Un año aceptando la cara de su donante

Las llamas borraron el rostro del bombero Patrick Hardison en 2001. Tras someterse a una operación de 26 horas hoy puede hacer vida normal.

Las llamas borraron el rostro del bombero Patrick Hardison en 2001. Tras someterse a una operación de 26 horas hoy puede hacer vida normal.

«Mis dos hijos pequeños jamás vieron cómo era mi cara antes del accidente. Son ellos los que han estado a mi lado operación tras operación», asegura Patrick Hardison. Un bombero de 42 años que, en 2001 perdió toda su cara. Él aún recuerda cómo el incidente de aquel fatídico día era uno más. En un principio les dijeron que no había nadie en la casa, pero el dueño empezó a dudar. Creía que su mujer estaba dentro. Hardison y sus compañeros no dudaron un segundo en entrar a salvar a la mujer. Ya en el interior, el techo se desmoronó y su cara desapareció. «No podía ver nada, pero notaba cómo todo se iba derritiendo sobre mí. Tuve que aguantar la respiración y saltar por la ventana», explicó Hardison a «USA Today». Sus compañeros no le reconocían. Perdió las orejas, la nariz, el pelo, los labios... Perdió su rostro.

Tras muchos intentos por recuperar la normalidad, el año pasado se sometió a una de las cirugías más complejas que se han hecho hasta el momento: un trasplante completo de cara. El rostro de David Rodebaugh, un mecánico de 26 años. En Estados Unidos, para ser donante debes inscribirte en un registro. David lo hizo poco antes de morir.

Pocos días antes del 11-S de 2015, una fecha importante para los norteamericanos, Hardison entró en un quirófano del Centro Médico NYU Langone de Nueva York, donde estuvo durante 26 horas seguidas. El cirujano plástico Eduardo Rodríguez lideró un equipo de 100 personas que, en todo momento sabían que existía un 50 por ciento de posibilidades de que la intervención fuera mal. Pero no fue así. El cambio fue completo: cráneo, cara, párpados, orejas, nariz y parte del mentón y las mejillas. «Poder darle a Pat este grado de independencia es una razón fundamental por la que asumimos la cirugía», afirmó el pasado jueves el doctor Rodríguez. Y es que la evolución de este bombero en sólo un año deja a todos boquiabiertos.

Durante estos doce meses, su organismo no ha intentado rechazar el nuevo rostro, «un logro inédito entre las personas que se han sometido al procedimiento», afirman desde el centro médico. A lo largo de este tiempo, le han tenido que ir ajustando los nuevos párpados y labios; le han retirado el tubo de alimentación del abdomen y el de respiración de la tráquea. Gracias a todo ello, ha podido volver a hacer las cosas que le gustan y que desde 2001 no podía como conducir el coche o salir a nadar. Patrick ya no asusta. Antes se escondía tras las gafas de sol y las gorras de béisbol. Ahora sólo las utiliza para protegerse del sol. «La cirugía me ha devuelto la vida», afirma Hardison. «Me ha permitido hacer cosas con mi familia. No puedo explicarle la sensación de libertad tan grande que siento con tan sólo llevar a mis hijos a la escuela en coche. Hace unos días nos fuimos de vacaciones a Disney World y me bañé en la piscina. Algo que no había hecho en 15 años», cuenta el bombero emocionado.

«Ya no me miran fijamente, ni ningún niño asustado corre para alejarse de mí. Me parezco bastante a una persona normal», añade risueño el paciente que, desde su intervención, está muy unido a su cirujano.