La mantarraya no es viajera, como se creía

La conclusión, fruto de un nuevo estudio, mejorará las posibilidades de protección de esta especie

Un ejemplar de mantarraya
Un ejemplar de mantarraya

Las mantarrayas, una especie de pez cartilaginoso que puede vivir más de 40 años y alcanzar una envergadura de hasta siete metros, son realmente animales hogareños que no realizan viajes de largas distancias como se creía, según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Institución Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos) recogido por Servimedia.

El estudio, publicado en la revista ‘Biological Conservation’, tiene implicaciones importantes para conservación de esta especie amenazada. Para entender mejor sus viajes, los investigadores marcaron algunos de estos animales para rastrear sus desplazamientos por satélite y recogieron muestras de tejidos musculares de mantarrayas en cuatro sitios diferentes del Índico y el Pacífico, separados por entre 600 y 13.000 kilómetros.

Las mantarrayas (‘Manta birostris’) pasan gran parte de su vida nadando en entornos remotos del océano abierto, como montes submarinos e islas del litoral, en busca de plancton que flota libremente, su principal fuente de alimento.

Utilizando los datos del marcaje, con hasta seis meses de información sobre sus movimientos, junto con análisis de genética e isótopos estables en los tejidos recogidos, los investigadores hallaron que las mantarrayas se mantuvieron cerca de sus ubicaciones donde fueron marcadas y conforman subpoblaciones distintas con una conectividad limitada entre las regiones.

«Estos animales muestran un notable grado de comportamiento de residencia en comparación con las migraciones que esperábamos», apunta Joshua Stewart, doctorando del Instituto Scripps de Oceanografía, investigador del Programa Marino del Golfo de California y autor principal del estudio.

Stewart indica que, “aunque las mantas hacen movimientos de larga distancia de vez en cuando, parece que la norma es no moverse”. “Esto significa que cualquier población de mantas es altamente susceptible a la pesca y a otros impactos humanos, pero las poblaciones locales también están protegidas con mayor facilidad».

Las poblaciones de mantas y las estrechamente relacionadas rayas ‘mobula’ están en declive en todo el mundo debido a la pesca de sus branquias, que se utilizan en la medicina tradicional china, y por la captura accidental.

Los científicos habían asumido previamente que las mantarrayas eran animales viajeros de largas distancias, similares a otros grandes vertebrados marinos como tiburones, atunes y ballenas. «Hemos encontrado que estos patrones de residencia siguen siendo ciertos en varios años y escalas de tiempo generacionales, tanto con separación genética como isotópica entre las poblaciones», señala Stewart. Según los autores, este estudio demuestra que las mantarrayas pueden ser eficazmente protegidas por estrategias de gestión locales y regionales que a menudo no se consideran viables para las especies altamente migratorias. «La investigación que hemos realizado ha demostrado que tal vez las estrategias de gestión más eficaces para mantarrayas oceánicas vendrán desde los niveles local y nacional», añade Calvin Beale, del Proyecto Manta Misool y coautor del estudio.

Por ejemplo, las poblaciones de mantarrayas de Indonesia parecen residir exclusivamente en las aguas de este país, donde hay una moratoria total sobre la pesca de estos peces y las áreas marinas protegidas cubren una parte sustancial de zonas de influencia. «Si más países siguen su ejemplo y protegen a sus poblaciones locales de mantas, las perspectivas para la especie puede mejorar a partir de la trayectoria actual a la baja», subraya Beale.

En un estudio publicado recientemente en la revista ‘Zoology’, Stewart y su equipo analizaron los comportamientos de buceo de seis mantarrayas etiquetadas por satélite en el Archipiélago de Revillagigedo (México) y encontraron cambios estacionales en sus comportamientos, probablemente por modificaciones en la ubicación y la disponibilidad de su presa principal, el zooplancton. «Este estudio adicional ayuda a explicar por qué las mantas pueden permanecer residentes, a diferencia de la mayoría de los otros grandes animales marinos», indica Stewart, quien concluye: «En lugar de moverse horizontalmente en largas distancias para realizar un seguimiento de las presas específicas, parece que las mantas oceánicas son bastante flexibles en su comportamiento de alimentación, lo que les permite tal vez quedarse en vez de migrar».