Tres de cada 10 niños sufre trastornos por el sueño antes de los cinco años

Un 30% de los niños puede tener algún trastorno relacionado con el sueño antes de los cinco años, ha señalado hoy la doctora Salomé Albi, especialista en Neumología Pediátrica del Hospital Infanta Leonor. La doctora ha sido una de las ponentes del XX Congreso de Neumomadrid, la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica, que reúne estos días a unos 400 neumólogos, cirujanos torácicos, médicos de Atención Primaria y personal de Enfermería. Albí ha explicado que los problemas respiratorios del sueño suponen una patología muy importante en los niños, sobre todo por las repercusiones en su desarrollo y la alteración de su calidad de vida.

La patología respiratoria más habitual es el síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS), cuya prevalencia se estima en entre el 3 y el 4 por ciento de los niños. Aunque el sueño de los niños es una actividad cambiante que se modifica constantemente, la doctora Pilar Robles, del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro, ha advertido de que hay "síntomas clínicos de sospecha de déficit de sueño o de un sueño de mala calidad".

Los síntomas mayores son la presencia de 3 a 5 requerimientos de acción durante la noche; más de tres noches a la semana y varias semanas seguidas cuando el niño tiene más de un año; sospecha de somnolencia diurna excesiva; dificultad creciente de despertarlo por las mañanas; estado de excesiva irritación al despertar, y latencia de sueño mayor de media hora de manera habitual. Entre los calificados como menores, Robles ha señalado las dificultades de concentración y memoria sin otra causa médica; el deterioro del rendimiento escolar; el incremento de irritabilidad o aparición de conductas agresivas, y el aumento espontáneo y voluntario del tiempo de sueño acompañado de mejoría de la conducta.

Durante la mesa, moderada por la doctora Olga de la Serna, vocal de Pediatría de Neumomadrid, se ha repasado el perfil clínico de estos trastornos, que pueden estar relacionados con hipertrofia adenoamigdalar (amigdalitis) -la causa más común de SAHS-, obesidad, síndrome de Down, alteraciones craneofaciales o enfermedades neuromusculares, así como datos de exploración más significativos. "Hay un escalón de pruebas que permiten una primera aproximación, como los cuestionarios clínicos y estudios de vídeo o audio, que ayudan, junto con la historia y la exploración física, a orientar la necesidad de más pruebas complementarias desde determinados ámbitos, como la Atención Primaria", detalla Albi.

El objetivo del diagnóstico es confirmar y cuantificar la presencia de eventos respiratorios (apneas/hipopneas) y su repercusión. "La prueba diagnóstica de referencia es la polisomnografía, un estudio reglado realizado en un laboratorio de sueño donde, además de parámetros cardiorrespiratorios, se valoran parámetros neurofisiológicos", indica la especialista del Hospital Infanta Leonor. En concreto, según explica Milagros Merino, del Servicio de Neurofisiología del Hospital Universitario La Paz, "los estudios polisomnográficos son una herramienta esencial para que el médico especialista en sueño realice el diagnóstico e inicie el tratamiento especifico".