Historia

Chernóbil tiene animales salvajes 30 años después del desastre

Una vieja lancha abandonada en el canal del río Pripyat en la Reserva Radioecológica Estatal dentro de la zona de exclusión a 30 kilómetros del reactor nuclear de Chernóbil, a algo más de 390 kilómetros de Minsk, Bielorrusia, el pasado 12 de abril de 2016.
Una vieja lancha abandonada en el canal del río Pripyat en la Reserva Radioecológica Estatal dentro de la zona de exclusión a 30 kilómetros del reactor nuclear de Chernóbil, a algo más de 390 kilómetros de Minsk, Bielorrusia, el pasado 12 de abril de 2016.

Las poblaciones de fauna silvestre abundan en los alrededores de la central nuclear de Chernóbil, ubicada a tres kilómetros de la localidad de Pripyat (Ucrania) y donde hace casi 30 años se produjo uno de los accidentes nucleares más graves de la historia, mientras escasea la presencia humana en la zona de alienación, esto es, el lugar de exclusión de unos 30 kilómetros alrededor de donde se produjo el desastre, informa Servimedia. Así lo atestigua un estudio realizado por científicos de la Universidad de Georgia (Estados Unidos). El trabajo, publicado en la revista ‘Frontiers in Ecology and the Environment’ y dirigido por James Beasley, es el primero que ha empleado estaciones olfativas con cámaras remotas para complementar una investigación previa que señala que los animales no se ven influidos por los niveles de radiación de Chernóbil. La zona de exclusión de Chernóbil abarca tierras fronterizas de Ucrania y Bielorrusia afectadas por la lluvia radiactiva del accidente, que ocurrió el 26 de abril de 1986. Dentro del área sur de Bielorrusia está la Reserva Radiactiva y Ecológica del Estado de Polesia, con más de 2.160 kilómetros cuadrados con bosques y tierras desérticas, cuyos niveles de radiación varían significativamente. En un estudio anterior, publicado el pasado otoño, se detectaron huellas de animales en la zona de exclusión. Beasley y su equipo utilizaron un método de investigación más sofisticado (estaciones de cámara remota) para corroborar este hallazgo. “El estudio anterior arrojó luz sobre el estado de las poblaciones de vida silvestre en la zona de exclusión, pero teníamos que respaldarlo”, indicó Beasley, profesor asistente del Laboratorio de Ecología del Río Savannah y de la Escuela Warnell de Ciencias Forestales

y Recursos Naturales, de la Universidad de Georgia. “Para este estudio hemos desplegado cámaras de manera sistemática en toda la sección bielorrusa de la zona de exclusión y capturamos la evidencia fotográfica –una fuerte evidencia- porque son imágenes que todo el mundo puede ver”, apuntó. La investigación se realizó durante cinco semanas con 30 cámaras en 94 sitios. Una cámara remota se colocó en una estructura de árbol durante siete días en cada lugar. Cada estación estaba equipada con un olor ácido graso para atraer a los animales. Sarah Webster, estudiante de grado del Laboratorio de Ecología del Río Savannah y de la Escuela Warnell, instaló las estaciones a aproximadamente tres kilómetros de distancia para evitar que los animales visitaran más de una estación durante un periodo de 24 horas. El equipo documentó todas las especies capturadas en las cámaras

y la frecuencia de sus visitas, específicamente carnívoros debido a su jerarquía en la cadena alimentaria, lo que les expone a recibir más contaminación no sólo de la presa de la que se alimentan, sino también directamente del medio ambiente a través del suelo, el agua y el aire. “Los carnívoros están a menudo en los niveles tróficos superiores de las redes alimentarias de los ecosistemas, por lo que son susceptibles a la bioacumulación de contaminantes”, dijo Webster, quien añadió que “pocos estudios han investigado en Chernóbil los efectos del nivel de contaminación en las poblaciones de especies en los niveles tróficos superiores”. Beasley y su equipo vieron a 14 especies de mamíferos en lo filmado por las cámaras. Los más frecuentes fueron el lobo gris, el jabalí euroasiático, el zorro rojo y el perro mapache, especies que se encuentran en el este de Asia y en Europa. Todos ellos fueron vistos cerca de las estaciones o dentro de las áreas más altamente contaminadas. “No se encontró ninguna evidencia para apoyar la idea de que las poblaciones están reprimidas en zonas altamente contaminadas”, señaló Beasley, quien agregó que “lo que se encontró fue que era más probable que estos animales se encuentren en sus zonas de hábitats preferidas, donde tienen las cosas que necesitan sobre alimentos y agua”.

Servimedia