¿Por qué dejan de volar los aviones en Arizona?

Los termómetros en Phoenix alcanzan los 49 grados. Los modelos utilizados en traslados regionales no pueden despegar a más de 47.

Los termómetros en Phoenix alcanzan los 49 grados. Los modelos utilizados en traslados regionales no pueden despegar a más de 47.

En el aeropuerto de Phoenix, Arizona, han anunciado una medida inusual. Más de 20 vuelos regionales han sido cancelados esta semana por culpa del calor. No es la primera vez que las condiciones extremas de temperatura obligan a reajustar el calendario de vuelos, pero en esta ocasión el número de aviones afectados llama la atención.

Arizona vive una de las olas de calor más grandes que se recuerda. Con temperaturas de hasta 49 grados, los termómetros han superado registros solo alcanzados tres veces en los últimos 22 años. Como resultado de ello, American Airlines ha tenido que suspender 50 vuelos regionales de forma preventiva. Los aviones, especialmente los más pequeños, son incapaces de despegar.

La razón la encontramos en la física. Cuando se dan condiciones de calor extremo, la densidad del aire disminuye. Eso provoca un cambio en la capacidad de sustentación de las alas. En temperaturas normales el aire es más denso. La fricción y el desplazamiento del aire que provoca la forma ondulada del aire genera más presión hacia arriba, más sustentación. El calor expande la distancia entre las moléculas del aire y reduce la fricción y la presión vertical. La mayoría de los vuelos comerciales han resuelto este problema y el diseño de los aviones permite volar a altísimas temperaturas. En ocasiones se recomienda reducir la carga de pasajeros y equipajes como medida de seguridad.Pero algunos modelos de avión, como el CRJ Bombardier, muy habituales en los traslados regionales en EE UU, cuentan con una temperatura máxima de operación de 47 grados. El problema de la densidad del aire no se reduce a las alas. Cuando el aire es menos denso por el calor, también es menos rico en oxígeno. El oxígeno es necesario para realizar la combustión de los motores. De manera que los reactores pueden operar con menor potencia si la temperatura sube demasiado. La combinación parece evidente: con menor capacidad de sustentación y menor potencia de motores, despegar en medio de una ola de calor requiere mas longitud de pista.

Los técnicos hablan h de «costes ocultos» de las olas de calor al referirse a estos sucesos no siempre conocidos. En el caso del aeropuerto de Phoenix, estos costes van a ir, sin duda, al alza. Se trata de la segunda ciudad en la que más han aumentado las temperaturas en los últimos años en todo Estados Unidos, después de Miami.

La localidad de Arizona es un claro ejemplo de «isla de calor». Algo que también afecta a urbes españolas como Madrid y Barcelona. Recientemente, investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid han estudiado el comportamiento de estas islas de calor urbanas en España. Se sabe que la sustitución de masa vegetal por edificios de hormigón y suelos de asfalto genera una mayor absorción de radiación solar y se emite más calor al aire circundante. El microclima que esto provoca alrededor de la ciudad puede aportar hasta seis grados de temperatura extra en una localidad como Madrid. Esto quiere decir que en un episodio veraniego no es extraño que en Ciudad Universitaria se duerma a 27 grados y en Ventas a 33.

Pero los costes ocultos de una ola de calor pueden ser mucho más dramáticos. Un informe de la revista Nature Climate Change alerta que la mitad de la población mundial estará expuesta a olas de calor graves en 2100. De hecho, Phoenix vuelven a llevarse quí la peor parte. Dicen los científicos que la tórrida ciudad de Arizona se parecerá dentro de 50 años, climatológicamente hablando, a Kuwait City. ¿Cuántos vuelos dejarán entonces de despegar?