Manipulador patológico

La Razón
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Sigo el «caso Marta del Castillo» desde el momento en que se produjo su asesinato a manos de Miguel Carcaño. He escrito infinidad de artículos sobre el tema y debatido en «La mañana de la 1», de TVE, donde suelo intervenir como analista criminológico. Creo, en mi modestia, que conozco bien los vericuetos del asunto, tanto desde la perspectiva de la investigación policial a pie de obra en Sevilla como en el ámbito judicial. Por ello, aventuro que Carcaño, mendaz patológico, no confesará motu proprio el lugar donde se halla el cadáver de Marta. Legalmente está en «su derecho» a no ponerse en la cabeza el casco con los cables inofensivos de la máquina P300 ODD-BALL, conocida como «test de la verdad». Si finalmente, por presión o por estrategia inconfesable se prestara a la prueba, procuraría desvirtuarla. Estamos ante un manipulador homicida. La P300 no es un artilugio televisivo tipo «máquina de la verdad». En criminología conocemos su rigor hace años. Se trata de un aparato (más bien una técnica) que viene usándose regularmente en el sector médico. Analiza los cambios eléctricos de la actividad cerebral del individuo ante estímulos externos como fotografías, sonidos o preguntas. No se precisan respuestas por parte del sujeto estudiado para interpretar los resultados. Obviamente, la negativa subrepticia a colaborar, contemplando inadecuadamente las imágenes o haciendo oídos sordos a los sonidos, añadiría dificultad al proceso médico-científico. Ya hay precedentes en España del uso de la P300. Hace unos meses un juez autorizó a la Policía de Zaragoza a utilizarlo con la anuencia del detenido por asesinato de su mujer y posterior desaparición del cuerpo. La P300 aún carece de validez judicial como prueba determinante, pero es de gran ayuda para los investigadores policiales a fin de encaminar el hilo conductor de sus pesquisas. Esperaremos acontecimientos.

Pte. de la Sociedad Española de de Criminología