Dávila y Escribano apañan la miurada

Cortan una oreja cada uno en la última corrida de la Feria de Abril

Dávila Miura, ayer en un natural en la última de la feria de Abril
Dávila Miura, ayer en un natural en la última de la feria de Abril

- Maestranza de Sevilla. Festejo número 4 de abono. Se lidiaron toros de Miura. 1º, de mala condición, suelta la cara y desarrolla; 2º, movilidad por la derecha aunque se acaba pronto y sin humillar; 3º, complicado; 4º, franco en los inicios, con movilidad, sin humillar y va desarrollando; 5º, franco, acude con entrega y sin desplazarse en exceso; 6º, complicado. Casi lleno en los tendidos.

- David Miura, de tabaco y oro, estocada que hace guardia, media, descabello (saludos); estocada de efecto fulminante (oreja).

- Manuel Escribano, de burdeos y oro, pinchazo, estocada (saludos); estocada caída (oreja).

- Ivan Fandiño, de vainilla y oro, estocada contraria, tres descabellos, aviso (silencio); pinchazo, estocada baja (silencio).

Miura cerraba Sevilla. O Sevilla cerraba con la miurada. Era el fin de la Feria de Abril, la segunda desde que comenzó el declive maestrante con la polémica con las figuras. Para la cita se contaba con la presencia de Eduardo Dávila Miura, que nueve años después de que se despidiera en esta misma plaza pero un doce de octubre, regresaba a Sevilla. Si es por un día, por dos o por veinte, lo sabe sólo él. El resto, rumores. El toro que abrió plaza, con el hierro de la casa, le hizo pasar un mal rato. Tenía movilidad el Miura, pero esa movilidad envenenada en la que acudía con la cara muy alta y dispuesto a soltarla a partir del tercer muletazo, ni qué decir cuando ya era el cuarto. Y el tiempo corría en contra. Minuto más a la faena, más orientado el animal. Meterle la mano y no salir cogido tenía su mérito, a pesar de que el animal tuvo el poder contenido. El cuarto le redimió de los males pasados. No sé si el cuarto o el trofeo que se llevó al matarlo de manera fulminante. Cuestión de segundos tardó en caer el burel. El animal tuvo franqueza en los primeros compases de la faena, aunque al tercer viaje ya recortaba. Sin demasiada fuerza ni poder, como la corrida al completo, pero por ahí andaba. Sacó oficio Dávila para resolver y, sobre todo, meter la mano de manera eficaz y cortar así un trofeo. El primero de la tarde. Otro más se llevó Manuel Escribano del quinto, expuso en la portagayola de recibo. La misma vida tardó el toro en salir y después en frenarse en ese primer lance. ¡Carajo qué miedo! Se lució al toro en el caballo, como a todos, y cumplieron en una cosa: la distancia a la que iban, un éxito de público, pero no apretaron después los riñones en el peto. Escribano expuso en banderillas con este quinto, que llegó a la muleta con el milagro de colocar la cara abajo, media arrancada pero con franqueza. Para tirar cohetes en estos casos. Resuelto anduvo el sevillano, aunque lo mejor llegó al natural y lástima que no siguiera por ahí. Serio y centrado se mostró con el toro y acertado con el acero. Se acabó la historia con un trofeo más. Antes, con el segundo, apuntó en banderillas encandilando al público al hacerse con el toro al acabar el tercio muy al estilo Fandi. Dos pases cambiados le pegó de salida por la espalda. Y casi casi que ahí se acabó todo, porque el toro comenzó a orientarse por uno y otro lado e imposible dejar algo más que el esfuerzo sobre el albero.

Iván Fandiño no tuvo el lote. Empezó peor la faena al tercero de lo que luego acabó. En el primer viaje se metió por dentro y luego medio engañó, pero sin grandes alardes. Una larga cambiada en el tercio fue el saludo de capa al sexto. El último toro de la Feria de Abril de esta edición. Complicado y sin acabar de definirse fue el toro y así la faena del torero de Orduña. Un año más, o menos. A Sevilla siempre se le espera.