«Gravity» podría ocurrir

Intentan recuperar el control de la nave no tripulada que lleva avituallamiento a la Estación Espacial Internacional y que no ha podido acoplarse.

En la película de Alfonso Cuarón, la basura espacial daña irreparablemente el transbordador espacial. Ayer, se perdió el control de una nave rusa no tripulada que llevaba abastecimientos a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés).

«En las primeras horas de la madrugada, la nave no tripulada «Progress 59» fue lanzada desde Kazajstán con abastecimiento para la Estación Espacial Internacional. El lanzamiento fue perfecto hasta que entró en órbita. En ese momento hubo un problema con las comunicaciones. Los controladores en Rusia no pudieron confirmar el despliegue de las antenas de navegación o la represurización de los colectores del sistema de propulsión». Así explicaba la NASA lo ocurrido. A lo largo de varias horas y cuatros «vuelos» sucesivos sobre estaciones en tierra, los controladores aéreos cerca de Moscú intentaron por todos los medios controlar la nave enviando diferentes órdenes, pero no hubo ninguna prueba de que éstas fueran llevadas a cabo o siquiera recibidas. Lo último que se supo de forma fiable es que se separó de los propulsores y desplegó los paneles solares. Luego, silencio. Supuestamente ayer debía entrar en contacto con la ISS, pero al mostrarse imposible los rusos propusieron alargar hasta el jueves la maniobra, mientras intentaban estabilizar la nave, ya que el sistema de vídeo de a bordo mostraba que estaba girando de modo descontrolado y la Tierra aparecía y desaparecía con vertiginosa velocidad. Viendo la rapidez es dudoso que se pueda volver a ganar control sobre ella, por lo que la NASA ha cancelado esta fecha. La especulación más probable es que, si no se puede recuperar, la nave vuelva al planeta y en su reentrada a la atmósfera, se queme.

La represurización, uno de los fallos detectados, permitiría que la nave «comenzara a realizar una secuencia programada de encendido de los propulsores que la llevarían a encontrarse con la ISS seis horas después del lanzamiento», explicaba la NASA.

La «Progress 59» estaba cargada con unas tres toneladas de equipo y abastecimiento para los astronautas dentro de la ISS. Según el manifiesto de a bordo, se trata de unos 843 kilos de material para experimentos científicos, 542 kg de herramientas para el mantenimiento de la estación, 499 kg de comida, ropa y otras provisiones para los seis miembros de la tripulación, 23 kg de material para los paseos espaciales y 15 kg de ordenadores y cámaras. Para hacerse una idea, se necesitan unos 3.630 kilos de alimento para mantener a una tripulación de tres miembros durante seis meses, según cifras de la NASA. La Agencia Espacial de Estados Unidos afirmó que los seis miembros de la tripulación no están en peligro por ahora. Los módulos «Progress» y sus propulsores «Soyuz» son considerados muy fiables. Éste es el segundo fallo en los 16 años de trabajo de la ISS. El anterior fue en 2011. Aunque una misión de Estados Unidos, también con el propósito de abastecer a la ISS, tuvo un fallo a finales del año pasado.

Esta cadena de accidentes ha puesto en alerta a los responsables de la ISS por varios motivos. Si bien la estación tiene suficiente alimento para que sus habitantes no pasen hambre en los próximos cuatro meses, el ritmo de lanzamientos para enviar material se está alterando. Los implicados en esta tarea son los rusos, estadounidenses, japoneses y la empresa privada Space X. Esta última fue la más reciente visitante de la ISS, por lo que los rusos ahora mismo están en apuros y sólo quedan Estados Unidos y Japón. Y una misión de este calibre, por más que demore unas horas en completar el viaje, requiere de al menos dos meses de planificación, a menos que Estados Unidos quiera ampliar el contrato que firmaron con Space X por dos mil millones de dólares y 15 misiones hasta 2017.

Por otro lado no sólo está en juego el tema de los víveres, sino también el agua y el oxígeno. La ISS produce oxígeno para que los astronautas respiren por tres métodos diferentes. El más habitual es la electrólisis, mediante electricidad el agua se separa en oxígeno e hidrógeno. El primero se introduce en la cabina y el otro, explosivo, se lanza fuera. También hay tanques de oxígeno presurizado que se rellenan con las «visitas» que recibe la ISS y, por último, se puede generar químicamente a partir de perclorato de litio almacenado en tres depósitos (cada uno con suficiente cantidad para dar oxígeno durante un día).

Es decir, en temas de abastecimiento, el agua no sólo es vital para hidratación, sino también para la respiración. Y, finalmente, está el tema de la propia «Progress». Girando descontrolada a más de 20.000 kilómetros por hora, puede convertirse en un proyectil de temer. Las agencias espaciales están intentando anticipar trayectorias y mantienen informados a los seis tripulantes, pero un impacto a esta velocidad podría provocar grandes daños. La ISS tiene dos sistemas de protección. El destinado a las partículas más pequeñas es conocido como Escudo Whipple, una suerte de parachoques que se emplaza a cierta distancia de la nave y absorbe los golpes. El segundo mecanismo es... la huida. Se avisa a los tripulantes del peligro y estos activan los propulsores para huir de la trayectoria. Hasta ahora este último sistema debió ponerse a prueba unas 16 veces. En una de ellas, los restos pasaron apenas a 250 metros de la ISS y se debió realizar una evacuación de emergencia a las naves «Soyuz» acopladas a la estación.

No se puede anticipar qué ocurrirá en esta ocasión, pero todos los protocolos están alertas para evitar cualquier desastre.