Para todos los gustos y sabores

España es un país tradicionalmente vinculado al café. Compartir el de media mañana es un acto social. Pero eso está cambiando al menos en parte. El té pisa fuerte entre las preferencias de nuestros conciudadanos.

España es un país tradicionalmente vinculado al café. Compartir el de media mañana es un acto social. Pero eso está cambiando al menos en parte. El té pisa fuerte entre las preferencias de nuestros conciudadanos.

No hablamos, claro, de algo nuevo, aunque sea cierto que las infusiones han sabido ponerse al día y recuperar terreno en ciertos mercados que parecían casi inaccesibles para responder a un tipo de consumidor que perseguía más que satisfacer una necesidad o cumplir con un hábito, disfrutar de una experiencia novedosa y grata para los sentidos. Usted mismo, lector, habrá podido comprobar como en la gran superficie habitual o en las calles de su entorno han surgido tiendas especializadas en té con una oferta para dar satisfacción a los entusiastas o los novicios en estas hierbas aromáticas extraordinarias y diversas en colores y sabores.

Porque los hay y cada vez más. El té es además inseparable del halo y la liturgia que le envuelven, como si no fuera suficiente con verter agua hirviendo sobre la bolsita de marras, pues hay un procedimiento reglado y recomendado por los fabricantes que especifica la temperatura del agua, los minutos de inmersión o las teteras y tazas en todas sus variantes. Hablamos en este caso de Occidente, porque, en los países que pueden considerarse como su cuna como China, La India y los estados musulmanes, la cosa es mucho más trivial en cuanto a que estamos ante una bebida tan común como el agua.

Con esa incidencia en los países más poblados del planeta, es lógico que sea la bebida más consumida después de ese líquido elemento incoloro, inodoro e insípido. Y en ese sentido, las magnitudes son extraordinarias. Cada día se consumen dos billones de tazas en el mundo. Los españoles ponemos nuestro granito de arena con más de 142 millones en cifras de 2018 y una buena tendencia alcista.

Sus virtudes no solo se concentran en su agradable sabor, que marida a la perfección en alguna de sus variantes con leche, limón o miel, sino que también en su haber cuentan las positivas propiedades para nuestra salud y su contribución a una vida saludable. Lo dicho, el té es, sin duda, toda una experiencia. Para los renuentes, inténtenlo, será casi imposible que no encuentren uno que les llene. Yo, por mi parte, les recomiendo el blanco.