Paso del tiempo

La razón por la que tus padres mayores no quieren tirar nada no es la terquedad ni el síndrome de diógenes

El apego a los objetos en la vejez no siempre responde a un problema psicológico

La razón por la que tus padres mayores no quieren tirar nada no es la terquedad ni el síndrome de diógenes
La razón por la que tus padres mayores no quieren tirar nada no es la terquedad ni el síndrome de diógenesPixabay

Quien convive o ha convivido con personas de edad avanzada lo habrá notado. Hay algo que casi todos tienen en común: la dificultad para desprenderse de objetos. Colecciones de libros que ni han leído ni van a leer, herramientas oxidadas, electrodomésticos que ya no funcionan, ropa que no se usa desde hace décadas o muebles que ocupan espacio sin cumplir ninguna función práctica.

Mientras las generaciones más jóvenes tienden a vivir bajo la lógica de lo reemplazable, comprar, usar y sustituir, muchos adultos mayores conservan pertenencias que para otros no son más que trastos sin valor. Esa diferencia de perspectivas suele convertirse en motivo de conflicto familiar. Hijos que quieren “hacer limpieza” y padres que se niegan rotundamente a tirar nada. Lo que para unos es basura, para otros es parte de su vida.

Sin embargo, lo que a simple vista puede parecer terquedad o apego irracional tiene una explicación mucho más profunda.

El valor emocional frente al valor práctico

Los expertos en psicología del envejecimiento coinciden en que, a medida que pasan los años, las personas refuerzan su vínculo emocional con los recuerdos. Y los recuerdos, muchas veces, están asociados a objetos concretos.

Una herramienta vieja puede simbolizar años de trabajo. Una vajilla guardada en un armario puede evocar celebraciones familiares. Una radio antigua puede representar una etapa entera de juventud. El objeto no es importante por su utilidad actual, sino por la historia que contiene.

Para quien lo conserva, no es simplemente una cosa. Es una especie de testigo silencioso de momentos que ya no volverán.

El miedo invisible a perder la identidad

A medida que se envejece, también se producen pérdidas inevitables: amigos que fallecen, cambios físicos notables, jubilación, mudanzas o transformaciones en la estructura familiar. En ese contexto, los objetos actúan como anclas de estabilidad.

Deshacerse de ellos puede sentirse como renunciar a una parte de la propia identidad. No se trata solo de guardar cosas, sino de preservar capítulos de una vida que, en muchas ocasiones, ya nadie pregunta ni escucha con atención.

Generaciones que aprendieron a no desperdiciar

También influye el contexto histórico. Muchas personas mayores crecieron en épocas de escasez, posguerra o dificultades económicas. En aquellos años, nada se tiraba porque todo podía reutilizarse. Guardar era una forma de previsión, de seguridad ante un futuro incierto.

Esa mentalidad contrasta con la cultura actual, marcada por la inmediatez y el consumo rápido. Para quien ha vivido tiempos difíciles, desprenderse de algo que “todavía podría servir” resulta casi inconcebible.

Cuando el conflicto es una cuestión de incomprensión

En muchas familias, este choque generacional termina en discusiones. Donde los hijos ven acumulación, los padres ven recuerdos. Los primeros buscan orden y espacio. Los segundos buscan conservar sentido y continuidad.

Entender el trasfondo emocional puede cambiar por completo la forma de abordar la situación. En lugar de imponer una limpieza drástica, los especialistas recomiendan diálogo, escucha y procesos graduales. Preguntar por la historia detrás de un objeto puede convertir lo que parecía basura en una conversación muy valiosa.

Más que acumular, preservar memoria

El apego a los objetos en la vejez no siempre responde a un problema psicológico. En muchos casos es una manifestación natural del paso del tiempo. Es una forma de sostener la memoria cuando el presente cambia demasiado rápido.

Quizá el verdadero aprendizaje no esté en convencerles de tirar cosas, sino en comprender que, para ellos, esos objetos no ocupan espacio: ocupan recuerdos.