Beltrán y Henche, por encima del ganado y de la ingratitud de Madrid

Los novilleros Fernando Beltrán y Adrián Henche, que dio una vuelta al ruedo, hicieron lo más destacado de una tarde-noche en Madrid de lo más ingrata con los de luces por la falta de sensibilidad de cuatro malos aficionados que fueron a reventarlos de principio a fin.

Cinco novillos de la Condessa de Sobral, bien presentados y de juego desigual. Sin clase y deslucido, el primero; flojito pero manejable por el izquierdo, el segundo; el tercero se dejó aún sin humillar; complicado el cuarto y sin emplearse el sexto. El quinto fue un sobrero de Mercedes Figueroa, al ser devuelto el segundo y correrse turno, sin fuerza alguna.

Fernando Beltrán, de azul noche y oro: casi entera tendida y atravesada que escupe, y cuatro descabellos (silencio tras aviso); y estocada (ovación).

Daniel Crespo, de verde oliva y oro: media tendida y caída (silencio tras aviso); y media en los costillares (silencio).

Adrián Henche, de sangre de toro y oro: pinchazo, estocada corta y nueve descabellos (ovación); y media y dos descabellos (vuelta al ruedo tras aviso).

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas del atentado terrorista del pasado jueves en Barcelona.

La plaza registró menos de un cuarto de entrada en tarde-noche calurosa.

DIERON LA CARA, PESE A QUIEN LE PESE

Una noche de lo más desagradecida con los de luces. Y no por el ganado, que tampoco ayudó lo suficiente. Lo ingrato de hoy vino por parte de unos tendidos, mayoritariamente turistas, que no supieron apreciar la tremenda voluntad que puso la terna de novilleros, a los que, por su fuera poco, algunos, los voceras y desalmados de siempre, trataron también de echarles tierra por lo alto.

No hay derecho que a Madrid, la plaza más importante del mundo, a su «entendida» afición, y valga como ironía el entrecomillado, le falte a veces esa sensibilidad y le sobre mal gusto para meterse, y mucho, con unos chavales que vienen a Las Ventas con toda la ilusión del mundo con muy pocos paseíllos a sus espaldas.

Fernando Beltrán sorteó en primer lugar un novillo berreón y rebrincado, de los desagradables para estar delante, que, además, se metía por el derecho. El valenciano, un tanto dubitativo en las primeros compases, le cogió mejor el aire por el izquierdo, por donde extrajo alguno de buen corte, pero sin poder compactarlos por la absoluta falta de clase del astado, que lo deslució todo.

El cuarto no fue tampoco el compañero de viaje ideal. Todo lo contrario. Novillo difícil, con peligro sordo por el derecho, por donde rebañaba y echaba la cara arriba. No fue mejor por el otro pitón. Beltrán dio la cara, y vaya si la dio, en una faena de esfuerzo, exposición y entrega, que no caló lo suficiente en unos tendidos demasiado fríos con él.

El primero de Daniel Crespo fue devuelto por inválido. Corrió turno el novillero portuense y echó por delante al quinto, que, aún siendo también flojo, no lució mal aire por el izquierdo, por donde Crespo le pegó algunos naturales sueltos de cierto temple y exquisita firma, mas sin alcanzar las cotas deseadas por lo poco que aportó el utrero, con el que se alargó más de la cuenta.

El quinto, sobrero de Mercedes Figueroa, fue un novillo inválido con el que Crespo quedó prácticamente inédito.

Adrián Henche apechó en primer lugar con un burraco que saltó al callejón nada más hacerse presente en el ruedo, descabalgando también al picador de turno en la primera vara y sembrando el caos durante una lidia un tanto desastrosa.

De ahí el mérito que el animal, con todo el desbarajuste que llevó, respondiera en el último tercio. No fue para tirar cohetes. le faltó empuje y humillar, pero fue suficiente para que el madrileño se mostrara fácil, resuelto y, sobre todo, muy templado en una faena de lo más animosa. No se guardó nada Henche, que cerró faena por manoletinÁs antes de echarlo todo a perder con los aceros.

El sexto tampoco acabó de emplearse lo suficiente, y Henche volvió a estar muy dispuesto a lo largo de un trasteo en el que se mostró por encima de la circunstancias, aún sin redondear tampoco.