Pablo Herreros: «Los animales sienten amor, desamor, celos, rencor, envidia...»

El antropólogo, sociólogo, animalista y divulgador fallecía este viernes a los 42 años. Esta entrevista se la concedió a Marta Robles esta misma semana sin imaginar tan fatal desenlace

Acaba de publicar «La inteligencia emocional de los animales» (Destino).

LA RAZÓN publica hoy la que quizás haya sido la última entrevista concedida por Pablo Herreros, que le dio a nuestra compañera Marta Robles a comienzos de esta misma semana. Esta misma mañana conocíamos la triste noticia de su prematuro fallecimiento, justo en plena campaña de promoción de su último libro, «La inteligencia emocional de los animales» (Destino). Esta es la entrevista que ha visto hoy la luz en la edición impresa y en la digital de nuestro diario.

Entrevista póstuma a Pablo Herreros

Por si a alguien le quedaba alguna duda, los animales también sienten emociones. No necesariamente de la misma manera que nosotros, claro, pero eso no significa que las nuestras sean mejores. Aunque hay que desengañarse, ellos no son más puros que nosotros. Se besan, se acompañan, se aman, pero también se traicionan y se hacen trampa. Los animales, co-
mo los seres humanos, no son iguales. Los hay buenos, malos y regulares. Pero todos, absolutamente todos, sienten y padecen. Como nosotros. O eso dice Pablo Herreros . «Sí, sienten Y, además, una variedad de sentimientos que hasta ahora no habíamos pensado, como el desamor, el enamoramiento, los celos, la venganza, el rencor e incluso la envidia».

No tengo por qué no creerle. Soy «animalera», como él dice, y los ojos de cualquier bicho me parecen repletos de inteligencia. Pero quiero pruebas. Saber cómo se puede testar todo esto. «Pues lo podemos ver a través del comportamiento o también con un análisis de hormonas. Es decir, cuando nosotros estamos alegres generamos serotonina, si les hacemos unos análisis a los animales y ellos también están segregándola en la misma circunstancia o contexto, podemos deducir que hay pruebas porque tenemos una serie de indicadores neurofisiológicos. Igualmente podemos observar el cerebro mediante imágenes. Hay varias metodologías para acceder al mundo interior de los animales».

Decimos animales y pensamos en perros, gatos, caballos... En general, mamíferos... No se me pasa por la cabeza considerar que las arañas sientan, pero, ¿lo harán? «En principio hablamos de mamíferos, pero también hemos encontrado una variedad de sentimientos alucinantes en otras familias, como, por ejemplo, pulpos, peces y, por supuesto, aves. Los cuervos hacen algo así como duelos, funerales a otros cuervos. Y existe la experiencia de un loro que se acercó a su entrenadora antes de que muriera para decirle que la quería. O sea que, en realidad, se nos quedan fuera muy pocos animales de los que no tengamos pruebas sobre sus sentimientos», explica.

Ha citado a los pulpos y tengo la sensación de que cuando nos los zampamos a la gallega no sabemos que se hacen sus casitas en el fondo del mar. «Así es. Las hacen con cocos para esconderse. En los acuarios, si se enfadan con sus cuidadores, se esconden en sus casas y cuando pasan les lanzan un chorro de agua para fastidiarlos». Pues he de decir que, con todo, tengo menos empatía con ellos, pero cuando veo a los gorilas en el zoo me estremezco. «No me extraña. Es inhumano, una atrocidad cómo tenemos a los animales en los zoológicos. A los simios, a los elefantes, que sabemos que tienen una inteligencia y una capacidad de sentir asombrosas... Yo creo que cada vez irá siendo más intolerable para las personas admitir este tipo de lugares».

Las personas nos creemos por encima de los animales. Y tal vez tiene que ver con que nosotros somos conscientes de la muerte y es posible que ellos no. «Es muy difícil saber qué significa la muerte para ellos. Pero sabemos lo que sienten cuando están enfermos. Recientemente, un chimpancé, que se estaba muriendo en Berlín, cuando vio a su cuidador después de muchísimos años se sentó en sus brazos. Igual era producto de la debilidad, de sentir que algo no iba bien, sin saber la trascendencia de lo que iba a pasar a continuación, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es qué sienten cuando ven morir a a otro. Y es mucho dolor. Se tiran días sin querer comer. Algunos se dejan morir de inanición... Las madres cuidan mucho a las crías cuando están enfermas, pero en lo que se refiere a la muerte, no sabemos nada, más que por deducción». Quizá si no saben de la muerte son más felices, pero yo siempre he creído que mi perro sufría cuando me marchaba porque no sabía si volvería. «Al principio sufren, sí. La ansiedad de la separación... Luego van aprendiendo que son periodos cortos y se van relajando».

El dolor de los toros

Los que no deben relajarse nada en absoluto son los toros, digo yo. «De esto sabemos mucho porque tenemos diversos indicadores, como que les aumenta la presión, las pupilas se les dilatan y esas son señales de dolor también. Cuando se les provocan heridas su cuerpo hace contracciones, pero antes, desde el primer momento, la excitación, el agotamiento y la ansiedad que sufren son obvios». Y me parece que todos lo notamos, aunque no queramos asumirlo.

Como tampoco queremos ver que, seguramente, cualquier insecto sufre con un spray asesino. «Pues, en principio, todos los animales que posean sistema nervioso tienen capacidad de sentir. Y algunos insectos lo tienen. Así que si les echamos sosa cáustica, por ejemplo, en las antenas se retuercen de dolor». ¿Y mienten, como nosotros? «Y tanto. Los monos capuchinos cuando se encuentran un cangrejo y se lo quieren quedar para ellos solos emiten una falsa señal de alarma para que los otros crean que viene un jaguar o un águila». Pues como los políticos... «A veces me los recuerdan...».