañamiento horizontal a la madre. La escuchamos y no juzgamos. Ella toma sus decisiones. Expresa las necesidades que precisa para tener el parto que quiere», afirma Macarena. Ahora está centrada en Esther. «Nos vemos cuando ella tiene la necesidad. Si ha tenido una cita médica, me consulta dudas que le han quedado pendientes. Y, sobre todo, le brindo apoyo emocional. Por ejemplo, para saber si esos cambios emocionales que siente son normales». Así, son madres que «necesitan tranquilidad y seguridad. Y prefieren ver una cara conocida y no las batas de un hospital. Con una mirada, sabemos lo que la madre necesita. No necesitamos tocarlas para hacer nuestra labor», explica. Jamás ha recomendado nada –y menos ingerir la placenta–, pero «sí las ayudamos a contrastar las informaciones a base de evidencias científicas». ¿Y sobre los «rituales»? «Las doulas no son sacerdotisas. No hacemos esas locuras», dice. Tampoco cree que suplanten a ningún profesional. De hecho, su labor «debería ser ejercida por las matronas, pero no pueden dedicarles todo ese tiempo. Suplimos ese vacío». De hecho, hay hospitales, como el de Torrejón (Madrid), en los que «consideran a las doulas como profesionales». En algo sí está de acuerdo con los enfermeros: «No somos personal sanitario. Pero estamos trabajando para que se nos regule».