La acusada de falsa denuncia de malos tratos: «No nací sumisa, sino soberbia y estridente»

Así se presentaba en una página de contactos Vanesa, detenida por fingir que su ex novio le pegó la vagina con pegamento.

Así se presentaba en una página de contactos Vanesa, detenida por fingir que su ex novio le pegó la vagina con pegamento. Él había estado cuatro veces en la cárcel por malos tratos, pero siempre volvía a salir. Quizá, la joven pensó que esta denuncia sería definitiva

«Incordio, luego existo. Me tengo a mí misma y con eso es más que suficiente... No me molesta pagar la cuenta ni abrir mi propia puerta porque no me dejo, no me quiebro, porque me sacudo las lágrimas, me acomodo el escote y sigo para alante. No nací sumisa, callada, quieta, frágil, sino soberbia, entrona y estridente... Cuando llego se nota y cuando me voy, se siente. Tengo todo para caerle muy bien o para caerle muy mal a la gente... Lo que decidan es su problema y, si no les gustan mis defectos déjenme decirles que ¡tengo más!». Así, echando mano de las palabras de una activista por los derechos de las mujeres, se define en una página de contactos Vanesa, de 36 años, detenida el pasado miércoles por denuncia falsa y simulación de delito al acusar a su ex pareja de haberla secuestrado y maltratado echándole pegamento en la vagina. La mujer declaró haber sido secuestrada unos días antes en la misma puerta de su casa en Fabero, un municipio leonés de la comarca del Bierzo.

Ocurría hacia las doce menos cuarto de la noche, se disponía a sacar al perro. Dos hombres se aproximan. Uno le agarra por el cuello, golpea su cabeza contra la pared y la amenaza: «cállate o mato a tu hijo». La mujer, aterrada, obedece. La introducen en un vehículo. En ese momento se da cuenta de que no lleva el teléfono que le había facilitado la Policía como víctima de violencia de género. Lo estaba cargando. La tapan los ojos con una media y viaja durante 41 minutos a una bodega de Bembibre, un municipio también leonés que se encuentra a 38 kilómetros de distancia. El destino es la bodega propiedad de la madre de Iván, de 31 años, el hombre con el que había mantenido una relación sentimental durante ocho meses y contra el que había presentado nueve denuncias por malos tratos y quebrantamientos de órdenes de alejamiento. Iván está esperándola. La mantiene maniatada, la insulta, abusa de ella y remata su acción cubriendo de pegamento la vagina de Vanesa. Escucha cómo ordena a sus secuestradores que la aten a las vías del tren y la dejen allí abandonada. Se orina de miedo. Pero sus raptores cambian de opinión y determinan abandonarla a su suerte semidesnuda a las afueras del pueblo. Tiene quemaduras, golpes en la cabeza...Vanesa echa a correr todo lo que puede en busca de auxilio. Encuentra una farmacia y allí relata su drama a la farmacéutica y, después, a la Guardia Civil.

Poco después, Iván era detenido e ingresaba en prisión otra vez. La cuarta. En el parte médico puede leerse: «Hematoma y tumoración en renglón frontal derecho, erosión y hematoma en canto externo del ojo izquierdo, presenta lesiones en ambas muñecas con eritema y zonas de presión que provoca dolor la movilización, lesión en región del pubis, que aparenta restos de pegamento, con dolor al intentar limpiarle estas lesiones y eritema en el muslo izquierdo con zona de quemaduras de primer grado y lesiones con restos de la misma sustancia del pubis. Aparenta pegamento, pero ella refiere que le echaron algo caliente por el cuerpo que no pudo ver porque tenía los ojos tapados con un trozo de panty».

No había ningún motivo para dudar de la versión de Vanesa y sí muchos para hacerlo de Iván por sus antecedentes. Habían mantenido una relación durante ocho meses, pero los tres que convivieron en la localidad leonesa de Fabero, cuando Iván dejó la casa de sus padres para vivir con su «reina», fueron los más conflictivos. Ella es auxiliar administrativo, aunque la mayor parte de su tiempo ha trabajado como limpiadora de oficinas. Ahora estaba en el paro recibía 426 euros mensuales. Hacía años que se había divorciado de su ex marido y la abogada que entonces llevó su separación por «diferencias irreconciliables la aconsejó que le denunciara a su ex por malos tratos para conseguir que el juez dictaminase que abandonase el domicilio familiar», lamenta Emilia Esteban, la abogada que durante un año y hasta hace unos días ha estado litigando por ella ante el supuesto maltrato que venía sufriendo de Iván.

Puede que Vanesa encontrase en ese malévolo consejo una vía para hacerle la vida imposible a Iván, con una incapacidad por un problema visual, pero muy habilidoso en el uso de las nuevas tecnologías, después de determinarse que el supuesto rapto, los abusos y vejaciones a los que aseguró haber sido sometida no eran más que una grotesca y cruel invención de Vanesa, según pudieron comprobar los investigadores. Ella misma había ido el día anterior a un chino a comprar el panty con el que supuestamente la taparon los ojos, unos cuchillos y la cinta aislante con la que fue maniatada. Las cámaras de seguridad del establecimiento la delatan. La joven aseguró haber pasado por las proximidades de la estación de tren, así que la Guardia Civil analizó las cámaras de seguridad de la zona y observó, sobre esas horas en las que Vanesa aseguraba haber sido trasladada, el paso de un coche negro que correspondía con el de un joven amigo de Vanesa, que aquella noche había accedido a convertirse su cómplice para fingir el secuestro. Confesó todo cuando varios agentes llamaron a su puerta en Camponaraya (León): él mismo había maniatado a la chica y la había dejado a las afueras del pueblo porque ella se lo había pedido expresamente. Después, Vanesa sólo se tenía que representar un drama que, con los antecedentes de maltrato de Iván, resultaba más que creíble.

La lista de las supuestas pruebas de maltrato de Iván es larga. El ahora dudoso calvario empieza en julio de 2015, a los veinte días de convivencia. Primero eran supuestamente agresiones psicológicas, insultos, empujones por cuestiones sin importancia aparente... Ella se arma de valor y decide cortar la relación. Pero él vuelve al pueblo y un vecino observa cómo la pega con un paraguas. Es el que interpone la denuncia ante la Guardia Civil. Vanesa presta declaración ante el juez, que fija una orden de protección contra el presunto agresor, que no acepta la ruptura e incumple el alejamiento. Sin embargo, esta vez el juez decide que no vaya a la cárcel hasta que no se esclarezca lo ocurrido.

No se da por vencido y vuelve a Fabero en busca de Vanesa vulnerando de nuevo el alejamiento. Iván es denunciado por abordarla detrás de una iglesia próxima a su casa, pegarle una paliza y tirarla por un murete. La mujer acude al hospital y, entonces, Iván es detenido e ingresa en prisión. Allí estuvo dos meses hasta que el juez autoriza su puesta en libertad provisional. Vuelve a quebrantar la orden de alejamiento y envía a Vanesa una carta amenazante. No está firmada por él, pero puede leerse: «¿Dónde estuviste? ¿con tu puto novio? Vi lo que te escribe por Facebook y fuiste al cine zorra de mierda... en el módulo 5 donde estaba tenías que estar tu limpiando, que se limpia mucho hija de puta y bien te gusta limpiar...». La carta motiva su regreso a prisión, pero al poco tiempo vuelve a quedar en libertad.

La secuencia de supuesto maltrato continuado se completa con otra historia que Vanesa denunció y en la que relata que Iván, aprovechando que tenía las llaves de su casa, entra en su domicilio e introduce en el fondo de un cajón con ropa interior «una nota con forma de pene en la que había pegado pelos y escrito frases amenazantes», dice la que hasta hace poco ha sido su abogada. Vuelve a prisión, pero finalmente deciden ponerle una pulsera telemática para seguir sus pasos fuera de la cárcel, con la consiguiente nueva orden de alejamiento. A todo esto se suman nuevas amenazas por internet. «This is the end», la amenaza a través de las redes sociales. El juez decide no ingresarlo en la cárcel porque ninguna de las causas abiertas se han podido probar, están en proceso de investigación. El magistrado decide que una persona no puede estar eternamente en prisión provisional.

Puede que Vanesa pensara que su última farsa fuera la definitiva para encerrar a Iván para siempre. Cuando su abogada descubrió el engaño «se me cayó el mundo encima, llevaba un año luchando por el caso y es el que más trabajo me ha dado. Creí a Vanesa desde el minuto cero, pero fue muy doloroso que, cuando fui a asistirla y se conoció el resultado de la investigación, ella me lo siguiera negando. ¿Cómo me ha podido traicionar de esta manera? No quiero pensar que todo lo que he hecho sea falso. Prefiero pensar que ha actuado por un miedo insuperable, porque estaba aterrada viendo que el juez dejaba a Iván en libertad una y otra vez. Vanesa ingresó en la prisión de León y la han aplicado el protocolo de prevención de suicidios. Su madre está destrozada».