¿Cómo deciden dónde poner un Pokémon?

En gran medida han sido los usuarios quienes han decidido dónde encontrar a estos bichejos, aunque también se ha contado con la ayuda de trabajadores de Google Maps y Google Earth.

El Parque del Retiro reunió a muchos jugadores del popular juego
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En gran medida han sido los usuarios quienes han decidido dónde encontrar a estos bichejos, aunque también se ha contado con la ayuda de trabajadores de Google Maps y Google Earth.

De acuerdo con cifras de AppInstitute.com en los siguientes 15 minutos, poco más de lo que le toma al lector promedio leer esta artículo, Pokémon Go habrá sido descargado unas 72.998 veces, lo que le daría a Nintendo y a su desarrollador unos 150.000 euros. Extrapolado a un día completo esto supone unos 7 millones de descargas y 13 millones de euros aproximadamente. Un estudio de la BBC señala también que Pokémon Go domina en las redes sociales. Sólo en la primera semana hubo 15,3 millones de tuits relacionados al juego, lo que en comparación con los 11,7 millones que tuvo el Brexit o los 7,5 de la Eurocopa, en idéntico periodo, demuestran su viralidad.

De dónde viene su éxito ya se ha analizado, al igual que sus facetas más curiosas. Ahora toca intentar comprender una de las facetas más interesantes de Pokémon Go: ¿Cómo deciden dónde ubicarlos?

Del mismo modo que si pensamos en Candy Crush y se nos ocurre una evolución más dinámica y compleja del tres en línea, Pokémon Go también tiene un antepasado que es el responsable en muchos sentidos de decidir la localización de estos monstruos de bolsillo. En 2010, John Hanke fundó Niantic tras vender la compañía Keyhole, el germen por así decirlo de Google Earth. Hanke también tuvo bastante que ver con Google Maps durante varios años, hasta que en 2012 creó Ingress, un juego de realidad aumentada en el que el objetivo era recorrer la ciudad a la búsqueda de portales que, básicamente, nos comunicarían con una raza de alienígenas capaces de enseñarnos a usar un nuevo tipo de materia que habían descubierto en el CERN. Ingress utilizaba la función GPS y la cámara para mostrar estos portales en la vida real. El juego tuvo un éxito moderado, pero había que darle una vuelta, ya que el concepto del juego era muy bueno. Así que, cuando en 2014, más precisamente el 1 de abril (días de los inocentes en los países anglosajones), Google lanzó un vídeo, a Hanke se le ocurrió una idea (o quizás el vídeo haya sido un globo de ensayo para ver qué repercusión tenía). El vídeo se llama Pokémon Challenge y era una «invitación» de Google para que los más aventureros atraparan a estos ya clásicos personajes en el mundo real. Quien más lograra atrapar, sería invitado a un campus de Google y condecorado como Pokémon Master. Todo terminó siendo una supuesta broma... El detalle es que el vídeo fue visto por casi 20 millones de personas.

Puede que haya sido una maniobra de marketing, una estrategia de evaluación o una coincidencia, pero en septiembre de 2015 se filtra que Niantic ya está trabajando en Pokémon Go con «muchos de los que han trabajado en Google Maps y Google Earth durante muchos años», confesaba Hanke en una entrevista a la web Mashable.

De este modo, para ubicar a los Pokémon Go, el equipo de Niantic sólo tuvo que trasladar todo lo aplicado en el juego Ingress al nuevo proyecto. «Básicamente –señala Hanke –definimos los lugares que queríamos que fueran parte del juego pensando en sitios que constituyeran lugares históricos, edificios con cierta historia o característica o una tienda muy reconocida». Sitios que Google Maps ya tenía y marcaba en sus consejos y sugerencias. Luego se les preguntó a los usuarios de Ingress qué otros sitios sugerirían como portales y de las 15 millones de sugerencias, una tercera parte fue aceptada. Esta base de datos se convirtió en una fuente tan consolidada que fue la piedra fundacional para Pokémon Go, no sólo para situar los personajes, sino también para ubicar gimnasios o Pokéstops, sitios donde recolectar huevos y otras recompensas.

De este modo fueron los usuarios los que decidieron en una importante medida dónde encontrar a estos bichejos. «Los Pokéstops, por ejemplo, han sido elegidos en base a los sitios que la gente visita –añade Hanke –. Hemos tenido unos dos años y medio de tiempo para que la gente vaya a diferentes sitios y señale dónde debería haber un portal para Ingress y hemos usado eso en Pokémon Go. Así es como ahora es posible hallar algún Pokémon en cualquier lugar entre el Polo Norte y la Antártida».

Pero eso sólo no basta. También existe una historia de fondo. Los Pokémon acuáticos, como Magikarp, Wartortle, Poliwag, Goldluck o Squirtles, se pueden encontrar cerca de sitios vinculados a un lago o un río. Y hay 18 tipos de Pokémon (tierra, hierba, voladores, roca, oscuridad...).

También se han utilizado clasificaciones geográficas, como la vegetación, el tipo de suelo, clases de minerales y rocas, para determinar qué Pokémon debería ubicarse en cada región. De ese modo, se definió, en cierto sentido, lo que podría denominarse el ecosistema de cada Pokémon.

El último ingrediente en esta receta ha sido la seguridad. Uno de los criterios fundamentales para situar los portales de Ingress (ahora convertidos en Pokéstops y gimnasios) es que fueran seguros y accesibles al público. También se intentó que los Pokémon no se excedieran en sus «paseos» a zonas de tráfico, carreteras o áreas privadas.

El pequeño inconveniente es que, desde Ingress han pasado varios años y muchos sitios han sido cerrados, han pasado a manos privadas (como una iglesia en Estados Unidos, que era lugar de culto y ahora es una casa), pero como estaban en la base de datos de Ingress han quedado como «una mutación» en el ADN transmitida a Pokémon Go.

Ésa es la razón por la cual a veces aparece un Pokémon en sitios en los que uno no debería entrar, por más que la tentación sea mucha. Dos claves para eludir esto sin infringir ninguna norma. La primera es que, apenas un Pokémon es visible, ya se puede interactuar con él, aunque se encuentre del otro lado de la valla. La otra opción, que a veces funciona, es cerrar la app y moverse un poco a un ángulo más cercano al centro del sitio en el que se encuentra nuestro objetivo, pero sin entrar en dicha ubicación. A menudo el GPS se deja engañar por esta triquiñuela y da por buena esta nueva localización. Como se dice habitualmente: hecha la ley, hecha la trampa.

Pero si las mutaciones genéticas pueden producir aberraciones, también son portadoras de ventajas. Quien quiera puede descargarse el juego Ingress y aprovecharse de ello para cazar los Pokémon más esquivos. Dado que la base de datos de Ingress es, en gran medida, la cartografía actual de Pokémon Go, basta buscar los sitios donde se encontrara la nueva materia (están señalados por una XM en los mapas de Ingress) y así hallar los monstruos de bolsillo más raros o los gimnasios mejor equipados.

Toda esta tecnología aplicada a un juego tendrá rápidas consecuencias en la vida cotidiana y no sería extraño que pronto haya una app que permita ubicar a los hijos mientras están jugando a Pokémon Go. O a los padres.