¿Se puede llevar pantalón corto a la oficina?

La subida de las temperaturas es proporcional al enfado de los trabajadores varones que tachan de «discriminación positiva» las normativas de algunas empresas. Los expertos en protocolo aseguran que «la ropa es una herramienta de comunicación muy poderosa» y que la empresa es quien debe elegir el «dress code»

DEL ZAPATO A LAS FLIP FLOP. Mientras que las mujeres suelen vestir prendas cortas en verano, es raro ver a un hombre con «shorts» y chanclas en el trabajo
DEL ZAPATO A LAS FLIP FLOP. Mientras que las mujeres suelen vestir prendas cortas en verano, es raro ver a un hombre con «shorts» y chanclas en el trabajo

En los Oscar de 2014, el músico y compositor Pharrell Williams acaparó todos los focos. De la mano de su esposa, Helen Lasichanh, posó con una vestimenta considerada poco ortodoxa para ser una de las galas más exclusivas del mundo. Ni corto ni perezoso, se plantó un esmoquin de pantalón corto, un diseño de Lanvin que dejaba los gemelos al descubierto. Para algunos, fue considerado una osadía; para otros, un síntoma de aperturismo que tuvo cierta acogida en posteriores colecciones de hombres. La gala se celebró en marzo, cuando las temperaturas aún no eran sofocantes, pero ahí estaba Williams reivindicando el pantalón corto para escenarios formales.

La prenda, que antes de la segunda Guerra Mundial estaba reservada únicamente para niños, es ahora un «must» en cualquier armario masculino... pero con restricciones. Muchas voces masculinas han levantado la voz contra la norma social que los limita. ¿Si Pharrell Williams puede llevarlos en los Oscar, por qué yo no en la oficina? Esa es la reivindicación de centenares de hombres que, además, ven cómo cada verano sus compañeras pueden acortar sus prendas mientras ellos tienen que sufrir con pantalones hasta el tobillo. Para denunciar tal discriminación, algunos han tirado de imaginación. Un trabajador británico de un «call-center» optó por enfundarse un vestido de su madre cuando le ordenaron que se cambiase al aparecer en bermudas. Su osadía fue recompensada y la empresa relajó la normativa para que él pudiese ir a trabajar más fresco. En España también contamos con anécdota viral, la protagonizada por un taxista de Vigo que desafió el «dress code» un día de intenso calor. Como no podía llevar pantalón corto, se colocó una falda, pero en este caso no contó con la solidaridad de los compañeros ni de la empresa, pues fue amonestado por falta de decoro.

Pero, ¿qué es lo que dice el protocolo? «No hay una norma general sobre esta cuestión, cada empresa decide su código de vestimenta, al igual que la etiqueta», apunta Marina Fernández, directora de comunicación y relaciones institucionales del grupo Escuela Internacional de Protocolo. Cada compañía, detalla, «dentro de su plan integral de comunicación, establece unos requerimientos dependiendo de la imagen que quiera trasmitir» porque «la ropa es una herramienta de comunicación súper potente que refuerza mensajes sin necesidad de trasladar una sola palabra». Asimismo, afirma Fernández, hay que tener en cuenta el «target», porque «no es lo mismo un repartidor que se pasa el día en la calle que el CEO de un banco familiar». «Hay que pensar muy bien la imagen que se quiere trasmitir al cliente», sostiene.

Tradicionalmente, el pantalón corto era una prenda reservada únicamente a los niños y, en Reino Unido, se considera incluso un elemento de estatus social. Por eso el príncipe Jorge, el hijo de los duques de Inglaterra, siempre viste con «short» sea invierno o verano. «Es algo muy inglés», explicó en su momento William Hanson, un experto en protocolo, a la edición británica de «Harpers Bazaar». «Los largos son para los chicos mayores y los hombres, mientras que los cortos son uno de esos silenciosos marcadores de clase social que tenemos en Inglaterra. A pesar de que los tiempos están cambiando, los pantalones largos siguen considerándose de clase media bastante suburbana».

Pero una vez que el infante cumple los ocho años deben desaparecer totalmente de su fondo de armario. Ya lo dijo Winston Churchill: «Son una terrible opción de moda, a no ser que sean unas Bermudas», en lo que podría considerarse una especie de beneplácito a las tropas inglesas desplazadas a las Islas Bermudas en 1816. Cuando el Ejército aterrizó en el Caribe, los soldados tomaron la drástica decisión de recortar su uniforme para hacer más llevadero aquel clima tropical tan agobiante. La idea tuvo tanto éxito, que pronto fue copiada entre la población, pero todavía persiste la creencia de que, en hombres, deben quedar relegados a climas cálidos y contextos vacacionales.

Adiós al lino

«En las oficinas no tiene sentido que un hombre quiera ir en pantalón corto por el tema del aire acondicionado. Es más, suele ocurrir lo contrario: que la gente en verano, en sus trabajos, se eche capas encima en vez de quitárselas por la potencia a la que ponen las máquinas», opina José Luis Díez Garde, periodista especializado en moda y comisario de la exposición «Cuerpo inventado». Aunque los códigos se están relajando, sostiene, «en el entorno del trabajo no podemos vestir igual que en un bar». Garde considera que «está igual de mal que un hombre lleve bermudas que una mujer minifalda» y ofrece otras opciones para ellos: «Pueden llevar un pantalón chino de algodón, que llegue hasta el tobillo combinado con una camisa, nunca de lino porque es muy ''sport'', remangada hasta el antebrazo».

Es cierto que la etiqueta tradicional no contempla esta prenda para entornos laborales, pero como bien indica Marina Fernández «el protocolo, al contrario de lo que la gente piensa, es muy flexible y se tiene que adaptar al servicio de unos objetivos. Debe contribuir a mejorar la cuenta de resultados si no lo estamos aplicando mal». Es por ello que en Silicon Valley poco importa como sus empleados vayan vestidos. Tienen plena libertad para presentarse en vaqueros, largos o cortos, en forro polar, zapatillas deportivas... e incluso chanclas. En la cuna de la tecnología los cánones estéticos vigentes empezaron a desmoronarse por completo y cada cual puede aparecer como le venga en gana. Lo único importante es la materia prima de los trabajadores, sus conocimientos y creatividad. De hecho, el propio co fundador de Google, Sergey Brin, cuya fortuna ronda los 18.700 millones de dólares, no tuvo ningún problema en dirigirse a la Prensa vestido de ciclista.

Ahora, esta política se está extendiendo a otras compañías más conservadoras para atraer a ese talento joven y creativo: IBM o general Electric son algunas de las que están rebajando sus códigos de vestimenta... incluso Goldman Sach, el quinto mayor banco por activos de EE.UU., que intenta virar hacia una compañía tecnológica. En España está ocurriendo algo parecido, según el director general de Infoempleo, Jorge Guelbenzú. Advierte que todavía en las empresas de carácter tradicional el «dress code» es más restrictivo, sobre todo, si trabajan de cara al público o es venta directa. Pero «como muchas grandes empresas están teniendo que incorporar a perfiles tecnológicos, han flexibilizado las normas estéticas, para atraer a estos talentos y retenerlos, porque en España escasean».

Regímenes de visibilidad

También los hay que plantean que la prohibición del pantalón corto entre los hombres es una cuestión de sexismo. ¿Por qué las mujeres pueden enseñar las piernas en la oficina y ellos no? El catedrático de Teoría de la Información y reconocido experto en Semiótica de la Moda Jorge Lozano rechaza esa teoría y apunta a que «es la moda la que establece los regímenes de visibilidad», que han ido cambiando a lo largo del tiempo: «Lo que antes solo se podía ver un poco, por ejemplo, los tobillos, ahora se puede ver completamente la pierna entera. Ha habido también épocas en la que solo se podía enseñar el escote y viceversa», explica.

Mientras que sobre la longitud del vestido «hay un sinfín de teorías sobre cómo ha ido cambiando», existen cosas que en moda perduran en el tiempo, como «el pantalón, el Channel número 5 o las gabardinas». «Yo llevo el mismo bajo de pantalón que mi abuelo y mi padre, los cambios en la moda masculina no son tan drásticos, por eso los hombres no pueden llevar falda». En este sentido, recuerda al gran sastre Paul Poiret. El llamado «rey de la moda», que liberó a la mujer del corsé, se cobró un escándalo de enormes dimensiones al presentar en 1911 su falda pantalón. «Fue demasiado rápido porque la influencia oriental todavía quedaba demasiado lejos», explica Lozano. A parte de a Miguel Bosé, «veremos a hombres con falda cuando previamente se pasee la gente con pareos por las ciudades», añade.

La posibilidad de que la chica pueda enseñar las piernas es tan plausible como al contrario en épocas de más escote. Es la moda la que establece los regímenes de visibilidad y una vez establecido lo que antes no se podía ver luego estaba permitido.