De la fiesta, lo mejor la víspera

Ponce, López Simón y Roca Rey dan una gran tarde de toros con reses de Daniel Ruiz. Los tres toreros salieron por la puerta grande.

Ponce, López Simón y Roca Rey, a hombros en Alicante, ayer
Ponce, López Simón y Roca Rey, a hombros en Alicante, ayer

Ponce, López Simón y Roca Rey dan una gran tarde de toros con reses de Daniel Ruiz. Los tres toreros salieron por la puerta grande.

Alicante, segunda tarde de la feria de hogueras. Se lidiaron cinco toros de Daniel Ruiz y uno de La Palmosilla (6º). Desiguales de presentación pero de buen juego en conjunto. El 2º, premiado con la vuelta al ruedo. Lleno.

Enrique Ponce, de grana y oro, entera (oreja); pinchazo y estocada, aviso (oreja).

López Simón, de grosella y oro, entera contraria (dos orejas); pinchazo y estocada (oreja).

Roca Rey, de siena y oro, entera (oreja); entera (dos orejas).

No se resignó la terna a que fuese la tercera función fuese la estrella del abono y convirtieron la segunda en un verdadero acontecimiento, haciendo bueno el dicho valenciano que reza que de la fiesta siempre es lo mejor su víspera. Por problemas habidos en el reconocimiento y pesaje previos, el encierro de Daniel Ruiz tuvo que ser remendado con nuevos toros del ganadero albacetense y otro de La Palmosilla, componiendo un conjunto de muy desigual presencia pero manejable y de gran juego, permitiendo que López Simón lograse ya su derecho a salir a hombros tras cuajar a un toro de vuelta al ruedo con el que estuvo tan valiente como puesto, toreando con temple y ligazón. El feo y descarado quinto también tuvo movilidad y codicia, si bien tuvo que dosificarle el esfuerzo para no desfondarle. El madrileño jugó otra vez sus mismas cartas, valiente y solvente, para aumentar su cosecha de trofeos al firmar otra faena poderosa y de plantas quietas.

Roca Rey, que también se presentaba en esta plaza, anduvo variado con la capa y muy dispuesto en el último tercio, pese a que el astado que le correspondió en su primer turno, rebrincado y justo de fuerza, no tuvo gran alegría y le costaba mucho tomar el engaño. Pero el peruano derrochó empeño para sacar todo lo que tuvo el animal. No quiso ser el único que se fuese a pie de la plaza y pese a que el sexto tuvo más picante y complicaciones, tiró de casta para solventar los problemas del de La Palmosilla en una pelea a cara de perro que tuvo recompensa.

No se conformó Ponce ni se resignó a ser menos que sus jóvenes compañeros, cuajando una primera faena impecable, de menos a más, dando confianza a un toro que acabó entregado y al que exprimió por completo en una labor maciza, compacta y sabia. Volvió a lancear con suavidad al cuarto, del que fue tirando para dictar otra lección magistral de temple y dominio así como de pulso y técnica, sin aburrirse nunca de estar ante la cara del toro.