Quiero dejar las redes sociales ¿Qué hago?

Si la Estrategia Nacional de Adicciones avisó ayer de que el 18% de los jóvenes está enganchado a las redes, los expertos explican hoy cómo deshabituarse a ellas

Si la Estrategia Nacional de Adicciones avisó ayer de que el 18% de los jóvenes está enganchado a las redes, los expertos explican hoy cómo deshabituarse a ellas.

Miente. Quien se haya registrado en una red social, sea Facebook, Instagram, Google Plus, Twitter, Snapchat, y asegure que no ha pasado las primeras semanas buscando conocidos, publicando noticias personales y que le llamaran la atención, miente. Lo mismo aquel que no haya escaqueado tiempo de su trabajo, su familia y sus actividades para ver qué hacía su entorno en la red social elegida. Y eso sólo si se trata de una red social. El tiempo «perdido» y la adicción ganada a medida que más y más tiempo se pasa frente a la pantalla sin duda tienen un precio. Y los usuarios son cada vez más conscientes de ello.

De acuerdo con el Estudio Anual de Redes Sociales 2017, realizado por la Asociación de Publicidad IAB Spain, un 45% de los internautas españoles ha abandonado alguna red social en el último año. Por cantidad, las más afectadas han sido Facebook, Twitter, Google+ y Snapchat.

El mismo estudio señala entre los factores la falta de tiempo, más de un 40% argumenta la falta de credibilidad de las noticias que se publican en cada una de ellas y a más de un tercio les molesta mucho que las empresas se dirijan a ellos casi personalmente, un dato que en 2016 apenas llegaba al 20%.

Estas cifras, específicas de España son muy similares en casi todos los países y a partir de los 30 años. La excepción es China, cuyo crecimiento en número de usuarios se mantiene estable.

Dos años atrás, Twitter afirmaba que su tasa de crecimiento le llevaría a agregar casi 14 millones de usuarios sólo en Estados Unidos hasta 2020. Ahora la consultora eMarketer ha corregido y actulizado los números y detalla que el aumento será de apenas 3,6 millones de usuarios.

¿Qué está ocurriendo? Si tenemos en cuenta que casi la mitad de la población global es usuaria de alguna red social, el número es muy tentador para realizar estudios sociológicos y la mayoría de ellos coinciden en un hecho: somos más felices cuando no las usamos. Así lo confirma una investigación realizada por el Happiness Research Institute (Instituto de Investigación de la Felicidad) , en la que se reconoce que aquellos que deciden dejar, voluntariamente, estas plataformas durante una semana, se encontraban de mejor humor, tenían una mayor capacidad de concentración y eran bastante más conscientes de lo que ocurría a su alrededor.

Un segundo estudio, llevado a cabo por el Pew Research Center, señala que aquellos que sólo usaban redes sociales para informarse, en lugar de diarios, radio, televisión u otras plataformas, eran más cerrados en cuanto a opiniones ajenas y se aislaban de los demás. Expertos de la Universidad de Ottawa, en Canadá, hablan de un descenso en la función cognitiva y del desarrollo de una peor salud mental. Se ha señalado también el vínculo entre el uso de redes sociales y la depresión: un estudio realizado por la Universidad Stony Brook entre más de 700 voluntarios. Otro, llevado a cabo por la Universidad de Austria (1.700 participantes), confirmó de forma muy similar los resultados anteriores.

Finalmente, un análisis de la Universidad de California sobre más de mil millones de actualizaciones en Facebook y Twitter, de unos 100 millones de usuarios a lo largo de tres años, señaló que los usuarios no sólo desarrollaban un peor estado de ánimo, sino también se incrementaba la existencia de diferentes tipos de acoso.

Al mismo tiempo también hay estudios que señalan los beneficios de dejar las redes sociales, al menos parcialmente. Aumenta la confianza personal, se reduce el mal humor en el día a día y se incrementa la capacidad de trabajo.

¿Cómo puede desengancharse de ellas entonces?

A menos que vivamos de las redes sociales, hay muchas estrategias para no estar pendientes de las mismas, al menos no a niveles tan altos que afecten nuestra vida.

Parte de la tentación de las redes sociales es su ubicuidad: están en el ordenador, en el móvil, en los periódicos... Borrar las aplicaciones de las redes en el teléfono móvil hará más difícil que podamos sentir la tentación de publicar, conocer o ver otras publicaciones en cualquier momento.

Otra opción es dejar la agenda virtual de eventos para mantener una real. Esto permitirá planificar con anticipación a dónde queremos ir y con quien... es decir, cultivar las amistades reales.

También es de gran ayuda no publicar noticias personales ni engancharse con opiniones políticas o religiosas cuando es obvio que se trata de un intercambio que no llevará a buen puerto y sólo nos dejará un mal sabor de boca. Principalmente porque es muy fácil para los «trolls» y «haters» zanjar un argumento con un insulto y es muy complejo argumentar una respuesta más o menos completa en menos de 280 caracteres, por lo tanto, la frustración está garantizada. Y también la rabia o la impotencia.

Todos ellos son factores que propician la adicción a las redes sociales y el desapego al entorno en el que normalmente nos movemos.

Pero la mejor estrategia es no contar las cosas que nos ocurren (a menos que nos salven la vida, claro) mientras nos están sucediendo, sino vivirlas y luego compartirlas.

La actualidad de nuestra vida, mal que nos pese, no es una noticia que pierde vigencia a las dos horas. Ni siquiera a los tres días. Con esta estrategia es mucho más probable que se puedan vivir más experiencias y de mejor calidad. Recientemente el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, señalaba en una entrevista que «ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose», pues eso. Las redes sociales son un medio, no un fin para la mayoría de nosotros. Y, en consecuencia, hay que usarlo como tal.