El pirata vuelve a Pamplona

«En esta profesión se siente de verdad, se sufre de verdad y se muere de verdad», afirma Padilla

Juan José Padilla, en el pasado San Fermín, dio la vuelta al ruedo con la bandera pirata en mano
Juan José Padilla, en el pasado San Fermín, dio la vuelta al ruedo con la bandera pirata en mano

Pamplona, su feudo, su casa, se vistió de pirata hace un año para recibirle y, desde entonces, ésa es su seña de identidad. Su #fuerzapadilla en la vuelta a los ruedos. «Me encuentro a la gente con parches en los ojos y banderas de pirata en todas partes del mundo, es una manera de decir que se puede, se puede salir adelante y superar todo». Juan José Padilla vuelve a torear en San Fermín y lo hace dos tardes. El próximo 12 con El Juli y Jiménez Fortes ante toros de El Pilar y, al día siguiente, con Perera y Fandiño, ante reses de Fuente Ymbro.

-Pamplona fue su plaza mucho antes de esa cogida en Zaragoza que ha marcado su carrera.

-Me lanzó en el 99 a todas las ferias. Me dio la oportunidad de vivir lo que soñé y conocer el corazón de los pamploneses.

-Y una cornada en el cuello que ya le puso en el filo de la navaja.

-Fue muy dura. Me tocó la tráquea, el esófago y me pudo ocasionar graves consecuencias. Pero me creó unos lazos importantes con esta ciudad.

-Si ponerse delante de un toro ya es difícil con los dos ojos, ¿cómo se maneja el tema de la perspectiva con uno?

-Tiene sus riesgos, pero me he acostumbrado. No lo haría si no me viera capaz. Es difícil pero no imposible.

-No nos damos cuenta porque sigue el transcurso de la temporada, pero se sigue sometiendo a distintas operaciones del ojo y el oído.

-Sí, y estoy feliz porque he mejorado mucho con las operaciones del oído, del nervio facial, las placas y los tornillos de la mandíbula. He evolucionado mucho en la simetría de la boca, en poder masticar... Todavía queda, pero la evolución está siendo fantástica.

-¿Y no le dan ganas de quedarse en casa tranquilo a disfrutar de lo conseguido?

-Nunca me he planteado descansar. Estoy orgulloso y agradecido de esta etapa. Siempre he soñado vivir una temporada como la de ahora. Quiero aprovecharlo. El sufrimiento es parte de la gloria y para mí, la recompensa sigue siendo seguir vistiéndome de torero.

-¿Qué hubiera sido de Juan José si no hubiera existido el reto de volver a los ruedos?

-Hubiera sido muy triste. Si hubiera hecho caso a mis padres o algunos amigos que, con su mejor intención, venían a mi casa a decirme que descansara, que me recuperara hasta estar al cien por cien, que me olvidara de torear, que me dedicara a mi familia... Ese sufrimiento hubiera sido insoportable. Ver pasar la temporada en casa sin hacer nada hubiera acabado conmigo.

-Fue el torero de la revolución de twitter sin tener perfil en la red social.

-Sí, es curioso. Ni tengo twitter ni facebook ni nada... Pero fue alucinante lo que ocurrió. Aquel #fuerzapadilla de Álvaro Duque hizo que hasta Feliciano López lo escribiera en Shangai. No tengo palabras de agradecimiento y todavía hoy me sorprendo de cómo se comporta la gente conmigo.

-¿Un torero está preparado para todo tipo de percances?

-Para este tipo de percances nunca se está preparado. Uno no está preparado para que Dios te dé las llaves del cielo y te mande para abajo de nuevo.

-¿Cómo gestiona el miedo después de una experiencia así?

-El miedo siempre va con uno y se intenta disimular al máximo, forma parte de este rito. Hay que sentirlo porque así se escribe la historia del toreo.

-Después habrá que hacer algo con ese miedo.

-Superarlo, sobreponerte, crear, sorprender...

-¿Se llega a echar de menos?

-Cuando me planteaba cumplir con una vida rutinaria normal, llevando a mis niños al cole y acompañando a mi mujer al mercado, me preocupaba no tener la sensación de miedo, no angustiarme por verme anunciado en Valencia, en Madrid o en Pamplona.

-¿El miedo está en la cabeza?

-Sí, por eso aunque te lleve a lo negativo, al fracaso, al viento, a la cornada, hay que intentar reconducirlo a lo positivo.

-Y luego llega la hora de la verdad.

-Esta profesión se siente de verdad, se sufre de verdad y se muere de verdad.

-¿Le merece la pena haber pasado por todo esto?

-Llevo 20 años en la profesión y sigo con la misma ilusión. Si volviera a nacer volvería a ser torero, a pesar de todo. Los premios superan al dolor.

-Y si su hijo quisiera ser torero.

-Tendría que ser muy honesto y disciplinado. No se lo quitaría de la cabeza pero tampoco me gustaría. Por ahora me está dando la alegría de no coger la muleta, aunque ya me dice Manzanares que no me confíe, que él le decía lo mismo a su padre y mira...