«Podríamos llegar a Marte en 30 o 40 años»

LA RAZÓN charla con Scott Kelly sobre su año en el espacio. Con su misión, la NASA busca determinar si estamos física y mentalmente preparados para viajar al planeta rojo.

LA RAZÓN charla con Scott Kelly sobre su año en el espacio. Con su misión, la NASA busca determinar si estamos física y mentalmente preparados para viajar al planeta rojo.

El 2 de marzo de 2016, un equipo de la NASA ayudaba al astronauta Scott Kelly a salir de la cápsula Soyuz que le había llevado de vuelta a su planeta, la Tierra, tras 340 días conviviendo con su homólogo ruso, Mijaíl Korniyenko –al que él llama cariñosamente Misha–. Son los dos únicos hombres que han pasado tanto tiempo fuera de nuestra atmósfera, probando su capacidad física y mental en un entorno muy reducido –la Estación Espacial Internacional (EEI) mide 108 metros de punta a punta–.

El domingo aterrizó en Madrid acompañado de su pareja Amiko, pero en esta ocasión su misión es bastante diferente: difundir cómo ha sido su experiencia en el espacio a través de su libro «Resistencia» (Debate) en el que no sólo cuenta cómo fue su año «extraterrestre», sino cómo se convirtió en astronauta.

Atiende a LA RAZÓN mientras disfruta de una tapas en el centro de la capital y aún hoy recuerda a la perfección lo duros que fueron los primeros días en la Tierra, mientras su cuerpo se fue ajustando a la gravedad. «Me encontraba fatal. Fue mucho más duro que cuando pasé seis meses. Pero con los días, poco a poco, he ido mejorando y ahora no tengo ningún efecto secundario, tengo buena salud. Tanto, que estoy disfrutando del vino», afirma.

En su obra relata esos «reajustes» físicos: «Siento cómo se hinchan los tejidos de mis piernas». En el espacio, el corazón no bombea con tanta intensidad, ya que el sistema circulatorio no necesita hacer tanto esfuerzo. Esta es sólo una de las muchas consecuencias físicas del periodo fuera de nuestra atmósfera protectora y no es sólo la única. Fue el conocimiento de todos estos cambios lo que motivó la misión de Kelly. La Agencia norteamericana quería determinar a qué desafíos físicos y mentales se enfrenta el ser humano si, en un futuro no muy lejano, mandaran una misión a Marte. Y para ello, Kelly ya apunta a una fecha: «Creo que en 30 o 40 años podríamos llegar. Me aventuraría a decir que podría ser en 2030», aseveró durante la presentación del libro en el Espacio Fundación Telefónica que alberga una exposición sobre el planeta rojo. También tiene claro que «será una expedición internacional, en la que la NASA jugará un papel muy importante». Y no duda en postularse a viajar a 56 millones de kilómetros de distancia con una sola condición: «Sólo me interesa si puedo volver. Es más, creo que los que están interesados en montar una colonia allí cambiarían de idea tras unos días en la superficie marciana», bromea. Pero a la pregunta que nos planteamos muchos de si los humanos estamos o no preparados para pasar meses en una nave espacial con rumbo marciano su respuesta también es tajante: «Sí, estamos listos y claro que podríamos viajar hasta allí, pero tengo claro que no debemos abandonar la Tierra. El planeta rojo no es la tabla de salvación para el nuestro, debemos cuidarlo porque somos afortunados de tenerlo», insiste a este diario.

Aunque aún quedan varios meses para determinar cuáles son las consecuencias físicas del aislamiento espacial que sufrió Kelly, destacan un par de datos interesantes: su visión se vio afectada por la radiación – «eres capaz de ver los rayos cósmicos», reconoce– y sus telómeros –los extremos del cromosoma que marcan la edad biológica– «eran bastante más largos que los de mi hermano cuando regresé», lo que significa que, a pesar de ser gemelos, Scott tiene el ADN más joven que Mark.

Antes de ir a Marte, el astronauta estadounidense no descarta que pasar por la Luna no sea una buena idea, «como campo de prácticas, pero sólo si hay dinero para ello y no es nuestro caso», afirma tajante. Su respuesta va dirigida al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que hace unos meses anunció su intención de dar un nuevo viraje a la dirección que estaba llevando la NASA y, en lugar de centrarse en llegar a Marte –como había fomentado Obama, su predecesor– , ahora quiere volver al satélite. «No es más que un anuncio de publicidad, porque su plan no va acompañado de presupuesto. Además, en el año que lleva no ha sido capaz de nombrar un administrador para la Agencia».

También tiene claro que el turismo espacial no es el futuro, sino el presente: «No me extrañaría que en 15 o 20 meses, Space X anuncie vuelos extraorbitales». Y no sólo eso, Kelly también vaticina que «en 100 años seguramente nos podamos meter en una nave galáctica y llegar a Nueva York en 20 minutos». Toda una revolución.

Sin duda, lo que más echó de menos este piloto fue a su familia, pero no sólo eso, «cosas como el aire, la lluvia, pasear por un bosque no son importantes para los humanos hasta que te aislas tanto tiempo». Los días en los que ese aislamiento se convierte en insostenible, Kelly siempre echaba mano del único libro que se llevó «Endurance. El legendario viaje de Shackleton», que narra los dos años de travesía de este explorador. ¿Los astronautas son los aventureros de este siglo? «Sin duda, somos exploradores, lo llevamos en nuestro ADN».