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El agujero de la capa de ozono se reduce a mínimos desde 2002

El calentamiento estratosférico de los últimos días hacen prever que el agujero este año será menor. La capa, en peligro por los aerosoles, se está recuperando, según los estudios. Sin embargo, nuevas emisiones detectadas en Asia hacen temer por su total recuperación

El calentamiento estratosférico de los últimos días hacen prever que el agujero este año será menor. La capa, en peligro por los aerosoles, se está recuperando, según los estudios. Sin embargo, nuevas emisiones detectadas en Asia hacen temer por su total recuperación

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El Servicio Meteorológico Nacional de Argentina lleva unos días alertando de que el agujero de la capa de ozono puede afectar a la provincia de Tierra de Fuego. Un Súbito Calentamiento Estratosférico en el hemisferio sur, un fenómeno nada frecuente y que no se veía en las regiones meridionales del planeta desde 2002, “ha arrastrado el agujero hacia el sur el agujero y en Ushuaia (Argentina) ha provocado que lleven desde hace dos semanas en condiciones de agujero de ozono”, explica Alberto Redondas, investigador de ozono de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Entre quienes están midiendo el episodio están los miembros del Grupo de Investigación Antártica de la Universidad de Santiago de Chile y, aunque suene a apocalíptico, “no es ni bueno ni malo. Es sólo un fenómeno extraño”, dice Redondas. Este calentamiento está ligado a la desaparición del vórtice polar, una zona de vientos muy intensos que rodea el polo. Durante estos episodios, el viento disminuye y el aire se calienta tanto en la troposfera (capa de la atmósfera que va hasta los 10 km de altura y donde tienen lugar los procesos meteorológicos), como en la estratosfera (entre los 10 y lo 50 km de altura y donde reside la capa de ozono). Las consecuencias son dos: una que habrá cambios en el clima de esta primavera en esas latitudes y dos, que “con toda probabilidad el agujero de este año de la capa de ozono será más pequeño de lo normal y también más corto”, continúa Redondas.

El ozono es un gas muy raro en la atmósfera; se encuentra a unos 30 km de altura en concentraciones bajísimas, pero su presencia es fundamental para garantizar la vida en el planeta Tierra. Nos protege de la radiación ultravioleta del sol.

Las variaciones anuales se deben a que el agujero es dinámico. Es decir, se forma en las regiones ecuatoriales y de ahí se traslada hacia los polos. Esta transporte es estacional y va variando cada año. Las mediciones constantes que realizan el equipo de Chile y otros tantos grupos en todo el mundo sirven para verificar que el agujero creado por las emisiones humanas (y detectado por primera vez a mitad de los 80) se va cerrando. “El agujero se forma durante la primavera austral como consecuencia de las emisiones de clorofluorocarbonos especialmente de las ciudades. Los CFC contienen cloro y bromo y tienen una vida larga porque son muy estables y permanecen muchos años en la atmósfera. Estos CFC viajan hacia los polos gracias a la circulación atmosférica, donde destruyen ozono en reacciones que ocurren en presencia de radiación solar y a muy baja temperatura, lo que suele ocurrir al inicio de la primavera austral”, explica Natalia Calvo, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid y experta del panel de Evaluación Científica sobre el estado del Ozono en la Atmósfera.

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Lenta recuperación

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El último informe presentado por Naciones Unidas, Ozone Assessment 2018, asegura que la capa de ozono se estaba recuperando a razón de entre el uno y el tres por ciento por década. De seguir así para 2060 podría estar igual que antes del 85. Si en el año 2000 el agujero sobre la Antártida era unas 60 veces más grande que España y ocupaba 29,9 millones de km2, en 2018 rondaba los 25 millones de km2, el tamaño de América del Norte. El informe también señalaba que cada año el agujero se forma más tarde.

Las afirmaciones de la ONU ponían en valor el éxito del Protocolo de Montreal de 1989 con el que se aceptó reducir los niveles de consumo y producción de estos compuestos CFC de larga duración. “Una parte de la recuperación se debe a que hemos dejado de emitir esas sustancias que destruían la capa de ozono. Sin embargo, se calcula que en la atmósfera han desaparecido a penas entre un 15 y un 25% en todos estos años”, afirma Redondas. El hecho de que todavía se den grandes concentraciones de estas sustancias dañinas supone que hay una recuperación, pero que solo se observa en determinadas regiones del planeta.

Nuevas emisiones

Sin embargo, no todos son buenas noticias. Un estudio de finales del año pasado publicado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) analizaba datos sobre emisiones recopilados entre 2010 y 2015. Según sus investigaciones, habían detectado en Asia un incremento de las emisiones del cloroformo, una sustancia que se usa para fabricar teflón o refrigerantes. Este compuesto se descompone rápido en la atmósfera y, por tanto, estaba fuera del Protocolo de Montreal. Pero al igual que los CFC, se transforma en cloro en la estratosfera y destruye el ozono.

Las nuevas emisiones, advierten, retrasará la recuperación de la capa entre cuatro y ocho años. “Desde finales de 2018 se empiezan a ver cosas raras. Hay gases que no se han reducido lo que debería. Los CFC han desaparecido en parte, entre un 15-25% porque son de larga vida, pero se observó que la emisión de otros gases de corta duración no estaba bajando. Además, vieron que el origen de dichas emisiones era China. Es importante decir que a partir de 2008 se han desmantelado muchas estaciones que vigilaban la capa de ozono y lo que ha sucedido en Asia demuestra que hay que seguir vigilando”.

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Tras este descubrimiento llegó una nueva actualización del Protocolo de Montreal. A primeros de este año se aprobaba la enmienda Kigali con el fin de incluir nuevas reducciones de emisiones en la lista de los llamados globalmente «sustancias que agotan la capa de ozono (ODS) . Esta vez se recomienda reducir las emisiones de los gases hidrofluorocarbonos o HFC, que se empezaron a utilizar como sustitutos de los CFC después de su prohibición. Y aunque no destruyen ozono sí causan efecto invernadero.

Cambio climático

La relación entre el cambio climático y el ozono es ç2uno de las grandes temas de estudio de los últimos años. Hace una década se decía que no tenían nada que ver, pero es mentira. Ambos se influyen. Una reciente publicación en la revista Nature, Retos para la recuperación de la capa de ozono, pone de manifiesto la cantidad de cosas que afectan al ozono: desde el cambio climático a las erupciones volcánicas. Incluso, algunas soluciones de geoingeniería para cambiar el clima”, dice Redondas.

“El aumento de gases de efecto invernadero implica un calentamiento de la troposfera y un enfriamiento de la estratosfera, junto con una aceleración de circulación meridiana media en la estratosfera que favorece la recuperación del ozono en regiones polares”, dice Calvo. Sin embargo, “hace 8 años se decía que se iba a recuperar y ahora hay incertidumbres sobre cuándo lo hará” matiza Redondas.