Toros

De mansos y sensibilidad

Aquerenciada y reservona corrida de Dolores Aguirre; sin opciones para una terna dispuesta, comprendida por Madrid

Gómez del Pilar, de rodillas, espera al tercero de Dolores Aguirre, que se desentendió / Cristina Bejarano
Gómez del Pilar, de rodillas, espera al tercero de Dolores Aguirre, que se desentendió / Cristina Bejarano

Las Ventas (Madrid). Vigésima de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de la ganadería de Dolores Aguirr, bien presentados y muy serios. Hondos y con cuajo, varios ofensivos y de tremenda arboladura. Sin fijeza, todos mansearon y buscaron descaradamente la querencia. Reservones y con peligro, fue imposible ligarles más de dos pases. La excepción fue el 1º, áspero y rebrincado, reponiendo, había que poderle por bajo. Menos de tres cuartos de entrada.

Rubén Pinar, de azul eléctrico y oro, dos pinchazos, estocada contraria (saludos); metisaca, bajonazo (silencio).

José Carlos Venegas, de verde hoja y oro, bajonazo (silencio); estocada (saludos).

Gómez del pilar, de verde bandera y oro, bajonazo (saludos); tras echarse varias veces el toro, descabello (silencio).

Eran casi las nueve y media de la noche. Hora anticierres de periódico. La encrucijada diaria. Cuando a «Bilbatero», sexto -cetáceo de tremenda alzada y seriedad- de Dolores Aguirre, le dio por hacer caso omiso a Gómez del Pilar y huir por enésima vez. Esta vez no solo buscó la querencia. Fue más allá. En la misma bocana de toriles, se echó. Una. Dos. Tres veces. Afligido. Cantando la misma gallina que sus hermanos -a excepción del áspero primero- en una corrida para quitarle la afición, que tuvo -ayer sí- esa sensibilidad que otras tardes le falta, al más pintado. Por ejemplo, a un Gómez del Pilar que, como siempre, volvió a dar la cara en Madrid. Mejor o peor, pero con la verdad por delante. A portagayola en ambos. Aunque sólo le pegó la larga cambiada a este último. Esa eterna vereda de miedos había recorrido ya en el tercero hasta hincar ambas rodillas frente al portón de chiqueros. De ahí, salió «Carafea», familia con solera en esta vacada. No hizo honor a tal rango este salpicado. Alto y de enorme alzada, ofensivo, enseñando las palas. Ni miró siquiera al torero y salió barbeando por los tendidos del -este año anhelado- «sol». Manso de libro complicó lo indecible el tercio de varas hasta que, con cuatro «picotazos» porque no había manera de retenerlo, se cambió el tercio de manera sorprendente. Crudo el toro, siguió sin parar quieto, manseando a su aire por toda la plaza. Gómez del Pilar se fajó con él en un comienzo añejo e inteligente por toreros doblones. Pudiendo al toro. Comprendido por el tendido, que lo aplaudió. Pero, seguía con todo su ímpetu el de sangre «Atanasio», huyendo y pegando arreones al alimón. Digno y con estoica tenacidad el toledano, lo probó por ambos pitones. Porfió tratando de arañar algo que cambie su situación, angosta en contratos, pero delante había una alhaja. Dio la cara. Hábil con el acero para quitárselo de encima pronto. Saludos.

Había roto plaza un animal hondo y con cuajo, aunque le entraban aún más de sus 604 kilos, que abría la cara, bastote de hechuras, que cumplió en varas -dos buenas varas de Daniel López- y cortó en banderillas. Pinar planteó el trasteo en los medios. Allí, el de Dolores tomó los engaños reponiendo y algo rebrincado. El manchego, a base de provocarle la embestida y consentirlo, consiguió domeñarlo. Faena de torero capaz. Hubo dos tandas en redondo en las que consiguió ligar y llegar al tendido que, sin embargo, no llegó a valorar su enorme mérito con un burel muy áspero. Aplomo a raudales. Un pase del desdén, de cartel, saliendo con torería de la cara del toro. Pese a los dos pinchazos antes de la estocada, saludó una ovación. El huesudo y feo de hechuras cuarto fue una quimera. Amplísimo de cuna, inabarcable en la muleta tanto por su arboladura como por su volumen (640 kilos). Tras dejarse pegar en el peto, se aquerenció en banderillas y ya no hubo manera de fijarlo. Ni tres le pudo ligar Pinar. Desquiciante. Cuando no se volvió al revés, huía a la otra punta de la plaza y, si no era una de esas dos... Soltaba un «gañafón» con los dos puñales que lucía. El manchego, contrariado, abrevió.

Salpicado girón, pelaje clásico en Dehesa Frías, el segundo, con caja, más estrecho de sienes y bien armado, fue toro reservón. Muy desentendido, se dejó pegar en el peto y esperó muchísimo a la cuadrilla de Venegas. Pasaron un mal rato. Midió mucho y esperó una barbaridad, obligando a llegarle mucho. De una en una, se pasó el trago. Venegas se los sacó más allá de las dos rayas y buscó suavizar su violenta embestida, siempre a arreones, apretando mucho para la querencia. Sin embargo, no hubo manera de dar estructura a la faena e incluso el de Dolores Aguirre estuvo a punto de arrollarlo en varias ocasiones. La estocada, muy baja, resultó eficaz. El quinto fue otro «prenda» de cuidado. Se emplazó en los medios y no tuvo un pase hasta que Gómez del Pilar, valiente toda la tarde, le robó tres chicuelinas y una revolera que supieron a bálsamo en pleno viacrucis. Se frenaba en seco el «cabroncete». Despavorido al sentir la puya. Adalid, por sus fueros en Madrid, expuso en dos grandes para desmonterarse. La faena, otra utopía, sin opción Venegas -certero de nuevo con la tizona- de ligar, ya no una tanda, sino dos muletazos. Desesperante. De abrirse las venas. Qué lejos de la corrida del año pasado. Qué lejos también de aquella novillada de preferia.