El síndrome de la mascota: orejas caídas y cara de bebé

Los animales domésticos podrían presentar deficiencias en una estructura cerca de la médula llamada cresta neural

Manchas blancas u orejas caídas son síntomas de irregularidad en la cresta neural
Manchas blancas u orejas caídas son síntomas de irregularidad en la cresta neural

Un estudio realizado acerca del síndrome de domesticación en mamíferos muestra que podrían presentar irregularidades en el desarrollo de la cresta neural, una estructura que se forma cerca de la médula espinal de los embriones de los vertebrados. Los investigadores Adam Wilkins, de la Universidad de Humboldt, Richard Wrangham, de la Universidad de Harvard, y Tecumseh Fitch, de la Universidad de Viena, propusieron una hipótesis que explicaba el motivo por el que los animales domesticados presentan rasgos característicos, como orejas caídas, caras de bebé y despigmentación en la piel respecto a los salvajes. Como explican, estas diferencias surgen a partir de un grupo de células madre embrionarias que forman la denominada cresta neural. Y es que, como exponen los científicos, existe la posibilidad de que al domesticar a los mamíferos, los humanos hayan seleccionado, sin querer, a los animales que presentaban deficiencias en dicha cresta, lo que hace que las glándulas suprarrenales sean menores y, por tanto, tengan un comportamiento más dócil y no sean tan salvajes.

Como explica a LA RAZÓN la asistente de editorial de la revista «Genetics», Cristy Gelling, «aún es pronto para saber si los animales domésticos tienen problemas en el desarrollo de la cresta neural, puesto que lo que dan los investigadores es una hipótesis que todavía no ha sido verificada». Sin embargo, se sabe que muchas de las características típicas de mamíferos domésticos, como por ejemplo, manchas blancas, mandíbulas más pequeñas o las orejas caídas, pueden ser causadas por cambios en el desarrollo de dicha cresta. Además, explica que «se desconocen los problemas de desarrollo y migración de las células de esta estructura, pero probablemente serán cambios muy sutiles, puesto que si fueran cambios importantes podrían ser letales» y afirma que la mayor parte de los animales domésticos son diferentes a sus ancestros salvajes y que «los humanos han domesticado a esos animales para mejorar las características específicas, algunas veces de forma deliberada y otras de forma accidental. En esta hipótesis, los autores sugieren que los humanos escogieron para criar aquellos animales que infunden menos miedo, y, por lo tanto, accidentalmente escogieron a aquellos con específicos y pequeños cambios en las glándulas suprarrenales, de forma que estas fueran más pequeñas». Esos cambios pueden ser debidos a alteraciones en el desarrollo o la migración de la cresta neural, dado que las células de esta estructura dan lugar a partes específicas de las glándulas suprarrenales.

Pero este estudio sobre el síndrome de domesticación en mamíferos también fue investigado por el doctor Belyaev en 1948. Comenzó realizando un experimento con zorros plateados mediante los que pretendía producir animales cuyo comportamiento se pareciese al de un perro doméstico. El resultado de su investigación fue asombroso, y es que, después de tan sólo 45 generaciones, los zorros cambiaron su forma, su comportamiento e incluso su color. Tenían el cráneo más pequeño, los dientes caninos y las mandíbulas más pequeñas, sus pies estaban manchados, las colas se habían enroscado y cerrado y las orejas estaban caídas. Esto quería decir que había domesticado una población de animales salvajes y, además, había descubierto la fórmula por la que el lobo se convirtió en perro. Y es que, como apunta Nuria Tabares, veterinaria miembro del Comité de Veterinarios para la Protección de los Animales del Colegio de Veterinarios de Barcelona, «son los humanos quienes seleccionan de manera inconsciente a aquellos animales que, por distintas razones, les transmiten más empatía y tienen un mejor comportamiento». Afirma que, en el caso de los perros, «se pretendía domesticar una especie salvaje, que era el lobo, y es por ello por lo que se pueden producir esos cambios en la cresta neural». Según explica Nuria, «hoy en día los seres humanos domestican y patentan aquellas especies que prefieren por encima de otras, como es el caso del perro sin pelo chino para aquellos que les molestaba tener que estar limpiando su casa debido a la caída del pelo de su mascota. Es por ello por lo que todo esto produce alteraciones en la genética de todos esos animales y por ello esas características determinadas de los animales domésticos frente a los salvajes».