Día 1 en las zonas confinadas de Madrid: la valla psicológica ya está en marcha

Carabanchel, uno de los seis distritos de la capital con limitaciones a la movilidad desde la pasada madrugada, ha amanecido entre el despiste y las miradas de reojo

La restricción psicológica ya empezó ayer por la tarde. Domingo y muchos estaban manejando los móviles con nerviosismo para intentar contactar con sus empresas y jefes para que les enviasen un correo electrónico para ir a trabajar hoy. A las 8:30 de la mañana algunos lo tenían y otros le lanzaban a la aventura y coger el metro o alguna línea de autobús y que no les frenasen en seco. Algún conductor de la EMT miraba a los pasajeros con indiferencia, como todos los días, y refunfuñaban porque “yo si que no voy a controlar en qué parada se bajan o no”. Un hombre sale de la estación de Vistalegre con una media sonrisa como si hubiese ejecutado la travesura del día: “He ido y vuelto desde “La Latina” y nadie me ha dicho nada".

Al las nueve los comercios empiezan a levantar el cierre mientras algunos bares empiezan a ajustar turnos. Se acabó lo de librar un dia a la semana, muchos ya han acordado abrir toda la semana una hora antes para ver si pueden compensar las cenas con los desayunos. “Lo malo es que muchos piden un café que se lo solían tomar en la barra y ahora tienen que sentarse un minutos" dice un camarero. Incluso algunos comparten mesa".

Hay mucho despiste porque muchas personas no saben dónde están las líneas rojas en su propio barrio. En el mercado la conversación es un monotema: una señora se lamenta de cómo va ir a ver a su madre, “que no está enferma, pero vive sola” en Marqués de Vadillo, ¿puedo ir o no?" Otros con el colegio de sus hijos: “Está en la Avenida de los Poblados, fuera de las restricciones?, ¿Puedo recogerlos con la matriculación o me llevo el libro de Familia?”.

La Policía Municipal pasa de tanto en tanto. No miran la cara, miran la mascarilla e intentan responder a tantas dudas mientras miran de reojo a otros viandantes. Y ya de paso aumentan las leyendas urbanas. Dicen que en Oporto los bares de los números pares pueden cerrar más tarde y los impares a las 22:00 o eso dicen que le han dicho, una persona a la que a su vez también se le ha dicho.