«El aficionado quiere ver a toreros jóvenes junto a las figuras»

Jóvenes y triunfadores de esta temporada, tres matadores de toros con futuro analizan el pasado inmediato con la recién finalizada Feria de San Isidro como telón de fondo

De izquierda a derecha, Javier Peña, Antonio Nazaré, Sonia González, Arturo Saldívar, Arrate Oromí, Alberto Aguilar, Ismael del Prado y Rafael González
De izquierda a derecha, Javier Peña, Antonio Nazaré, Sonia González, Arturo Saldívar, Arrate Oromí, Alberto Aguilar, Ismael del Prado y Rafael González

Jóvenes y triunfadores de esta temporada, tres matadores de toros con futuro analizan el pasado inmediato con la recién finalizada Feria de San Isidro como telón de fondo

Tres toreros, tres, hicieron ayer el paseíllo en el Club Financiero Génova para participar en la última tertulia taurina de LA RAZÓN. Alberto Aguilar, Antonio Nazaré y Arturo Saldívar. Una terna joven, con ambición y sed de triunfo, que sabe lo que es el rugido de Las Ventas. Pero, como sucede en el ruedo, no estuvieron solos ante el compromiso. El banderillero Rafael González, de la cuadrilla de Aguilar, lidió algunos de los temas abordados por su matador y Javier Peña, mozo de espadas de Nazaré, estuvo pendiente de que a su torero no le faltara ningún avío. Asimismo, el toque femenino a la tertulia lo puso Sonia González, hija del maestro albaceteño Dámaso González, periodista y aficionada ejemplar, comisaria de la exposición «Entre el miedo y algodones» que acoge la sala Antonio Bienvenida de Las Ventas. Como moderador ejerció Ismael del Prado, de la sección de Toros de LA RAZÓN.

Primer tercio, el paso por Las Ventas de cada uno. «Este San Isidro ha sido el que me ha puesto a funcionar», aseguró Alberto Aguilar. «Pesa hacer el paseíllo cuatro tardes en Madrid, pero es bonito», remató. El madrileño sigue soñando con la Puerta Grande de Las Ventas. La tuvo, pero se la quitó una decisión presidencial que se impuso a la petición mayoritaria. «Cuando el toro se echó y vi los pañuelos, pensé: ''Ya está'', pero luego al ver que no me la dieron...», recuerda el madrileño. «Si los presidentes supieran lo que pasan los toreros antes de actuar en Madrid, que tienen hasta fiebres, que no duermen..., tendrían más cuidado a la hora de denegar orejas», agregó Sonia González.

Como en la plaza, intervinieron, al principio, por orden de antigüedad. «Mi primer toro de Los Bayones embestía bien al principio, en el embroque; pero al final, pegaba un derrote molesto», explicó Antonio Nazaré, quien saludó una fuerte y merecida ovación tras la muerte del tercero el 10 de mayo. Hablan de su mano izquierda, pero el sevillano mostró ese día su poder con la diestra. Y con la misma frescura y arrojo que enseñó en Las Ventas el pasado 28 de mayo, intervino el mexicano Arturo Saldívar: «Me tocó uno bueno y la faena tuvo mucha chispa; además, intenté ver siempre las virtudes al toro y realicé una faena explosiva, intensa». Una labor en la que demostró «inteligencia e ideas claras». El resultado, la oreja.

Los tres dejaron huella en Madrid. En el toro, la suerte juega un papel importante pero, a veces, hay que buscarla. Y los toreros la persiguen con su preparación diaria y en el campo. Saben qué se siente cuando una utrera de Victorino les quita el aire al no parar de embestir y de buscar la presa y que una de Cuadri enseñe las puntas antes de arrancarse. Mérito tiene su lucha. Y mucho. «No hay comparación posible entre lidiar toros de las ganaderías llamadas ''duras'' con las demás; y lo peor es que algunos, por desgracia, tienen que estar encasillados en este tipo de corridas», sentenció Sonia González. Ellos lo saben porque dan la cara ante todo tipo de embestida, pero entrar en la élite del toreo es complicado: «Mi padre no preguntaba por quién estaba compuesto el cartel; toreaba y punto», recordó Sonia. «Las figuras deben asumir su responsabilidad», agregó el banderillero Rafael González, «porque el que pierde, al final, es el aficionado».

«El público quiere ver nuevos carteles, es decir, figuras del toreo acarteladas con los que están pisando fuerte; esto es lo que se pide», reclamó la hija de Dámaso. Pero no es fácil. Cortan orejas en plazas importantes y lo único que consiguen es que, al menos, las empresas «cojan el teléfono y dejen hablar», reconocieron Nazaré y Saldívar. Pero no se rinden. Alberto Aguilar esta temporada toreará un número considerable de festejos, pero estuvo en la incertidumbre, como sus compañeros, de la falta de contratos. «Las peores cornadas se reciben fuera del ruedo, decía mi padre», sostuvo Sonia, citando a Dámaso.

Pero en el ruedo llegan las heridas físicas, aquellas que «si sabes por qué han sido, las superas», matizó Saldívar, que comparte apoderado con Sergio Flores, herido el jueves en Las Ventas, día de su confirmación. A pesar de llevar quince centímetros en el muslo, se sobrepuso y acabó con su oponente. «Eso se consigue con orgullo, ganas, amor propio... El toreo se ha caracterizado por eso y, aunque parezca que no, las cornadas duelen», explicó Alberto Aguilar, que sabe bien de qué habla. Al respecto, Arturo Saldívar comentó que en México tienen «cubierta la Seguridad Social por la misma plaza Monumental durante las primeras 48 horas tras la cogida». «Después, pagamos todas las tardes unos 1.500 pesos (que equivalen a unos 50 euros) a la Asociación de Matadores azteca y ella se encarga de cubrir el resto de días que el diestro requiera de hospitalización», aclaró. Información que forma parte de la internacionalidad del toreo, que aporta formas nuevas de ver, sentir e incluso de gestionar el toreo.

Al otro lado del charco, contó el mexicano que también sufren en su país las corrientes antitaurinas. Sin embargo, en el estado azteca «usan argumentos ecologistas y naturalistas para prohibir los toros; no existen esos tintes políticos como aquí en España en el caso de Barcelona, por ejemplo», explicó Saldívar.

Padres de familia

Un matador de toros, aunque lo desee, no está sólo pendiente de torear, sino que controla muchos asuntos más. Son personas como cualquier otra, que tienen su familia y su gente, a los que dejan para vivir una pasión y poder cumplir un sueño. Alberto Aguilar y Antonio Nazaré son papás y Sonia González es hija de torero. Los dos prismas. Los que van y los que esperan en casa. «No puedo admirar a nadie más que a mi padre; para mí, él es el más grande, un héroe, con el que llegas a compartir, incluso, sus miedos e insomnio», aseguró Sonia González desde el papel de hija. Mientras que Nazaré y Aguilar, como padres, detallaron los mimos que reciben sus respectivos hijos. «Lo que quiero, antes de irme a torear, es llevarme un buen recuerdo de mi hijo y evito que mi mujer le castigue para no verle llorar antes de partir», explicó el sevillano. El madrileño, por su parte, aseguró que, cuando llega a casa, lo que desea «es paz». «Quiero olvidarme del mundo, besar a mis hijas y disfrutar de ellas; mi familia es lo más grande que hay después del toreo», confesó.

El miedo del hijo y los mimos del padre, «eso es lo que transmite la exposición de Las Ventas», explicó la flamante comisaria de «Entre el miedo y algodones», que muestra «los sentimientos más profundos a través de fotos muy personales, textos emotivos y objetos de un valor sentimental incalculable». Una muestra de emociones que, debido a la cantidad de asistentes diarios, la Comunidad y la propia plaza planean ampliar hasta el 23 de junio. Porque las sensaciones cotidianas de los héroes del siglo XXI llaman la atención. «Los tres representáis la afición, el sacrificio y el valor sin medida por conseguir un sueño», declaró la hija de un grande, que hizo lo propio para lograr ser figura del toreo.

En general, toreros. Personas capaces de soportar los males físicos del toro, y los anímicos del sistema. «Pero al final lo que tira del carro es la afición», afirmó Nazaré. Además, deben ser capaces de «mirar siempre hacia delante y tener la mente despejada, porque así luego se refleja en el ruedo», comentó el torero de plata Rafael González. En un redondel donde nunca se sabe qué va a suceder. El misterio de una tarde de toros. «En diez minutos surge la magia y te cambia la vida, por eso es tan bonito el toreo», reconoció Aguilar. Y agregó: «Una vez me dijo El Fundi: ''No te preocupes, aquí el que resiste es el que gana''». Ellos resisten y ganarán. Porque el toreo «es una profesión que marca», sentenció la hija del diestro manchego. Los que viven del toro poseen un «toque especial». «Bendito toque», finalizó Aguilar antes de partir al campo. A entrenar. A seguir en la lucha, porque los grandes, como los que se juegan la vida en las plazas, no ven el límite de su preparación ni de sus posibilidades. Con sus valores esenciales. Dentro y fuera del ruedo.