Lotería de Navidad

El Barraco acaba con la mala fortuna de las provincias malditas

Este pueblo rompe con dos siglos de mala suerte en ÁVILA y vende por primera vez cuatro décimos del Gordo. Tarragona y Zamora ponen también fin a su mal fario.

Sandra Martín, propietaria de El Desván de Cayetano, la administración que vendió cuatro décimos inolvidables en El Barraco
Sandra Martín, propietaria de El Desván de Cayetano, la administración que vendió cuatro décimos inolvidables en El Barraco

Este pueblo rompe con dos siglos de mala suerte en ÁVILA y vende por primera vez cuatro décimos del Gordo. Tarragona y Zamora ponen también fin a su mal fario.

Durante los 206 años de historia de la Lotería Nacional, tres provincias nunca habían escuchado cantar el Gordo. No sabían qué es eso de descorchar una botella de champán y repetir hasta la saciedad el número agraciado. Se resignaban. Mala suerte. «Poco amigos de la diosa Fortuna», solían decir. Hasta ayer, cuando pasadas las doce y media de la mañana Aya entonaba los 4.000.000 de euros con los que se premiaba la serie del número 3347. En ese instante, se hizo la luz en El Barraco. Literal, la densa niebla que pesaba sobre este municipio de la provincia de Ávila se echaba un lado para dejar que sus vecinos celebraran lo que para ellos era un hito. Este pueblo de 2.000 habitantes rompía con la mala racha y celebraba a lo grande su primer éxito. «Mala racha no, maldición es lo que teníamos, nunca había tocado en esta provincia y es nuestro pueblo el que ha hecho que esto cambie, estoy muy orgullosa y éste será tan sólo el principio de muchos más éxitos», explica a LA RAZÓN Sandra Martín, la propietaria de El Desván de Cayetano, la administración que vendió cuatro décimos del ya inolvidable 3347 y un total de 1,6 millones de euros. «Ha sido una locura, ni si quiera yo sabía que lo había vendido. Estaba con mi madre viendo el sorteo por la tele y cuando la niña cantó el Gordo miré el número que nosotros llevamos en la administración, que era el 15741, ya que el resto se venden por máquina, y como no era el que salía en la pantalla pues nada, un año más sin premio que nos habíamos quedado», relata emocionada Sandra, que dejó a un lado su trabajo como auxiliar de enfermería para tomar el control de la única administración de lotería del municipio. Pero minutos después recibió la llamada de su esposo: «''Sandra, que lo has vendido tú'', me decía. Yo pensaba que me estaba vacilando, pero hice la comprobación y es cierto que cuatro billetes del número premiado habían sido despachados aquí. De todas formas llamé a la central de Ávila para que me lo confirmaran, no sea que no fuera cierto e hiciera el ridículo», explica. Acto seguido comenzó a abrir botellas de champán y a brindar. Los vecinos se acercaban estupefactos y ella les explicaba lo ocurrido. «Pero Sandra, déjame que te haga una fotografía, éste es un momento histórico», le grita un repartidor que ha parado la furgoneta frente a la administración. La señora Antonia la mira con peor cara: «Pero no se enfade conmigo, que yo no sé a quién se lo he vendido», le responde Sandra ante el serio rictus de la octogenaria. El boca a boca corre rápido en El Barraco y en cuestión de media hora el local está abarrotado y Sandra y su madre, Mari Carmen, se enfundan la camiseta con el número ganador. Y la pregunta en ese momento es: ¿Quién tiene uno de esos cuatro décimos? Todos bromean, uno dice que lo ha escondido en casa, otro que es su vecino... pero nadie lo confirma. ¿Dónde está el nuevo millonario? «Nadie nos ha dicho que le haya tocado. Sabemos que se ha vendido aquí, pero quizá sea alguna persona de otro pueblo o quizá turistas, ya que es un municipio que, debido al auge de las casas rurales, cada vez tiene más foráneos», dice Sandra. Pero a ella eso le da igual porque «a mí me hace muy feliz el simple hecho de haberlo vendido, si nunca llego a saber quién ha sido el afortunado tampoco me importa, que lo disfrute como yo habría hecho». «Lo mejor sería que fuera alguien del pueblo, porque así el dinero se queda aquí, que nos lo hemos ganado. Hombre, yo no opino como mi hija, hubiera preferido llevar uno de los décimos premiados», dice entre risas Mari Carmen. Dos paisanos que aguardan en la esquina, frente al restaurante El Segoviano, comentan la jugada. «Seguro que el afortunado no es de aquí porque ya nos habríamos enterado, aunque también te digo otra cosa, quizá se lo esté callando porque como nos conocemos todos no quiere que luego le vayamos pidiendo, así que lo mismo está calladito. Pero antes o después nos enteraremos», razona Matías, que sólo llevaba encima cuatro décimos porque no es mucho de invertir en el azar lotero. «Mira, en este pueblo he visto como hay quien se gasta la pensión entera en lotería y luego va a comer al centro social. Eso no tiene ningún sentido», dice. Más que en los 400.000, él piensa ahora en el viaje de mañana. «Me voy a Benidorm, eso sí que es un paraíso, 23 grados me han dicho que hace allí», asegura. En voz baja, otros dos señores de mediana edad comentan la noticia del día y hacen sus cábalas: «Seguro que al que le ha tocado no lo dice porque así puede venderlo a más dinero y que otros lo utilicen para blanquear. Estoy convencido». Es el tema, no sólo del día sino, seguramente, del año. Continuamos con la búsqueda del premiado, pero nadie sabe nada. Salvo en la plaza del pueblo donde se congregan algunos vecinos para festejar lo ocurrido, el resto de El Barraco está desértico. En el centro de jubilados nos encontramos con el alcalde, que participa en la tradicional comida navideña de los ancianos. «Estamos todos muy emocionados, es una alegría que El Barraco haya sido el pueblo que por primera vez en la historia haya repartido el Gordo en Ávila, esto tiene su aliciente, ya hemos encontrado nuestro hueco en este sorteo y ahora sólo tenemos que esperar a seguir dando más y más premios», dice emocionado José María Manso González, que lleva 27 años al frente del consistorio. «Esta mañana me dijeron el nombre de un vecino que había sido uno de los afortunados, pero luego me lo desmintieron, lo que había ganado era la cesta de navidad de una rifa», cuenta entre risas. También se congratula de que esta buena noticia sirva también para dar más publicidad al pueblo. «Seguro que ahora viene más gente aquí a disfrutar de la tranquilidad y la buena gastronomía castellana. Mira, en verano duplicamos la población del pueblo, llegamos casi a 5.000, y sin tener en cuenta lo de la lotería, ahora seguro que se animan muchos más a venir», reivindica el político que milita en el Partido Popular, feliz por romper con la mala suerte que habían padecido durante dos siglos. ¿Querrá El Barraco convertirse en el nuevo Sort? ¿Será Sandra la digna sucesora de Doña Manolita? «Tiempo al tiempo», bromea ella.