Los conciertos serán silenciosos

En los festivales del futuro se repartirán auriculares inalámbricos. Podrán celebrarse en museos e incorporarán arte visual. Las giras también podrán ser virtuales: solo harán falta unas gafas inteligentes

En los festivales del futuro se repartirán auriculares inalámbricos. Podrán celebrarse en museos e incorporarán arte visual. Las giras también podrán ser virtuales: solo harán falta unas gafas inteligentes

Unos años atrás, cuando Coldplay realizó un concierto en Madrid, los participantes recibimos en la entrada unas pulseras. Pasó gran parte del concierto y ya nos habíamos olvidado de la misma, cuando comenzaron a sonar los acordes de «Hurts like Heaven» y las pulseras automáticamente se iluminaron en rojos, verdes, amarillos, rosas, azules y blancos. En la oscuridad de la noche y con el movimiento de los asistentes, parecía confeti flotando en ingravidez. Conocidas como Xylobands, llevan unos LEDs y funcionan con receptores de radio frecuencia, que se pueden controlar hasta a 300 metros de distancia. Coldplay se gastó, en total, unos cinco millones de euros para llevar las Xylobands en su gira.

La tecnología está cambiando la industria de la música en vivo y lo hará más aún y en campos que ni siquiera imaginamos.

Para Jesse Kirshbaum, fundador de NUE Agency (especializada en reunir tecnología y grandes eventos musicales), las Xylobands de Coldplay son un primer paso. «Los wearables podrán usarse para generar un mapa de calor, que retrate cómo la audiencia se mueve por la música, cuándo hay picos de reacción y todo esto se puede llevar a pantallas gigantes detrás de los artistas, en lugar de poner imágenes genéricas. Para ello basta usar los acelerómetros de los móviles». De este modo será la audiencia la que produzca la escenografía.

Y es que los teléfonos móviles contribuirán en una gran proporción al cambio. La aplicación Yondr, por ejemplo, bloquea automáticamente los móviles cuando se entra en una zona «libre de teléfonos» y por ello se ha convertido en la favorita de artistas como Guns N’ Roses, Alicia Keys, The Lumineers o Dave Chapelle, entre otros.

Pero cuando se pueda usar, el espectador tiene una enorme gama de servicios a su disposición. De acuerdo con James Moody, fundador del estudio Guerrilla Suit (responsables del área creativa de numerosos festivales) «ya no solo llevaremos la entrada en el teléfono móvil o realizaremos pagos con él, también podremos encargar bebidas o alimentos para retirar más tarde y así hacer más efectivo el tiempo en el concierto. También los usaremos como repetidores de señal wifi y, finalmente, también como pequeños escenarios portátiles».

¿Qué quiere decir esto? Básicamente que los altavoces enormes y la contaminación acústica tienen los días contados. Para Gabriel Albornoz, manager del departamento profesional de Audio-Technica, «comenzaremos a experimentar conciertos silenciosos. En ellos, la audiencia seguirá la acción a través de cascos y otros sistemas inalámbricos. Así un concierto podría llevarse a cabo en un museo, por ejemplo, sin molestar a nadie».

La idea llega en un momento proverbial: esta semana, Santiago de Compostela prohibió la música en directo en los locales de la ciudad. Pero con esta tecnología, no habría problema y, lo mejor, es que no falta mucho para que llegue. Albornoz aún no puede revelar nombres, pero ya están en conversaciones con un museo para llevar a cabo un proyecto silencioso. Audio-Technica ya tiene, en este sentido, la mitad del camino recorrido de cara al futuro: por un lado, sus micrófonos son imprescindibles para artistas como Lenny Kravitz, Evanescence, Metallica, Linkin Park o Eric Clapton, por nombrar algunos. Similar características tienen sus cascos inalámbricos y si a ello se une que también están trabajando con inteligencia artificial –pregunté a Albornoz sobre la posibilidad de cascos con traducción automática y su respuesta fue: «No puedo confirmar nada... todavía»–, la posibilidad de ir a conciertos silenciosos el próximo verano, no es imposible.

Pero hay más: ¿y si un concierto ya no fuera una experiencia fundamentalmente auditiva? «No puedo dar nombres – añade Albornoz, que lleva más de dos décadas en el sector de la música profesional –, pero Audio-Technica está trabajando con varios museos muy importantes para llevar a cabo proyectos donde se incluye no solo música, sino también arte visual, escenografía y donde los espectadores participarán de forma activa. Y esto se va a hacer cada día más presente. Lo que hay que destacar es que el sonido no solo llegará con altísima calidad, sino que no molestará a otros usuarios y será el punto de partida hacia conciertos más verdes, por llamarlos de algún modo».

Y aquí entramos de lleno en una nueva tendencia. Según la revista especializada «Pollstar», los 100 conciertos más importantes del año pasado generaron unos 60 millones de basura en forma de vasos de plásticos (el equivalente a a 48.000 barriles de petróleo) y 130 millones de publicidad de papel (unos 160.000 árboles). Debido a esto hay músicos que, en lugar de pedir toallas de algodón egipcio o caramelos de un solo color (pedidos reales), han decidido demandar una política más verde. Un caso ejemplar es el de Jack Johnson. Durante su última gira, logró reducir su huella ambiental en más de un millón de kilos de CO2 y evitar el uso de 18.392 botellas de plástico.

Otro caso emblemático es el del megafestival Tomorrowland que se llevará a cabo en Barcelona a finales de julio. Desde el año pasado, su objetivo es despertar la conciencia de los 38.000 asistentes sobre los desperdicios que generan. Para ello se unieron a OVAM, la agencia de reciclaje de Flandes (Bélgica), y coordinaron diferentes estrategias. Los asistentes, por ejemplo, recibían bolsas para reciclar con diferentes colores (según el material) y las propias bolsas se convirtieron en objetos de coleccionista. Gracias a ello se redujo un 40% la basura.

Para estimular aún más esta práctica, Tomorrowland premia con entradas a próximos eventos a quienes más reciclan y tienen secciones específicas sobre responsabilidad ambiental y naturaleza en los festivales.

Un caso extremo, para bien, es el de los conciertos islandeses Secret Solstice, que en 2016 recibieron la certificación de CarbonNeutral (no producen ningún tipo de huella de CO2) al utilizar solo energía geotérmica y donar parte de las ganancias para compensar por lo generado por los asistentes y por los grupos, que viajan en avión con todo sus equipos.

«Desde luego las nuevas tecnologías traerán un impacto enorme en este sentido –nos confirma Albornoz en conversación telefónica–. Los grupos ya no llevarán grandes equipos y hasta podrían hacer sus conciertos desde cualquier lugar del mundo. Solo bastan unas gafas de realidad virtual y llegará todo un nuevo género de conciertos, por ejemplo ver a Los Beatles y a los Rolling Stones en un mismo escenario. Las giras virtuales estarán en auge, de hecho Abba hará una este año, sin moverse de Suecia. Habrá un nuevo tipo de performance y la parte visual y la auditiva serán cada vez más inmersivas».

Pero mucho más inmersivas. Tanto que la música no solo nos emocionará, sino que sabrá que lo hace y buscará hacerlo mejor. Si la banda virtual Gorillaz, fue un gran éxito, no faltará mucho para que la inteligencia artificial se convierta en una estrella de rock, o de clásico o del estilo que más nos guste.En los laboratorios Dolby, en la Universidad de Stanford, numerosos neurocientíficos, dirigidos por el profesor Poppy Crum, trabajan con sensores capaces de detectar los niveles de estrés, empatía y temperatura corporal entre otros, para saber cómo reaccionamos a la música. Este aprendizaje permite detectar qué nos gusta, cuándo y hasta por qué. Así, tu próximo concierto, puede ser uno diseñado exclusivamente para ti, respondiendo y reaccionando a tu estado de ánimo en cada momento.

Pero lo que nunca se perderá en los conciertos la emoción, solo se transformará.